La fascinación occidental por Japón es un fenómeno cultural que se remonta a más de un siglo. Cuando el archipiélago comenzó a abrirse al mundo a mediados del siglo XIX, su estética, su filosofía y su historia despertaron un interés que pronto impregnó las artes europeas. Pintores, escritores y cineastas encontraron en aquel universo una fuente inagotable de inspiración. Entre todos los elementos de la tradición japonesa, pocos resultaron tan sugestivos como la figura del samurái: guerreros sometidos al código del bushidō, protagonistas de siglos de conflictos feudales y convertidos con el tiempo en un símbolo universal de honor y disciplina.
En un Japón devastado por la «Tercera Crisis Humana», Hiro y su padre huyen a través del bosque, perseguidos por el ejército. De repente, se topan con un Yojimbot, un antiguo robot samurái, que reacciona según las instrucciones de su programa: salvar vidas humanas en peligro. Así comienza una persecución trepidante, plagada de peligros.
El cine japonés ayudó decisivamente a consolidar ese imaginario del samurái en Occidente. Las películas de Akira Kurosawa, especialmente «Los siete samurais«, «Ran» o «Yojimbo«, de la cual el cómic de Sylvain Repos toma el título, definieron una iconografía narrativa que acabaría influyendo en todo tipo de géneros. No es casual que muchos westerns, películas de aventuras o incluso aventuras espaciales hayan heredado la estructura dramática de aquellos relatos de samuráis y ronins solitarios y aldeas amenazadas.
El cómic no ha sido ajeno a esta idea, y también ha dialogado con esa tradición. Obras como «Lobo solitario y su cachorro» de Kazuo Koike y Goseki Kojima llevaron el mito del ronin errante a un nivel de violencia, lirismo y profundidad psicológica difícilmente igualable. En los EE.UU., el hawaiano de origen japonés Stan Sakai reinterpretó el Japón feudal en clave personal con Usagi Yojimbo, donde un conejo samurái protagonizaba aventuras inspiradas tanto en la historia real como en el cine clásico japonés. Estas obras comparten una misma esencia: el viaje del guerrero solitario y la defensa de un código moral que trasciende épocas y fronteras.
A esta senda se suma «Yojimbot«, el cómic del autor francés Sylvain Repos, con el color de Noiry, publicado por Editions Dargaud en francés y por Nuevo Nueve en castellano. El primer volumen, «Silencio metálico«, apareció originalmente en Francia en 2021 y supuso el debut de un autor que sorprendió en su país de origen, y a nosotros nos ha sorprendido, no solo por su espectacular apartado visual, con un dibujo excelente, sino también por la originalidad de su propuesta: trasladar el imaginario del samurái a un escenario futurista, en este caso una distopía postapocalíptica, dominado por robots.
La historia de «Yojimbot» nos sitúa en Japón en el año 2241. Tras una catástrofe inconcreta, la superficie de la Tierra se ha vuelto prácticamente inhabitable. Los humanos apenas sobreviven en enclaves aislados, mientras que las ruinas del antiguo mundo están pobladas por robots que continúan ejecutando las tareas para las que fueron diseñados. Entre ellos se encuentra la unidad 063, un Yojimbot: un robot programado para desempeñar el papel de samurái en un parque temático dedicado a recrear el Japón feudal. Durante una de sus rutinas, el robot encuentra a Hiro, un niño que huye junto a su padre de un grupo armado. A partir de ese encuentro fortuito se desencadena una persecución que llevará al Yojimbot a cumplir literalmente su programación: proteger al humano que ha solicitado su ayuda. El lector pronto descubrirá que la supervivencia del niño podría tener implicaciones mucho mayores para el futuro de la humanidad, aunque los robots que se irán uniendo a su grupo, de camino a la torre 4 donde les espera un misterioso aliado, apenas son conscientes de ello.
