Hay numerosas historias con animales humanizados, pero la mayoría de ellas se encuadran en géneros infantiles, acaramelados y suaves como el terciopelo. No es el caso del primer arco argumental de «Los Ratones Templarios«, de Bryan J. L. Glass y Michael Avon Oeming, que nos narran una épica aventura en un mundo de fantasía con luces… y mucha sombra.

image1Un niño al que le encanta escuchar viejas leyendas y jugar a emular a sus héroes se verá obligado a transformarse en un héroe legendario para los suyos. En un complejo universo con su propia mitología y códigos, sus autores nos cuentan una historia épica, con su cruda violencia y un sentido del sacrificio verdaderamente heroico.

Después de finalizar la lectura del primer arco argumental de «Los Ratones Templarios» de Glass y Avon Oeming (y el color de Will Quintana), aún con el buen sabor danzando en la boca, me esfuerzo por ignorar la pregunta que me recorre de forma incesante por la cabeza. Es un dato que quiero ignorar. No quiero saber quien fue antes, si «Mouse Guard» de David Petersen o estos «Los Ratones Templarios» («Mice Templar» en su edición original norteamericana), pero no puedo evitar comprobar que ambas obras son como primos hermanos. Muchos puntos de coincidencia. Se complementan y completan, pero no se contradicen. Conocer quien llegó primero y quien llegó después estropearía la buena impresión que tengo de ambos, de uno de los dos.
Y es que el recurso de utilizar animales antropomórficos con cualidades humanas para explicar una historia no es nuevo. En la literatura («The wind on the willows»), en el cine («El secreto de la sra. Nimh») y en el cómic se han utilizado desde hace muchos años. Desde los personajes animados de Walt Disney hasta el género negro del «Blacksad» de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, pasando por un clásico como el «Cerebus» de Dave Sim recientemente editado en castellano por Ponent Mon o el premio Pulitzer «Maus» de Art Spiegelman. La lista es larga, y no deberíamos obviar de ella a otros ineludibles referentes como la tira cómica «Krazy Kat» de George Herriman de principios del siglo XX, o las «Tortugas Ninja» de Kevin Eastman y Peter Laird, o la erótica «Omaha» de  Reed Waller y Kate Worley, o las tiras de Frank Cho «Liberty Meadows», o el samurai «Usagi Yojimbo» de Stan Sakai,… y tantos otros que nos dejamos en la guantera. Es un recurso artístico que permite desarrollar un discurso sin referencias cotidianas, desdibujar la identificación de los personajes con la realidad pero, a su vez, reforzar y destacar sus características principales, sus valores y sus defectos: el bueno, el malo, el ingenuo, el romántico, el cabezota,… Este tipo de obras suele convertir a los personajes en modelos, en arquetipos. Pierden credibilidad, pero ganan en síntesis. Pierden «respeto», pero ganan flexibilidad. Pierden seriedad, pero resultan más reales que muchas de sus contrapartidas humanas. «Los Ratones Templarios» exprime las virtudes de este recurso y minimizan los defectos, reduciendo a la mínima expresión los motivos para criticar la elección de los autores. Como también ocurría con «Mouse Guard».

