linea_separadora

Hubo una época en la que se puso de moda en el cine poner a la humanidad en peligro, un tiempo en el que hacer crecer a los animales hasta convertirlos en monstruos fue una forma fácil y rápida de hacer una película, explotando los miedos de una sociedad que vivía atenazada por la Guerra Fría y la amenaza de una inminente guerra nuclear. La década de los cincuenta del siglo pasado impulsó numerosas películas de bajo presupuesto, pequeñas obras maestras para sesiones dobles, modestas de medios, a veces en blanco y negro, con unos rudimentarios pero eficaces efectos especiales, intérpretes de segunda división, protagonizadas por insectos y animales gigantes que aterrorizaban a los espectadores: arácnidos (“¡Tarantula!“), dinosaurios (“El monstruo de los tiempos remotos“), pulpos (“Surgió del fondo del mar“), moscas (“La mosca“), mantis religiosa (“The deadly mantis“), cangrejos (“El ataque de los cangrejos gigantes“), avispas (“Monster of the green hell“) o hormigas (“La humanidad en peligro“). Son las ‘monster movies‘, y todas ellas deben pleitesía al gigantesco dinosaurio mutante llamado Godzilla, desde su primera aparición en 1954 (menos de diez años después de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki).

La humanidad en peligro” (“Them!“), dirigida por Gordon Douglas, basada en una historia original de George Worthing Yates, e interpretada por James Whitmore, Edmund Gwenn, Joan Weldon, James Arness, Onslow Stevens, Chris Drake y un joven Leonard Nimoy en uno de sus primeros papeles aunque no aparece acreditado, entre otros, explotaba ese miedo a las armas nucleares y al fin del mundo al que los Estados Unidos y la Unión Soviética nos acercaron hasta el mismo borde. En esta ocasión la historia nos explicaba como un policía investigaba unas extrañas desapariciones en el desierto de Nuevo Mexico. Detrás del misterio se encuentran las pruebas atómicas que se llevaron a cabo en ese desierto diez años atrás que ha provocado terribles mutaciones a las hormigas del lugar, que han crecido hasta convertirse en monstruos gigantes. Su tamaño y su organización se convierten en una amenaza clara e inminente para el futuro de la humanidad cuando los insectos llegan hasta la misma ciudad de Los Ángeles.

Rodada en blanco y negro, en lugar de en 3D y Technicolor como estaba previsto en principio, “La humanidad en peligro” supo jugar bien con sus limitaciones de medios que antes hemos mencionado. Las hormigas, por ejemplo, que tenían que ser las protagonistas de la función se reducían a un único modelo mecánico a tamaño natural y unas pocas marionetas, y nada de animación fotograma a fotograma. Muy entrañable y poco aterrador para el espectador del siglo XXI pero toda una experiencia para el del siglo pasado. Además los insectos no aparecían hasta casi la mitad de la película, contribuyendo así a crear una intensa atmósfera de tensión, de amenaza oculta pero inminente, de un mal terrible que acecha entre las sombras. Algunos han querido ver en estas hormigas una metáfora de la amenaza soviética, pero es una teoría muy cogida con pinzas.

Cuando el hombre entró en la era atómica, abrió la puerta a un nuevo mundo. Lo que allí acabemos encontrando, nadie lo puede predecir“, dice uno de los personajes durante la película, un mensaje mucho más aterrador que las mismísimas hormigas gigantes, en unos años en los que el mundo entero vivía sumergidos en una paz frágil y tensa bajo la amenazante sombra del hongo atómico.

linea_separadora