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A finales de los años cincuenta el mundo vivía permanentemente asustado. El miedo a los avances tecnológicos, la Guerra Fría entre americanos y soviéticos o la caza la brujas del senador republicano Joseph R. McCarthy tenía a los norteamericanos en alerta constante, temerosos ante la amenaza de su extinción. La explosión de las dos bombas nucleares en Japón al final de la Segunda Guerra Mundial había despertado el escepticismo ante el progreso científico en la sociedad y convirtió a los científicos, hasta entonces adalides de la evolución humana y de la luz en la oscuridad, en un peligro para la humanidad. Además el senador republicano Joseph R. McCarthy había puesto a la comunidad intelectual norteamericana en el punto de mira, cosa que convirtió a cualquier vecino, compañero o amigo en sospechoso potencial y enemigo de la nación. Fueron tiempos oscuros, en los que la ciencia-ficción exploró su particular visión del momento con novelas (pulp) y películas (de serie B) en los que el extrañas criaturas mutadas por el efecto de la radiación («La humanidad en peligro«, «Tarántula«, «Surgió del fondo del mar«, «Godzilla«, «El increíble hombre menguante«,…) o científicos demasiado ambiciosos («La mosca«, «El experimento del dr. Quatermass«, «El hombre que podía engañar a la muerte«,…) ponían en riesgo a la humanidad entera. El contexto histórico, político y social impulsó a la ciencia-ficción a su Edad de Oro y autores brillantes como Isaac Asimov, Ray Bradbury o Arthur C. Clarke hicieron el resto.
Dirigida por Kurt Neumann, y protagonizada por Charles Herbert, David Hedison, Herbert Marshall, Kathleen Freeman, Patricia Owens y el inolvidable Vincent Price, «La mosca» es una adaptación cinematográfica de un relato del escritor inglés de origen francés George Langelaan publicado por la revista «Playboy» en el mes de junio de 1957. En ella nos contaban como el científico Andre Delambre moría asesinado por su esposa Helene, que lo había aplastado con una prensa hidráulica. El crimen, pese a la confesión de la esposa, era particularmente extraño y el inspector encargado del caso proseguía con la investigación para esclarecerlo. El resultado de sus pesquisas desvelará como el imprudente científico había experimentado sobre sí mismo una máquina que teletransportaba materia con terrible resultado, pues una mosca común se había colado por accidente y había provocado que los átomos del hombre y el insecto se mezclaran.
En 1986 el director David Cronenberg hizo su propia versión de «La mosca«, con la atmósfera enfermiza y desosegante habitual de su particular filmografía, consiguiendo una obra notable y uno de los títulos más destacados del género durante los años ochenta, aunque no alcanzó el nivel de la versión de Kurt Neumann. Curiosamente es la cinta del prolífico director canadiense con la que más dinero ha recaudado en la taquilla mundial: más de 60 millones de dólares.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja