Las carreteras norteamericanas forman parte del imaginario colectivo gracias a las novelas y las películas. No solo son arterias de comunicación que atraviesan el continente de norte a sur y de este a oeste, sino también espacios narrativos cargados de simbolismo y memoria, lugares donde reina lo anodino, lo cotidiano se diluye y lo extraordinario puede surgir en cualquier momento en el horizonte. Las áreas de descanso perdidas en mitad de ninguna parte, las gasolineras abiertas las veinticuatro horas, las planicies interminables, las cintas de asfalto infinitas flanqueadas por postes eléctricos, los moteles de neón parpadeante,… todos estos lugares han alimentado la imaginación de escritores y cineastas, convirtiéndolos en escenarios donde lo real y lo inquietante conviven con naturalidad. En ese imaginario se inscribe «Carretera Fantasma«, la serie creada por Jeff Lemire y Gabriel Hernández Walta, que en su tercer volumen alcanza un punto de inflexión tan revelador como perturbador.

En 1997 el padre de Theresa Weaver, el agente Donald Weaver, se ve obligado a viajar a Wisconsin para investigar un caso relacionado con el Proyecto Navaja. En colaboración con el poco convencional agente Jimmy Harold, Weaver descubre una serie de pistas que revelan las conexiones entre las misteriosas líneas ley, unas líneas de poder espiritual que cruzan la faz de la Tierra, las áreas de descanso para camiones de Billy Bear y los espantosos asesinatos cometidos en las carreteras.
Sin embargo,Weaver y Harold no son los únicos que han salido a la carretera en busca de respuestas, los Hombres Horribles también paran en las áreas de descanso de Billy Bear. Las respuestas están ahí fuera… pero la verdad es espantosa.

Si los dos primeros tomos de «Carretera Fantasma» nos ofrecían un relato inquietante, con una historia fragmentada que obligaba al lector a recomponer las piezas y hacerse una idea aproximada de lo que estaba sucediendo, la tercera entrega de la serie creada por Jeff Lemire y Gabriel Hernández Walta, publicada en castellano por Astiberri Ediciones en un tomo que recopila los capítulos 11 a 15 de la serie original «Phantom Road«, se nos presenta como un volumen con respuestas. O, al menos, de algunas respuestas. Jeff Lemire decide aquí descorrer las cortinas que mantenían la habitación a oscuras, dejar entrar la luz y empezar a explicar la arquitectura oculta que sostiene su universo: la relación entre los mundos paralelos, las enigmáticas líneas ley y esos puntos concretos del mapa, las áreas de descanso de Billy Bear, que funcionan como nodos de conexión entre realidades.

En este tercer tomo hay una voluntad clara de poner orden a las ideas que se han ido presentando en los capítulos anteriores. Las carreteras dejan de ser únicamente una simple ambientación, el telón de fondo que enmarca la función, para convertirse en una idea clave: una red que conecta dimensiones, un sitio entre sitios. En lo particular, el foco de «Carretera Fantasma #3» se desplaza hacia Theresa Weaver, la agente del FBI que se presentó en el segundo tomo, al revelarse qué ocurrió realmente con su padre, Donald Weaver, desaparecido durante la investigación de unos misteriosos asesinatos junto al agente Jimmy Harold. Su figura se convierte así en una pieza clave del rompecabezas, así como el villano de la función que irrumpe en la historia como un elefante en una cacharrería: el millonario Hugo Hamm, propietario de la franquicia de los Billy Bears. Su objetivo, su obsesión, es apropiarse del huevo que Dom y Birdie debían llevar a Gólgota.

Muchas de las obras de Jeff Lemire comparten un rasgo común: nos trasladan a mundos perturbadores, poblados de máscaras y de miedos infantiles, oscuros y distorsionados, pero extrañamente cotidianos. «Constantine«, «Gideon Falls», «Snow Angels«, «Black Hammer», «Little Monsters«, «Diez mil plumas negras«, «El Pasadizo» o «El Bloque«. A cualquier escenario, por convencional que pueda parecer en un primer momento, Lemire le añade esa capa sobrenatural y desasosegante que maneja con tanta habilidad, y que acerca sus obras al género del terror. Es un maestro en la creación de inquietantes historias para no dormir, y aquí vuelve a demostrarlo con el extraño universo de los Billy Bear. Estas áreas de descanso, que ya se insinuaban como lugares especiales, adquieren en esta entrega una dimensión sobrenatural. Lo que debería ser un refugio para el viajero, una red de áreas de descanso para camioneros diseminada por el territorio, se revela como un punto de tránsito entre realidades, un umbral donde las leyes físicas se desvanecen.

El dibujo de «Carretera Fantasma» de nuevo corre a cargo del dibujante granadino Gabriel H. Walta («Sentient», «La Visión«, «Barbalien»), que da forma a este universo de terror de serie B imaginado por Lemire, una atmósfera opresiva plagada de zombies de piel colgante, estaciones de servicio abandonadas y planicies interminables. Su estilo resulta idóneo para una historia que se mueve constantemente entre lo real y lo onírico, contribuyendo a esa sensación de desorientación que define la serie y que atenaza al lector. El color de Jordie Bellaire, con una paleta mayoritariamente terrosa y ocre aunque con cromatismos distintos según el mundo en el que estemos ubicados, adereza el conjunto y le da coherencia.

Con este tercer tomo de «Carretera fantasma» se pone fin al primer arco narrativo con la aparición de los Hombres Horribles y la llegada de las primeras respuestas. Como hemos dicho, solamente algunas respuestas. Y también nuevas preguntas, para compensar. Todo ello poniendo el foco en esas interminables carreteras, de esas gasolineras solitarias, esos espacios de tránsito, en esas paradas aparentemente anodinas, donde puede esconderse algo más que cansancio y rutina.

Carretera fantasma #3
Autores: Gabriel Hernández Walta y Jeff Lemire
Traducción: Santiago García
Colección: Sillón Orejero
Formato: 17x26cm. Cartoné. Color
ISBN: 979-13-87927-19-6
Páginas: 128
Precio: 19,00 euros