«Los Ratones Templarios» («Mice Templar») tienen su origen en el año 1988,  cuando el dibujante norteamericano Michael Avon Oeming dio forma, durante una de sus guardias nocturnas como vigilante de seguridad, a las aventuras del ratón Cassius. Ese primer boceto de un universo habitado exclusivamente por animales y con una orden guerrera caída en desgracia como telón de fondo quedó guardado en el fondo de un cajón durante un lustro. Cinco largos años de oscuridad que volvieron a ver la luz cuando Avon Oeming, ya un respetado autor con obras como «Powers» con guiones de Brian Michael Bendis o «Hammer of Gods» con Mark Weathley, convenció al guionista Bryan J. L. Glass para dar forma definitiva a sus ideas, ese viejo proyecto que tenía aparcado. La semilla de Avon Oeming se convirtió en un gran árbol frondoso de ramas robustas en las manos de Glass.
Pero tanto el guionista y dibujante Michael Avon Oeming como Bryan J. L. Glass tienen un curriculum mucho más extenso, del que este «Mice Templar» sólo es la guinda del pastel, la cima de una carrera fructífera y brillante que aún tiene mucho recorrido, el camino apenas ha comenzado. El primero, además de las ya mencionadas «Powers» y «Hammer of Gods», se encargó de los guiones de la serie «Thor», «Red Sonja» y «Highlander», de los dibujos de «Catwoman» o «Judge Dredd» para DC Comics, del entintado de «Avengers» o «Daredevil» y vió como su «Bulletproof Monk» con Brett Lewis vivía una adaptación al cine («El Monje», de Paul Hunter y con Chow Yun-Fat como actor protagonista). El segundo no puede presumir del prestigio de Avon Oeming, pero ni en su Twitter ni en su Facebook omite mencionar sus aportaciones en «Raymond Feist’s Riftwar», la novela gráfica «Quixote» de nuevo con Michael Avon Oeming, «Magician», las miniseries de «Thor» tituladas «Thor: First Thunder» o un one-shot de «Valkyrie» para Marvel Comics, entre otras.

El primer arco argumental de «Los Ratones Templarios», titulado «La Profecía», narra como el humilde ratón Karic es elegido por el dios Wotan para devolver la luz a la tenebrosa Tierra Oscura, que vive entre las tinieblas desde la caída de los Templarios.
Pero la historia de «Los Ratones Templarios» empieza mucho antes del joven Karic. Glass y Avon Oeming inician su narración con un viaje atrás en el tiempo, cuando la orden de los Templarios se disuelve envuelta en la violencia y el caos, como los guerreros supervivientes marchan al exilio, dispersos, ocultos y olvidados (como los Caballeros Jedi diezmados de la trilogía original de «Star Wars»), perseguidos y cazados por sus enemigos, por sus viejos camaradas y por sus semejantes, esperando con paciencia el día en el que sean de nuevo llamados para dar por finalizados los tiempos aciagos. Ese es el telón de fondo de la aventura.
Karic es un joven ratón de la aldea de La Cañada del Grillo. Su mejor amigo es Leito, el aprendiz del herrero. Ambos viven en su pequeña aldea fascinados con las historias y leyendas de los desaparecidos templarios, juegan a emular a sus héroes y escuchan ensimismados las leyendas que les cuentan sobre los Ratones Templarios y sobre Kuhl-En, el más famoso de estos guerreros míticos. Pero este pequeño roedor desconoce el peligro que amenaza su existencia: una incursión de las malvadas ratas arrasa la aldea de los diminutos e indefensos roedores y solamente Karic consigue salir indemne del ataque. Acompañado por Piloto, un viajero que esconde muchos secretos, el ratón saldrá en busca de su familia y de su propio destino. Un destino que, si la profecía es cierta, le señala como el Liberador Prometido, un templario que devolverá el orden a las Tierras Oscuras bajo el auspicio del Dios Wotan.

