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Tres fueron las películas sobre Simbad que produjo la pareja formada por Ray Harryhausen y Charles H. Schneer, y las tres forman parte de la historia del cine: «Simbad y la princesa» (1958), «El viaje fantástico de Simbad» (1973) y «Simbad y el ojo del tigre» (1977). Puestos a destacar una de ellas por encima de las otras, quizás «Simbad y la princesa» («The 7th Voyage of Sinbad«) sería la elegida por ser la primera de las tres y por haber inaugurado un género de películas de ambientación oriental llenas de fantasía y de magia que durante varias décadas hicieron las delicias de los espectadores.

Dirigida por Nathan Juran, a partir de un guion de Kenneth Kolb, «Simbad y la princesa» nos contaba como el aventurero Simbad emprendía un peligroso viaje a la isla de Coloso para conseguir la cáscara de huevo de Roc con la que romper el maleficio lanzado por el malvado hechicero Sokurah contra la princesa Parissa de Chandra, a la que ha reducido de tamaño. Para salvar a la mujer de la que está enamorado, el héroe de los cuentos de «Las mil y una noches» deberá luchar contra innumerables monstruos míticos como el Cíclope, un esqueleto revivido (un anticipo de la excepcional batalla de «Jason y los Argonautas«), el feroz pájaro bicéfalo llamado Roc, un dragón que lanza fuego por la boca y también contra el traicionero hechicero Sokurah, que ansía recuperar una lampara mágica que perdió en la isla.

Protagonizada por Kerwin Mathews, Kathryn Grant, Richard Eyer, Torin Thatcher, Alec Mango, Danny Green, Harold Kasket y Alfred Brown, entre otros, «Simbad y la princesa» es un clásico del séptimo arte y aún hoy sigue siendo una propuesta entretenida, siempre y cuando el espectador la vea con los ojos ingenuos y fascinados de mediados del siglo XX.

Hay que recordar que es una película del año 1958, y por aquel entonces crear y mover todo tipo de criaturas fantásticas en el celuloide era un auténtico reto para los artesanos de la época. Y entre todos ellos sobresalía el gran Ray Harryhausen (1920-2013), maestro de maestros de los efectos especiales, un pionero en una época en la que no había ordenadores ni CGI y solamente podían crear la magia con trucos de cámara, miniaturas, stop-motion y mucha paciencia. Gracias a su inconmensurable talento Harryhausen y su sistema Dynamation (una técnica de animación stop-motion a todo color y pantalla completa) consiguió que unos muñecos articulados de apenas 15 centímetros, como el cíclope o el dragón, nos pareciesen gigantescos monstruos en la pantalla del cine.

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