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Entre los años 1995 y 2001, a lo largo de seis temporadas y 134 episodios, las televisiones de medio mundo se vieron sacudidas por la irrupción de una valiente guerrera, amazona irreductuble y feroz, una temible princesa forjada en el calor de la batalla, empuñando siempre su chakram, un disco arrojadizo de acero con borde afilado. Era «Xena: Warrior Princess«, una serie de televisión de producción neozelandesa spin-off de «Hercules: The Legendary Journeys«, que contaba las aventuras de Xena y Gabrielle, dos guerreras e inseparables amigas (amigas… y seguramente algo más) que luchaban contra las injusticias de una época en la que los dioses aún pisaban la tierra. Las aventuras de las dos heroínas transcurrían principalmente en la antigua Grecia, aunque en su periplo también viajaron hasta lugares tan lejanos y exóticos como Escandinavia, China, la India o Egipto, y se enfrentaron a todo tipo de monstruos, dioses, criaturas y demonios de cualquier época y lugar, como el Cíclope, el monstruo Grendel, el gigante Goliat o el dios de la guerra Ares.
Creada por Robert Tapert y John Schulian, y protagonizada por la bellísima Lucy Lawless, Xena era la alternativa femenina de Kevin Sorbo, el Hércules de la serie homónima, y un icono feminista necesario en una época de cambio y empoderamiento de la mujer. El reparto de la serie incluyó también a Renée O’Connor, Adrienne Wilkinson, Hudson Leick, Kevin Smith, Michael Hurst, David Taylor, Ebonie Smith o Aaron Devitt, y contó con apariciones estelares de Kevin Sorbo (como Hércules), Bruce Campbell (como el ladrón Autolycus) o Ted Raimi, hermano de Sam Raimi, productor de la serie (como el torpe guerrero Joxer).

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