Es difícil imaginar el cine sin música. Es como la playa sin el sonido de las olas, el bosque sin el canto de los pájaros, o una noche de verano sin el cántico de los grillos. De hecho incluso el cine mudo, en su origen, no tenía sonido pero contaba con música. Las películas proyectaban con un acompañamiento musical en directo, en la misma sala. Música y cine van de la mano desde siempre. Podrá parecer extraño hablar de música en un libro, y quizás más aún escribir una reseña acerca de éste, pero creo que no hay mejor manera de explicar la íntima relación entre estas dos artes, la cuarta y la séptima, la música y el cine, que con el libro de Conrado Xalabarder.

La música es tan fundamental e imprescindible en muchas películas que, sin su aportación, perderían gran parte de su valor.
Este libro contiene algunas de las películas que tuvieron una banda sonora trascendental para el desarrollo de sus tramas, y que sin ellas hubieran quedado peor explicadas o incluso serían incomprensibles.
En cada uno de los filmes escogidos en este libro, la música aporta algo de relevancia, en lo dramatúrgico o en lo narrativo, y gracias a ella las películas son lo que son. Sin una banda sonora adecuada, el taxista obsesionado de Taxi Driver o el atormentado Arthur Fleck de Joker quedarían considerablemente vacíos de contenido.

John Williams, Hans Zimmer, Danny Elfman, Howard Shore, James Horner, Vangelis, Ennio Morricone, Basil Poledouris, James Newton Howard, Philip Glass, Michael Nyman, Jerry Goldsmith, Nino Rota, Joe Hisaishi,… Los nombres de estos célebres compositores, autores de algunas de las bandas sonoras más reconocidas de la historia del cine, son esenciales en el séptimo arte tanto como lo pueden ser los directores, los guionistas, los actores o las actrices. Sin ellos el cine no sería cine. Películas como “El bueno, el feo y el malo“, “Cinema Paradiso“, “La misión“, “Hasta que llegó su hora” o “Por un puñado de dólares” solamente tienen sentido con la música de Ennio Morricone y sin ella serían algo distinto a lo que fueron. Lo mismo podemos decir de “Tiburón“, “Indiana Jones“, “Jurassic Park“, “E.T. El Extraterrestre” o “La lista de Schindler“, bandas sonoras de John Williams para películas de Steven Spielberg. Como Tim Burton con Danny Elfman, o Christopher Nolan con Hans Zimmer. La imagen y la música son una unidad indisociable. ¿Cómo sería la mítica escena de la ducha de “Psicosis” sin la angustiosa música, el chirrido de violines, violas, violonchelos, de Bernard Herrmann?

Es un hecho que la música en las películas tiene la capacidad de incidir en la expresividad de las imágenes. Refuerza el significado de las ideas que las imágenes, por sí solas, no son capaces de expresar pero también pueden transformar la mirada del espectador y condicionarlo. De hecho la música puede llegar a modificar el sentido, el significado y la expresividad de lo que se nos muestra. Las bandas sonoras también ayudan a crear la atmósfera adecuada al desarrollo de la acción. Un violento redomble de tambor en el momento adecuado pueden provocar una reacción en el espectador superior a la irrupción en la pantalla de un personaje desde un rincón oscuro. Como nos dicen desde Redbook Ediciones en la presentación del libro “Música en el cine“, de Conrado Xalabarder, “la música es tan fundamental e imprescindible en muchas películas que, sin su aportación, perderían gran parte de su valor. Las bandas sonoras no solo acompañan visualmente, sino que generan emociones, ambientan, dramatizan y cuentan historias por sí mismas.