Las referencias que se pueden encontrar en «Los Ratones Templarios» son numerosas e inevitables, empezando por la primera trilogía de la saga galáctica «Star Wars» de George Lucas hasta los mitos artúricos. Las referencias a la mitología que envuelve la figura del Rey Arturo son innegables (los tiempos oscuros que finalizarán con la llegada del elegido, el Grial como objeto de redención, la espada como símbolo de poder,…) y las reminiscencias a «La Guerra de las Galaxias» ya las hemos ido enumerando con anterioridad. Y puesto a encontrar aún más fuentes del trabajo de Glass y Avon Oeming no podemos ignorar la poderosa influencia de Mike Mignola, tanto en el dibujo como en la historia (por ejemplo, el oráculo Anaius la Negra bebe de los episodios paranormales de «Hellboy»), o las profundas raíces en la mitología nórdica y en algunos mitos celtas. «Los Ratones Templarios» no puede evitar abusar de los tópicos del género: la aldea pacífica arrasada por un enemigo invasor, los supervivientes convertidos en prisioneros sometidos por las fuerzas agresoras, el elegido, la relación entre el maestro arisco y el aprendiz ingenuo, los objetos mágicos,… Desde «Conan» hasta «El Señor de los Anillos», ciertos recursos son elementos recurrentes y usados (abusados) hasta la saciedad. Aunque lo importante no es lo que se cuenta, sino como se cuenta.
Además del guión de Glass, también podemos encontrar aspectos conocidos en el dibujo de Avon Oeming en su trazo de líneas rectas y secas, en su estilo cartoon. En «Mouse Guard», por ejemplo. Y sobretodo en ese contraste entre la luz y la sombra que recuerdan a Mike Mignola, y que se ajusta como un traje a medida a los ratones ideados por Glass. En general el trabajo del dibujante es fantástico, sobretodo esa narrativa secuencial de sus ilustraciones tan ágil, que regala al lector un ritmo muy dinámico. Lástima de la poca expresividad de los personajes, limitados por su aspecto ratonil.

El protagonista de la historia, el ratoncito Karic, es el habitual ingenuo al que se le vaticina un destino de grandeza pero que es manipulado al antojo de los poderosos que quieren aprovecharse de él. La historia es la gesta de un pequeño gran héroe, una marioneta de los poderosos que corta los hilos que le manejan para seguir su propio destino y acumula en su viaje iniciático engaños y traiciones, decepciones y dolor. Busca el conocimiento y el aprendizaje, busca rescatar a su familia y a sus amigos y asumir el rol de liberador que el dios Wotan le ha asignado,… aunque nadie crea en él. Los obstáculos serán más numerosos que los apoyos, los enemigos y antagonistas que buscan su destrucción mucho más poderosos que sus aliados: los corruptos sacerdotes del fresno sagrado, el Piloto que esconde una verdad tras una mentira y una mentira tras la verdad de quién Karic aprende todo lo que un Templario debe conocer (tal y como Obi Wan Kenobi enseñó a Luke Skywalker, o Merlín a Arturo en el «Excalibur» de John Boorman), las maléficas ratas con el capitán Tosk al frente, el rey caído Icaro el Grande en su corte de Dealrach-ard en el Valle,… Seres con todas las virtudes de los animales y, al mismo tiempo, con todos los defectos del ser humano.

¿Y la edición? «Los Ratones Templarios» está a la altura de la edición de Dolmen Editorial,… y la edición de Dolmen está a la altura de la obra de Bryan J. L. Glass y Michael Avon Oeming. Tomo de tapa dura, papel satinado, acabado magnífico, una buena traducción, numerosos extras, una introducción de Víctor Santos, ilustraciones adicionales (las portadas de los números americanos, varios pin-ups), artículos de análisis, un glosario de términos, una primigenia historia extra en blanco y negro, un prólogo de Bill Willingham y de Mark Buckingham («Fábulas»), … Una joya. Cara, pero una joya. Y con futuro garantizado: el segundo arco argumental titulado «Destino», esta vez con el dibujo de Víctor Santos («Los Reyes Elfos») asumiendo la difícil responsabilidad de sustituir el magnífico trabajo de Avon Oeming, ya se ha publicado en los EEUU bajo el sello Image.

Los Ratones Templarios.
Autores: Michael Avon Oeming y Brian J. L. Glass
Traducción: Diego García
Editorial: Dolmen
Edición original: Image Comic Inc. (EEUU) 2009
Fecha de publicación: Febrero del 2010
ISBN: 978-84-92458-61-5
Formato: Tomo. Tapa dura. Color.
Páginas: 256
Precio: 28 euros