Los ochenta están de moda, ¡y con razón! La mejor música, como el pop de Michael Jackson o el “The Joshua Tree” de U2 son de esa década, así como las mejores series de televisión, los peinados, el maquillaje, y la moda con más ritmo, o las mejores películas de todos los tiempos. Sí, sí. Sin ir más lejos, solo en 1984 tuvimos en cartelera “Gremlins”, “Los Cazafantasmas”, “Terminator”, “Indiana Jones y el Templo Maldito”, “Karate Kid”, “Dune”, “Superdetective en Hollywood”, “Pesadilla en Elm Street”,… Y los mejores videojuegos, claro. Los mejores videojuegos, los de Spectrum 48k, son de los años ochenta.

"El mundo de Spectrum" (Varios autores, Dolmen Editorial)En los últimos meses han pasado por aquí varios libros sobre videojuegos clásicos que hemos reseñado con devoción, algo de nostalgia y mucho interés, como “La Gran Historia de los Videojuegos” de Steven L. Kent, “Una partida más y me acuesto” de Guillermo Tato Reig, o hoy mismo “Recuerdos de Commodore” de Javier Couñago, pero los tres, de una forma u otra, nos han ido dejando un sabor agridulce en los labios.
Eran obras escritas con cariño, repletas de datos pero con ausencias destacadas. En nuestra opinión se olvidaban, o dedicaban un espacio demasiado escaso, al microordenador que revolucionó el ocio digital de los años ochenta y que formó a toda una generación en una nueva modalidad de ocio, el digital. Los primeros gamers nacimos en esta década, y nuestros primeros juegos se cargaban en casettes y se mostraban en forma de pocos pixeles de un puñado de colores. Estamos hablando, por supuesto, del ZX Spectrum de Sir Clive Sinclair, un microordenador accesible, económico, muy fácil de programar y sencillo de usar, del que se vendieron más de cinco millones de unidades. Ahí es nada.
Olvidaos de Commodore 64, MSX y Amstrad, los hijos tontos de la época, plataformas de ocio digital primitivas que no ofrecían ni la mitad de aquello con lo que nos deleitaba el ordenador doméstico de 48Kb de Sinclair.

El Mundo del Spectrum” es un documentado libro divulgativo escrito de forma coral por Manuel J. Rico Borrego, Jesús Martínez del Vas, Alejandro Ibáñez Muñoz, Javier Ortiz Carrasco, Juan Fº Torres Chica y David Saavedra Peña, un viaje en el tiempo hasta los tormentosos años ochenta, que vieron el nacimiento de una industria, la de la microinformática y el videojuego, que protagonizó el exitoso e innovador Sinclair ZX Spectrum, con sus inseparables cintas de cassette, con sus eternos tiempos de carga que se introducían tecleando el legendario comando LOAD”” y sus chirriantes sonidos pero también, hay que reconocerlo, con la sencillez abrumadora de la copia de juegos. El origen del libro está en una web homónima dedicada al Sinclair ZX Spectrum, que nació como homenaje a la revista “Microhobby” en el año 1996 en formato revista mensual y que ha ido evolucionando hasta, hoy en día, una tercera época que incluye un programa de Podcast llamado “El Mundo del Spectrum Podcast” y este libro para nostálgicos retrogamers. La vida de Clive Sinclair, sus inquietudes, la llegada a España de este pequeño ordenador de teclas de goma, la historia de los protagonistas de la primera industria de software español y de la llamada ‘Edad de Oro’ que llevó a España a convertirse en la tercera potencia europea en producción de videojuegos, las revistas que nos descubrían los secretos de los videojuegos, la crisis de los 8 bits, el Spectrum por el mundo o los desarrollos actuales… Todo tiene su espacio en “El Mundo del Spectrum“.

• Primer acierto de “El mundo de Spectrum”: El formato.
El espectacular, cuidado y trabajado diseño de David Saavedra y la magnífica edición de Dolmen Editorial merecen un aplauso y deberían servir de modelo a otros proyectos similares. Apaisado, con las medidas de un Spectrum 48k, en tapa dura, a todo color, repleto de fotografías, imágenes, pantallazos y caratulas. Su presentación ya es, de salida, una declaración de intenciones. Y con un precio ajustado.

• Segundo acierto de “El mundo de Spectrum”: El contenido.
Todo lo que tuvo y todo tiene que ver con el Spectrum está aquí dentro, desde la vida y obra de su creador hasta las indispensables revistas que nos hablaban de sus juegos, con mi añorada “Micromanía” al frente en sus distintas encarnaciones (incluyendo la enorme versión tipo periódico de la segunda época). A lo largo de sus más de doscientas páginas podremos recordar todos y cada uno de los elementos que marcaron una época: Microhobby, Dinamic, Sinclair, ERBE, “Jet Set Willy”, las más de doscientas cáratulas del maestro Alfonso Azpiri (que Planeta recopiló en un libro imprescindible titluado “Spectrum” hace algunos años), “Sir Fred”, la revista “Micromanía”, “Saboteur”, las portadas de Jose Maria Ponce, “Knight Lore”, Zigurat, “Freddy Hardest”, Topo Soft, “La Abadía del Crimen” que se merece un punto y aparte, Investrónica, “Fernando Martín Basket Master”, Nacho y Víctor Ruiz, “Goody”… No he echado a faltar nada de nada.

