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Hace diez años decíamos en esta página que recomendar una película japonesa en España era muy complicado aunque los grandes clásicos del cine japonés como Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi y Yasujiro Ozu, el estilo ‘tarantiniano’ de Takeshi Kitano o los éxitos de Hayao Miyazaki y su Studio Ghibli en la animación habían ayudado a los espectadores de nuestro país a saber que por allí también hacían películas. Diez años después las cosas no han cambiado mucho, salvo que es el cine coreano el que ha ocupado un lugar de privilegio y los cineastas japoneses siguen en un injusto segundo plano.

Akira Kurosawa (1910-1998) es uno de los más influyentes, exitosos, reconocidos, admirados y legendarios autores de la historia del cine. Influyente sin la menor duda, pues algunas de las películas más famosas de la historia del cine (“Star Wars“, “Por un puñado de dólares“, “Los siete magníficos“,…) se lo deben todo a Kurosawa y sus películas (en concreto a “La fortaleza escondida“, “Yojimbo” y “Los siete samuráis” respectivamente). De éxito también, y eso solamente si nos fijamos en los galardones, en los premios Oscar, la Palma del Festival de Cannes o el León de Oro del Festival de Venecia que adornaron las vitrinas de su casa en Tokio. Y si queremos saber si era realmente reconocido y admirado sería suficiente con remitirse a las palabras del director Steven Spielberg que lo calificó como “el Shakespeare del cine contemporáneo“.

De hecho la monumental jidaigekiRan“, una de sus últimas películas, fue financiada con la ayuda de Spielberg y realmente es ‘shakespeariana’: es una adaptación libre de “El rey Lear” en el Japón medieval del siglo XVI. La película narra la historia del poderoso daimyo Hidetora Ichimonji del periodo Sengoku Jidai que, viejo y cansado, decide abdicar, repartir sus dominios y pasar el poder a sus tres hijos Taro, Jiro, y Saburo. El hijo menor, Saburo, profetiza que el reino no permanecerá unido y que los hermanos se destruirán mutuamente. El anciano padre se siente traicionado por su hijo y lo destierra. No pasa mucho tiempo antes de que el hijo mayor, Taro, empujado por su ambiciosa esposa Kaede se enfrente a su padre y junto con su otro hermano, Jiro, se lancen a una cruenta guerra para arrebatarle el poder.

Protagonizada por Tatsuya Nakadai, Akira Terao, Jinpachi Nezu, Daisuke Ryû y Mieko Harada, entre otros, ganadora del Oscar al mejor vestuario (y nominada a la estatuilla dorada para el mejor director, mejor fotografía y mejor dirección artística… ¡pero no a la mejor película extranjera!?) “Ran“, cuyo significado en japonés se podría traducir como “caos” o “miseria”, es una narración épica sobre la caída en la locura de un rey y el enfrentamiento con sus hijos que cuenta con imágenes monumentales de colores muy vivos que nos remiten al pintor Vincent Van Gogh y al simbolismo cromático, y un montaje deslumbrante repleto de caóticas y espectaculares batallas con miles de samurais con las que ya nos dejó con la boca abierta en su película anterior, “Kagemusha, la sombra del guerrero“.

Ran” es una obra maestra del séptimo arte de casi tres horas de metraje que no todos los espectadores estaban, y estan, preparados para aguantar. El esfuerzo merece la pena. Y, en el peor de los casos, se reparte el visionado en dos sesiones.

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