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Akira Kurosawa (1910-1998) es uno de los creadores más influyentes, premiados y admirados de la historia del cine. Influyente sin la menor duda, pues algunas de las películas más famosas de la historia del cine (“Star Wars“, “Por un puñado de dólares“, “Los siete magníficos“,…) se lo deben todo a Kurosawa y sus películas (en concreto a “La fortaleza escondida“, “Yojimbo” y “Los siete samuráis” respectivamente). De éxito también, y eso solamente si nos fijamos en los galardones, en los premios Oscar, incluído uno de honorífico que le entregó George Lucas, la Palma del Festival de Cannes o el León de Oro del Festival de Venecia que adornaron las vitrinas de su casa en Tokio. Y si queremos saber si era realmente admirado sería suficiente con remitirse a las palabras del director Steven Spielberg que lo calificó como “el Shakespeare del cine contemporáneo“.

Uno de los films más representativos de Akira Kurosawa es “Los siete samurais” (“Shichinin no samurai“), una película del año 1954 protagonizada por Toshirô Mifune, Takashi Shimura, Yoshio Inaba, Seiji Miyaguchi, Minoru Chiaki, Daisuke Katô, Ko Kimura, Kamatari Fujiwara, Keiko Tsushima y Yoshio Tsuchiya, entre otros, que nos contaba como, en el Japón del siglo XVI, una aldea de campesinos indefensos es repetidamente atacada y saqueada por una banda de forajidos. Aconsejados por el anciano de la aldea, unos campesinos acuden a la ciudad con el objetivo de contratar a un grupo de samuráis para protegerlos. A pesar de que el único salario es comida y techo, varios samuráis se van incorporando al grupo, hasta sumar siete integrantes, que finalmente se dirige a la aldea para enfrentarse a los bandidos. Kurosawa no solamente dirigió el film sinó que también se encargó de escribir el guion, con la ayuda de Shinobu Hashimoto e Hideo Oguni.

Los siete samurais” obtuvo el León de Plata al mejor director en la Mostra de Venecia y dos candidaturas a los Oscar, a mejor dirección artística y mejor vestuario pero, por encima de todo, la trascendencia de la película se encuentra en las numerosas adaptaciones que se hicieron de ella. Seguramente la más conocida de todas ellas es el western “Los siete magníficos“, dirigido por John Sturges en 1960 y protagonizado por Yul Brynner, Steve McQueen y Charles Bronson, entre otros. Contó con una trama muy similar a la obra del maestro japonés pero centrada en el lejano oeste y con una banda sonora maravillosa de Elmer Bernstein. Tampoco podemos olvidar otras versiones como “Bichos“, “Los siete magníficos del espacio” o la reciente “Rebel Moon“, pero ninguna de ellas consigue transmitir la épica ni la humanidad ni el sentido de la justicia de cada uno de sus personajes como hizo Kurosawa en su obra maestra, más de 250 minutos de película en blanco y negro que nunca se hacen largos.

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