• Tercer acierto de “El mundo de Spectrum”: Apelar a la nostalgia.
Este libro, seamos honestos, no es para gamers ‘millennials‘ que compiten en los eSports y queman horas en la xBox o la PS4,
ni siquiera para la generación de los nacidos en los noventa, los gamers de las primeras consolas domésticas. Este libro es para los hijos de los setenta, la llamada Generación X, los niños de la EGB, los de Naranjito y los Tigretón. Y eso es algo que Dolmen Editorial sabe hacer muy bien, tal y como nos ha demostrado con su colección “Fuera Borda“, que recupera clásicos del cómic francobelga para esos nostálgicos que ya hemos cruzado esa línea roja que marcan los cuarenta, en libros de edición cuidada y formato inmejorable con abundantes extras, repletos de material inédito.
Libros como “El mundo de Spectrum”, o la colección “Fuera Borda” y sus “Johan y Pirluit”, “Los Hombrecitos”, “Casacas Azules”, “Bermudillo”, “Quena y el Sacramús”, “Natacha” o “Benito Sansón”, entre otros, saben tocarnos la fibra y llegar a nuestros recuerdos felices. La nostalgia vende, y más cuando para toda una generación su infancia y juventud viene a ser algo así como un paraíso perdido de inigualables sensaciones.

• Cuarto acierto de “El mundo de Spectrum”: Rendir pleitesía a “La Abadia del Crimen”.
El mejor videojuego de todos los tiempos es de los años ochenta, y hecho en España: “La Abadia del Crimen“. Este juego de Paco Menéndez y Juan Delcán para Opera Soft, clave en la historia del desarrollo de videojuegos en nuestro país, publicado originalmente en 1987, estaba inspirado en la magistral novela “El Nombre de la Rosa” de Umberto Eco. Este juego se presenta en forma de una aventura isométrica y nuestro objetivo como jugadores era ayudar a fray Guillermo de Occam y al novicio Adso de Melk a investigar y resolver, a lo largo de siete días, los asesinatos que tienen lugar en una abadía benedictina situada en Italia. Todo ello sin dejar de cumplir con las obligaciones que nos indique el Abad, como asistir a misa, ir al comedor cuando suena la campana y no salir de nuestra celda por la noche.

• Quinto acierto de “El mundo de Spectrum”: Ni agua al Commodore.
En los años ochenta reinaba el Spectrum, y Amstrad y Commodore se miraban su trono desde lejos. No hagáis caso a quiénes os quieran engañar (“el ridículo Spectrum que sólo podía competir en número de juegos, no en potencia, hardware o periféricos” nos dice Vic en su reseña de “Recuerdos de Commodore” de Javier Couñago para intentar dar argumentos a lo indefendible, una visión injusta, subjetiva, tendenciosa y llena de errorres flagrantes), por precio, por prestaciones y por número de juegos, no había color. No hay que olvidar que, por primera vez, pudimos poner las manos sobre una informática barata y accesible, que permitía programación básica para crear aplicaciones sencillas en el lenguaje BASIC de contabilidad casera o, por supuesto, juegos y no hacía falta irse a un ordenador familiar tres veces más caro, con un hardware le imponía ciertas limitaciones, para poder disfrutar del nuevo ocio digital.
Que nadie olvide que nunca se pudo ver en C64 algo como “La Abadía del Crimen“. Creo que es el argumento definitivo.

El mundo de Spectrum” es un libro que destila pasión, que está muy bien documentado, presentado con exquisitez, pero que es, sobretodo, nostalgia encuadernada para disfrutar a sorbos y para consumir a tragos. Merece la pena aplaudir la manera como los autores han volcado su cariño y su ilusión en un proyecto como este, que ha sabido ahondar en la época dorada del software español, allá entre mediados de los años ochenta y principios de los noventa, cuando la producción de videojuegos para las máquinas de 8 bits en nuestro país se convirtió en una industria enorme (¡una de las más grandes de Europa!) y el primer paso, aunque entonces nadie se lo imaginaba, hacia el ocio digital doméstico que prácticamente podemos encontrar en cada hogar. Unos años dulces, irrepetibles, que alcanzaron su cénit con el Spectrum 48k de Clive Sinclair.

El mundo de Spectrum.
Autores: Manuel J. Rico Borrego, Jesús Martínez del Vas, Alejandro Ibáñez Muñoz, Javier Ortiz Carrasco, Juan Fº Torres Chica y David Saavedra Peña.
Editorial: Dolmen Editorial
ISBN: 978-84-16436-93-4
Formato: Tapa dura. Color.
Páginas: 224
Precio: 23,90 euros