La historia dice que la primera banda sonora original está fechada en el año 1908, con la música de los compositores Camille Saint-Saëns y Mihail Ippolitov-Ivanov para las películas “El asesinato del duque de Guisa” y “Stenka Razin“. Llegaron para quedarse. A partir de los años treinta, los grandes estudios cinematográficos ya tenían departamentos musicales encargados de poner la música a las películas. Y es a partir de aquí que el barcelonés Conrado Xalabarder, uno de los mayores y más reconocidos especialistas en música de cine, autor de numerosos libros sobre el tema (“Enciclopedia de las Bandas Sonoras“, “Música de cine: Una ilusión óptica” o “El Guion Musical en el Cine“, entre otras) y colaborador habitual de la revista “Fotogramas“, nos ofrece su selección particular de películas y bandas sonoras para entender como la música no solo complementa a la imagen en el cine, sino que eleva y da forma de manera irremplazable a las tramas cinematográficas. Empezando por “King Kong“, de Merian C. Cooper i Ernest B. Schoedsack, en 1933 y terminando por la reciente “La sociedad de la nieve“, de J. A. Bayona, con la música del norteamericano Michael Giacchino.

A lo largo de más de doscientas páginas, ordenadas en diez capítulos, nos dejaremos llevar por el amplio conocimiento del autor sobre el tema, saltando de película en película, de compositor en compositor, de banda sonora en banda sonora, siguiendo el hilo que nos propone. Empezando por una introducción y cerrando con un breve capítulo dedicado a las canciones de películas (en “El Graduado”, “Fiebre del sábado noche”, “Pulp Fiction”,…), el autor nos llevará cronológicamente a lo largo de la historia de las bandas sonoras, haciendo algunas paradas al vínculo entre algunos compositores y directores que formaron una relación casi simbiótica: la música del cine mudo, de “King Kong” (1933) a “Raíces Profundas” (1953), Nino Rota y Federico Fellini, de “Los siete samurais” (1954) a “Lawrence de Arabia” (1962), Bernard Herrmann y Alfred Hitchcock, de “Zorba el griego” (1964) a “La profecía” (1976), Ennio Morricone y Sergio Leone, de “Taxi Driver” (1976) a “Conan el bárbaro” (1982), John Williams y Steven Spielberg, de “Memorias de África” (1985) a “La vida es bella” (1997), Danny Elfman y Tim Burton, de “American Beauty” (1999) a “El castillo ambulante” (2004), Hans Zimmer y Christopher Nolan, de “El laberinto del Fauno” (2006) a “La sociedad de la nieve” (2023). Lástima que el autor del libro no profundice en relaciones también muy importantes como las de Joe Hisaishi y Hayao Miyazaki o las de Alberto Iglesias y Pedro Almodóvar, pero puedo entender que la selección de Conrado Xalabarder debía marcar la línea en algún lugar.

La edición de Redbook Ediciones de “Música en el cine“, que forma parte de su colección musical Ma Non Troppo, es excelente. De tapa blanda, a un precio muy razonable (menos de 23 euros, a diez céntimos la página), el texto viene acompañado por numerosas imágenes a todo color. Y además cada película comentada incluye un código QR que permite a los lectores escuchar las piezas musicales mencionadas o revivir las escenas explicativas que el autor ha querido emfatizar como parte de su trayecto a través de películas en los que la banda sonora es fundamental para comprender y disfrutar plenamente de la trama.

Música en el cine” ofrece, en resumen, abundante información, detalles y curiosidades dirigidas más bien a cinéfilos que melómanos. No es necessrio saber de música para entender lo que nos cuentan en el libro, ni haber cursado solfeo, ni siquiera ser capaz de diferenciar entre una corchea y una semicorchea, pero sí lo es saber algo de cine y ser un aficionado al séptimo arte. De hecho es un libro de cine más que un libro de música, pues la música de las películas es, como hemos insistido desde la introducción, parte esencial de la creación y de la experiencia cinematográfica.

Música en el cine
Autor: Conrado Xalabarder
Colección: Ma non troppo
ISBN: 978-84-18703-78-2
Formato: 17×24cm. Rústica
Páginas: 224
Precio: 22,90 euros