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La idea general del capítulo no está mal, la crítica a nuestro uso obsesivo del móvil tampoco porque  demuestra nuestra adicción (somos incapaces ya de dejar de revisarlo regularmente), me gusta la ironía cargada de intención de que una empresa relacionada con redes sociales pueda llegar a tener más información personal que los propios cuerpos de seguridad e incluso narrativamente me convence y me tiene enganchado; el problema llega cuando te das cuenta que el argumento puede contarse en dos frases (y no lo explico para no hacer spoilers), que la capacidad de sorpresa es escasa o muy inferior a otros capítulos ya vistos y que puedo anticipar gran parte del desarrollo sin mucho problema. No sólo eso, como no sabes cual es la motivación del protagonista se mantiene el suspense hasta el final, sí, pero se pierde la carga emocional que sufre y no llegas a a identificarte con él hasta la última imagen dejándote algo decepcionado. En definitiva un capítulo con altibajos, entretenido, pero con pegas y por desgracia empieza a ser ya la tónica habitual en «Black mirror».