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«Verano Indio» («Tutto ricominciò con un’estate indiana«) es el primer trabajo conjunto de Milo Manara y Hugo Pratt, dos de los autores de cómic italianos más destacados y con mayor reconocimiento internacional. No es su mejor trabajo, ni conjunto ni en solitario, pero el encuentro afortunado entre dos artistas de su magnitud se convirtió en todo un acontecimiento para el medio y uno de los cómics más destacados del siglo XX, que fue galardonado en el Festival International de la Bande Dessinée d’Angoulême del año 1987 como mejor álbum extranjero.

La trágica historia de «Verano Indio» nos traslada hasta la colonia de Nueva Cannan, un asentamiento de peregrinos puritanos en la joven América del siglo XVII, colonos de profundas y conservadoras convicciones religiosas que conviven en paz endeble junto a la tribu india de los Squando, un territorio de frágiles equilibrios donde un hecho puntual se convertirá en la chispa que encenderá la hoguera y provocará un verano teñido de sangre, venganza y muerte: dos jóvenes indios violan a la sobrina del reverendo Black y Abner Lewis, testigo accidental, acaba con la vida de los dos indígenas con su rifle, corta sus cabelleras y desata el conflicto.
No es una historia ajena a los hechos históricos, pues en esos tiempos Nueva Inglaterra estaba empezando a ser colonizada por peregrinos europeos cuyo puritanismo exacerbado chocaba frontalmente con la cultura ancestral de los indígenas que se encontraban en aquellas tierras y que se vieron expulsados o, incluso, eliminados. La visión de los norteamericanos al respecto de esos tiempos es aún demasiado idealizada y poco autocrítica, y no irá más allá de «El último mohicano» o, en el peor de los casos, de «La letra escarlata«, pero fue una época oscura y turbia, como todo proceso colonizador.

Un guión con el lirismo y el exotismo habitual de las obras de Pratt, y un dibujo con el estilismo y el erotismo de las de Manara, se dan la mano en esta historia que, pese a que se ambienta en la América colonial, es intemporal. Un drama de tintes shakespearianos que podría ubicarse en cualquier lugar, en cualquier momento, y que no toma partido. Hay, por supuesto, malvados de alma podrida (el reverendo Pilgrim Black), parias que cargan con un pasado traumático (la familia Lewis) e inocentes abandonados al capricho de los vientos (la mancillada Shevah Black), pero en el conflicto entre colonos e indígenas ni Pratt ni Manara distinguen entre civilización y barbarie, entre culpables e inocentes. Todos ellos son responsables de bañar de sangre la tierra, y dejarse arrastrar por las pasiones, la violencia y la falta de vuoluntad de entendimiento entre recién llegados e indígenas.

«Verano Indio» tiene elementos excepcionales dignos de una obra maestra del arte secuencial, como las primeras páginas que, sin palabras y sin ser explícitas, nos retratan la violencia dura y cruda de la violación de Shevah Black. Un silencio atronador. También hay que destacar como plantea la sexualidad femenina a lo largo de las páginas, en cuanto a la variedad (la letra escarlata de Abigail, la libertad y el libertinaje de Phillis, el sometimiento de Shevah), pero es inevitable señalar que son prespectivas algo misóginas. Es el estilo Manara, sin duda, más masculino que machista, pero que en tiempos del #MeToo puede ser incómodo y mal interpretado.

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