En «Yojimbot» nos encontramos una combinación muy interesante de elementos distintos. A saber: samuráis, robots y ambientación post-apocalíptica. Así, por un lado, nos encontramos la estructura clásica del relato de samuráis, con el guerrero solitario que protege a un inocente mientras se enfrenta a enemigos cada vez más poderosos. Por otro, la ambientación futurista introduce elementos propios de la ciencia ficción postapocalíptica y la figura de los robots. El resultado final recuerda tanto al cine japonés de samurais que hemos mencionado al principio como a universos distópicos donde las máquinas han heredado la Tierra o como humanos intentando sobrevivir en un entorno hostil tras la caída de la civilización.
Las referencias que uno puede encontrar en esta obra son numerosas. El vínculo entre el robot protector y el niño remite inevitablemente a la relación entre Ogami Itto y su hijo Daigoro en «Lobo solitario y su cachorro«. También puede evocar al viaje del Mandaloriano y Grogu en la serie «The Mandalorian«, o el padre y el hijo de «La carretera» de Cormac McCarthy. Incluso a algunas películas del cine de animación japonés donde un protector improbable acompaña a un personaje vulnerable. Al mismo tiempo, la idea de los robots que representan papeles y rituales humanos recuerda a relatos de ciencia ficción como «Blade Runner«, «Yo, Robot» o «Ghost in the Shell«. Aquí, sin embargo, reconozco que la inspiración es algo forzada y cogida con pinzas. En resumen, el cómic de Sylvain Repos tiene parte de su encanto en este mestizaje cultural, la hibridación de géneros e ideas, e incluso códigos: hay algo de BD francobelga y también de manga japonés.
El autor de «Yojimbot» es Sylvain Repos, un artista que había trabajado principalmente como ilustrador y diseñador gráfico, participando en proyectos de animación y arte conceptual. Este es su primer álbum como autor completo, y se puede percibir claramente su influencia en el lenguaje del storyboard y por la estética del anime. Su trabajo aquí es excelente, y destacamos sobretodo el diseño de los personajes, los humanos pero, sobretodo, los robots. Variados y expresivos, dotados de personalidad pese a la rigidez del metal del que están fabricados, desde pequeños autómatas domésticos hasta gigantescos guerreros mecanizados. También la riqueza de los escenarios por los que Hiro, 063 y el resto de los robots deambulan. Sin olvidar el color de Noiry, que dota al conjunto de una personalidad muy marcada.
Pero «Yojimbot: Silencio metálico» no se limita a ofrecer un gran espectáculo visual, que también. El título del volumen no es casual: buena parte de la narración se apoya en el silencio, en miradas, gestos y movimientos. En un mundo donde la comunicación es escasa porqué los robots no pueden hablar, la historia avanza a través de la imagen. Esa economía de palabras refuerza la sensación de soledad que envuelve al protagonista, Hiro, que lucha por comunicarse con sus amigos robots. Además, el ritmo vertiginoso, con persecuciones y combates constantes, escenas de lucha rápidas y fluidas, mantienen la tensión y la atención del lector durante todo el volumen y minimizan la necesidad de texto para explicar todo lo que sucede.
«Yojimbot: Silencio metálico» es la primera entrega de una serie y, por lo tanto, deja todavía muchas incógnitas sin resolver. En Francia ya cuentan con tres entregas más («Nuits de rouille«, «Neige d’acier» y «Flammes de carbone«), que estamos seguros que ampliarán este maravilloso universo que nos ha presentado Sylvain Repos y profundizará en la búsqueda de Hiro y en las fuerzas que intentan capturarlo. Sobretodo el misterioso villano envuelto en cables, pantallas y tubos. Y, por supuesto, en el carismático protector robótico Sheru que, en un mundo donde la humanidad parece haber desaparecido, mantiene vivo el espíritu del samurái. Al final del tiempo, cuando los hombres hayamos olvidado los códigos de honor que deberían regir nuestras vidas, como la lealtad, la compasión y el sentido del deber, puede que sean las máquinas quienes los recuerden.
Yojimbot #1: Silencio metálico
Autor: Sylvain Reposç
ISBN: 978-84-10287-51-8
Formato: 19x27cm. Cartoné. Color
Páginas: 160
Precio: 25,00 euros











Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja