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Hubo una época en la que se puso de moda en el cine poner a la humanidad en peligro, un tiempo en el que hacer crecer a los animales hasta convertirlos en monstruos fue una forma fácil y rápida de hacer una película, explotando los miedos de una sociedad que vivía atenazada por la Guerra Fría y la amenaza de una inminente guerra nuclear. La década de los cincuenta del siglo pasado impulsó numerosas películas de bajo presupuesto, pequeñas obras maestras para sesiones dobles, modestas de medios, a veces en blanco y negro, con unos rudimentarios pero eficaces efectos especiales, intérpretes de segunda división, protagonizadas por insectos y animales gigantes que aterrorizaban a los espectadores: arácnidos («¡Tarantula!«), pulpos («Surgió del fondo del mar»), moscas («La mosca«), mantis religiosa («The deadly mantis»), cangrejos («El ataque de los cangrejos gigantes»), avispas («Monster of the green hell») o hormigas («La humanidad en peligro«). ¡Incluso dinosaurios («El monstruo de los tiempos remotos»)! Son las ‘monster movies‘. Las películas de monstruos.
Es evidente que el gigantesco dinosaurio mutante llamado Godzilla, la más famosa de las ‘monster movies‘, debe mucho a «El monstruo de los tiempos remotos» («The beast from 20,000 fathoms«), y hay que aclarar las fechas desde el principio para no confundir: el kaijū de «El monstruo de los tiempos remotos» es de 1953 y «Godzilla» llegó después, en 1954. Ambas, menos de diez años después de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.
La película, basada en el relato «The beast from 20,000 fathoms» de Ray Bradbury publicada en el Saturday Evening Post en 1951 (que el autor retituló más adelante como «The Fog Horn«), dirigida por el francés Eugène Lourié, conocido por sus colaboraciones con Jean Renoir y Charles Chaplin como director artístico, y protagonizada por Paul Christian, Paula Raymond, Cecil Kellaway y Kenneth Tobey, entre otros, nos contaba como, tras un experimento nuclear en el Círculo Polar Ártico, un deshielo provoca la vuelta a la vida de un feroz dinosaurio del Mesozoico que ha estado encerrado en el hielo durante 100 millones de años y que se desplazará hasta lo EE.UU., hasta Manhattan, para sembrar el pánico entre la población.
«El monstruo de los tiempos remotos» es un clásico de las películas de monstruos de los cincuenta y contó con el mítico Ray Harryhausen para dar vida al monstruo con mucha imaginación y medios escasos. Y es que cuando hablamos de efectos especiales tradicionales y stop-motion el primer nombre que se nos viene a la cabeza no puede ser otro que el de Ray Harryhausen, discípulo de Willis O’Brien (que nos maravilló con la técnica en los años veinte y treinta, demostrando las infinitas posibilidades en «King Kong«) y responsable de las increíbles criaturas de varias de las mejores películas de fantasía de la historia del cine como «El monstruo de los tiempos remotos«, «Fúria de Titanes«, «Hace un millón de años«, «Jason y los Argonautas» o «El viaje fantástico de Simbad«.
La película fue un éxito de taquilla: a partir un presupuesto de 200.000 dólares, recaudó más de cinco millones. Y quedaba abierta la puerta a la oleada de ‘monster movies‘ que iban a llegar a partir de entonces.
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Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…