Reseñamos la última incursión del guionista chileno Alejandro Jodorowsky en el universo de su invención de los Metabarones, titulada “Las armas del Metabarón“, con el dibujo del repudiado Travis Charest y su reemplazo, Zoran Janjetov.

image1¡Es una historia que habla del Metabarón, mi amo! ¡Ah, Tonto, el Metabarón es el más salvajemente imprevisible de todos! ¡Es el más grande, el metaguerrero!… Una larga historia, Corneille, que se remonta a Othon el Tatarabuelo. Pero él es de otra estirpe que la de los Ancestros, una leyenda que forja el destino del guerrero, la de las misteriosas armas del Metabarón.

Una vez más, y ya van docenas. Deja vú, lo llaman los franceses. Me sucede cada vez que termino de leer una historia ambientada en el universo de “El Incal” y de los Metabarones, alguna incursión del psicomago Alejandro Jodorowsky en su particular concepción de ese mundo singular que creó junto al dibujante francés Moebius, que tengo la sensación de que hay mucho más debajo de lo que yo he leído, que la historia me contaba muchas más cosas de las que yo había entendido en una primera lectura. Este desazón me remite de forma inequívoca a los círculos herméticos de los masones, sus códigos secretos y sus logias discretas y cerradas a los ojos ajenos. Y sobretodo con este álbum, “Las armas del Metabarón” (“Les Armes du Meta-Baron” en su original francés), donde Travis Charest, Zoran Janjetov y Alejandro Jodorowsky nos muestran el recorrido iniciático de un Metabarón. Un sendero de iluminación que nos remite a obras como “El Alquimista” de Paolo Coelho, aunque con las claves propias de la saga creada por Jodorowsky.
Esta casta de los Metabarones a la que Jodorowsky ha ido dando forma tiene su semilla, como hemos comentado, en la saga de “El Incal”. Allí, un simple secundario que se cruza en el camino de John Difool se convierte en un personaje relevante, atractivo y con carisma suficiente como para ganarse un espacio propio. El último de los Metabarones, el Sin Nombre, aquel que decide no tener descendencia para asegurar su supervivencia. Jodorowsky recuperó después a la familia de los guerreros perfectos y, a lo largo de varios volúmenes, siguió su camino (“Othon, el tatarabuelo”, “Honorata, la tatarabuela”, “Aghnar, el bisabuelo”, “Oda, la bisabuela”, “Cabeza de Hierro, el abuelo”, “Doña Vicenta Gabriela de Rokha, la abuela”, “Aghora, el padre-madre” y “Sin Nombre, el último Metabarón” y los spin-offs “Cathaka”, con Das Pastoras, y los ocho volúmenes de “Los Tecnopadres”). Empezando por el tatarabuelo Othon recorrió esta legendaria casa familiar, revisando su retorcido árbol familiar así como sus tradiciones, sus amores y sus ancestros, junto al talento de Juan Giménez. Una crónica de la vida de cinco Metabarones. Y en “Las armas del Metabarón” continua esta tendencia de mostrar más detalle sobre la cultura de los guerreros más perfectos y letales del universo.

El Sin Nombre, tras ser instruido por su padre Aghora, debe pasar las pruebas que demuestren que es digno de representar la casta de los temibles Metabarones, los guerreros más poderosos del universo que jamás han sido derrotados por ningún soldado ni ejército: pelear con leodáctilos sólo con un cuchillo, mostrar su pericia en el combate espacial,… y derrotar en combate a su maestro padre-madre en la última prueba de iniciación de la tradición de esta casta. A su vez, el Sin Nombre adulto debe ayudar a los ocho durmientes a derrotar a los vampiros mentales que quieren invadir su realidad.

A la vez, una iniciación (la del Sin Nombre alumno) y una búsqueda (la de los objetos de poder que permitirán al Sin Nombre derrotar a los enemigos). Material alegórico muy propio de Alejandro Jodorowsky Prullansky (Chile, 1929), dramaturgo, director de cine, guionista, novelista, psicomago, filósofo, experto en tarot, farsante para algunos, loco para otros… un artista multifacético que nació en Chile en 1929 que con veinticinco años llegó a la multicultural y artísticamente inquieta París, donde ha residido la mayor parte de su vida y donde ha desarrollado su obra. En 1975, un proyecto de llevar a la pantalla “Dune”, de Frank Herbert, le puso en contacto con el dibujante francés Moebius, quien le abrió las puertas del mundo del cómic, y a la revista “Métal Hurlant”, al ilustrarle su historia de “Los ojos del gato” (1978). Una vez abiertas, las puertas no se volvieron a cerrar. Tras “El Incal”, “Alef-Thau” (1983) con Arno, “El Lama Blanco” (1988) con George Bess, “El corazón coronado” (1991) de nuevo con Moebius, “Cara de Luna” (1991) con François Boucq, “La casta de los Metabarones” (1992) con Juan Giménez, “Juan Solo” (1995) de nuevo con George Bess, “Megalex” (1999) con Fred Beltran, “Bouncer” (2000) de nuevo con François Boucq, “Los Borgia” (2005) con Milo Manara, los ocho volúmenes de “Los Tecnopadres” con Zoran Janjetov o el reciente “Sangre Real” con el dibujo del chino Dongzi Liu, entre muchos otros, marcan con fuego la trascendencia de su importante obra en el mundo del cómic europeo, de quien se convierte en un referente esencial y una influencia indispensable de esta disciplina artística. Y es que, en sus manos, el cómic es arte.
Y junto a él, en este “Las armas del Metabarón”, el dibujante canadiense Travis Charest y el nacido yugoslavo, ahora serbio, Zoran Janjetov (el segundo, reemplazando al primero cuando la editorial Les Humanoïdes Associés decidió prescindir de Charest por su lentitud). Travis Charest llegó con un prestigio labrado en un género muy distinto al BD francés, en los universos de superhéroes de DC o de Image, en los “WildCATS”, siguiendo la estela de Jim Lee, y el álbum incluye sus 30 páginas realizadas para “Métal Hurlant”. 30 páginas entre el año 2000 y el 2007. ¡Una página cada tres meses! Ante este lamentable ritmo de producción aterriza el polifacético Zoran Janjetov (“Bernard Panasonik”, “Avant de l’Incal”, “Los Tecnopadres”,…). Juntos obtienen un resultado muy digno, que recuerda a Vicent Segrelles, pero que no alcanza la brillantez de los trabajos de Juan Giménez.

“Las armas del Metabarón” es una historia destinada a los seguidores del personaje y de ese universo singular al que ha dado forma en los últimos diez años el guionista Alejandro Jodorowsky. Es un volumen independiente de la saga de “La Casta de los Metabarones”, de “Los Tecnopadres” o de “El Incal” pero su lectura necesita algunas inmersiones previas en los códigos particulares del chileno, muy herméticos para los foráneos. Aquellos lectores dispuestos a seguir su juego de alegóricos disfrutarán. El resto podrán entretenerse con una historia de ciencia-ficción repleta de acción, enemigos terribles y combates emocionantes.

Las armas del Metabarón.
Autores: Travis Charest, Zoran Janjetov y Alejandro Jodorowsky
Editorial: Planeta DeAgostini
Colección: BD
ISBN: 978-84-674-8801-2
Formato: 24x33cm. Cartoné. Color.
Páginas: 64
Precio: 14,95 euros