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Corría el año 2003 cuando el joven Napoleon Dynamite irrumpió en nuestras vidas. Jared Hess nos lo presentó en un corto titulado «Peluca«. Un año después Napoleon saltó a la gran pantalla, en una película independiente, casi de elaboración casera, que, como no podía ser de otra manera, se estrenó en el Festival de Cine de Sundance. Ganó tres MTV Movie Awards: mejor interpretación masculina, mejor interpretación musical y mejor película. El tiempo la ha convertido en una película de culto de una generación, aunque no es muy popular más allá de quienes eran adolescentes a principios del siglo XXI.
Protagonizada por Jon Heder, Jon Gries, Efren Ramírez, Aaron Ruell y Diedrich Bader, «Napoleon Dynamite» estaba protagonizada por un tipo peculiar, un adolescente de pelo alborotado que vive con su abuela, su inadaptado hermano Kip y su llama Tina, y que trata de ayudar a su amigo Pedro, un estudiante de intercambio mexicano, a ganar las elecciones escolares y derrotar a la arrogante y popular Summer Wheatley. La llegada de su tío complicará la vida de Napoleon aún más todavía. A su manera, con su forma de vestir singular, sus dibujos de animales fantásticos, su pose distante, y la fidelidad a sus amigos, Napoleon Dynamite es un héroe del siglo XXI en las antípodas de los adolescentes protagonistas de las películas norteamericanas habituales, donde todos son guapos y ricos.
«Napoleon Dynamite» es una comedia distinta, donde los ‘nerds‘ asumen el protagonismo con naturalidad. Es una fórmula que más adelante se iba popularizar, pues el cine y la televisión descubrirán que a veces es bueno ofrecer el papel protagonista, de héroe de la función, a aquellos que a menudo quedan fuera de los focos, los menos populares, los que sufren las burlas y el bullying, que no son buenos en los deportes, que no son coronadas reinas del baile, que no salen con el capitán del equipo de fútbol,… En resumen, la mayoría de los adolescentes. Pero en el año 2004 la decisión de Jared Hess, director y guionista de la cinta, de poner a los ‘freaks‘ en el centro, y tratarlos con el cariño y el respeto que lo hace, era casi una anomalía.
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Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal