Esta nueva saga “Metabarón“, parida por la imaginación fértil y desbordante del eterno guionista chileno Alejandro Jodorowsky, es la continuación oficial de la historia iniciada con “El Incal” y “La Casta de los Metabarones”, y a través de ocho álbums nos seguirá narrando las aventuras del más grande de la estirpe de los metaguerreros: el Sin Nombre, el último Metabarón. Y si los siete siguientes son tan fantásticos como este primero, que nadie dude que los recibiremos entusiasmados, con los brazos abiertos.

metabaron_portadaEl Metabarón es el guerrero más temible que el universo jamás haya conocido y, en solitario, ha conseguido imponerse al imperio. Pero una nueva potencia ha surgido en el espacio cuyas ambiciones y crueldad son infinitas. El Metabarón se convierte en el único obstáculo que la puede detener, por lo que, para enfrentarse a él, esta potencia envía en su contra a sus servidores más leales, a sus jefes de guerra, a mercenarios que son verdaderas máquinas de matar, y el tecnoalmirante Wilhelm-100 es el más poderoso de entre ellos.

La historia de los Metabarones a la que el guionista chileno Alejandro Jodorowsky ha ido dando forma durante varias décadas tiene su semilla en la saga de “El Incal” de Jodorowsky y Jean Giraud ‘Moebius’, obra cumbre del cómic europeo contemporáneo y un clásico indiscutible del género de ciencia-ficción. Allí, un simple secundario que se cruza en el camino de John Difool se convierte en un personaje relevante, atractivo y con carisma suficiente como para ganarse un espacio propio. El último de los Metabarones, el Sin Nombre, aquel que decide no tener descendencia para asegurar su supervivencia. Jodorowsky recuperó después a la familia de los guerreros perfectos y, a lo largo de varios volúmenes, siguió su camino (“Othon, el tatarabuelo”, “Honorata, la tatarabuela”, “Aghnar, el bisabuelo”, “Oda, la bisabuela”, “Cabeza de Hierro, el abuelo”, “Doña Vicenta Gabriela de Rokha, la abuela”, “Aghora, el padre-madre” y “Sin Nombre, el último Metabarón”). Empezando por el tatarabuelo Othon recorrió esta legendaria casa familiar, revisando su retorcido árbol familiar así como sus tradiciones, sus amores y sus ancestros, junto al talento de Juan Giménez. Una crónica de la vida de cinco Metabarones que completó con los spin-offs “Cathaka“, con Das Pastoras, los ocho volúmenes de “Los Tecnopadres” con Zoran Janjetov y “Las armas del Metabarón” con Travis Charest y Zoran Janjetov.
Sí, la historia de los Metabarones está inevitablemente ligada a su co-creador, Alejandro Jodorowsky Prullansky (Chile, 1929), dramaturgo, director de cine, guionista, novelista, psicomago, filósofo, experto en tarot, farsante para algunos, loco para otros… un artista multifacético que nació en Chile en 1929 que con veinticinco años llegó a la multicultural y artísticamente inquieta París, donde ha residido la mayor parte de su vida y donde ha desarrollado su obra. En 1975, un proyecto de llevar a la pantalla “Dune” de Frank Herbert, le puso en contacto con el dibujante francés Moebius, quien le abrió las puertas del mundo del cómic, y a la revista “Métal Hurlant”, al ilustrarle su historia de “Los ojos del gato” (1978). Una vez abiertas, las puertas no se volvieron a cerrar. Tras “El Incal”, “Alef-Thau” (1983) con Arno, “El Lama Blanco” (1988) con George Bess, “El corazón coronado” (1991) de nuevo con Moebius, “Cara de Luna” (1991) con François Boucq, “La casta de los Metabarones” (1992) con Juan Giménez, “Juan Solo” (1995) de nuevo con George Bess, “Megalex” (1999) con Fred Beltran, “Bouncer” (2000) de nuevo con François Boucq, “Los Borgia” (2005) con Milo Manara, los ocho volúmenes de “Los Tecnopadres” con Zoran Janjetov o “Sangre Real” con el dibujo del chino Dongzi Liu, entre muchos otros, marcan con fuego la trascendencia de su importante obra en el mundo del cómic europeo, de quien se convierte en un referente esencial y una influencia indispensable de esta disciplina artística. Y es que, en sus manos, el cómic es arte.

En este “Metabarón 1: Wilhelm-100, el Tecnoalmirante” (“Méta-Baron 1. Wilhelm-100, le techno-amiral“), Jodorowsky aparece acreditado pero su papel es residual, aunque seminal, pues la editorial ha contado con el prolífico guionista belga Thierry ‘Jerry’ Frisen para que diese forma a la idea original de Jodorowsky (y prescinde del barniz pseudofilosófico que suele cubrir las obras del maestro chileno) y con el dibujante francés Valentin Sécher, un artísta mayúsculo a quien algunos descubrieron en su debut en un título completo “Khaal. Crónicas de un emperador galáctico“, y que nos recuerda a Vicent Segrelles por su notable habilidad con el color, oscuro y sucio, pero que no alcanza la brillantez de los trabajos de Juan Giménez en “La Casta de los Metabarones“, por quien sentimos devoción. Eso no desmerece el trabajo de Sécher, sobresaliente, que nos seduce no solamente con la caracterización de los personajes (el Sin Nombre, Wilhelm-100, el TecnoPapa,…) sino con el trabajo de diseño y producción de los elementos que envuelven la historia de Frisen, como los lugares (el espacio profundo, los paisajes estelares, el neoplaneta de oro, el TecnoVaticano, el planeta Mármola, las singulares arquitecturas de cada civilización,…), los vehículos o las armas, entre otros muchos elementos que dan cuerpo a la narración. Nada de anodinos fondos impersonales y emborronados. Todo espectacular.
Sécher se encargará del dibujo de los dos primeros números (este “Wilhem-100, le techno-amiral” y el próximo “Khonrad, l’anti-Baron” que ya ha salido a la venta en francés durante el pasado mes de junio), pero cuando echemos un vistazo al resto de dibujantes de la saga nos daremos cuenta de que con autores como Niko Henrichon (“Los leones de Bagdad”, “Noah”, “Sandman”, “Fábulas”), Mukesh Singh (“18 días”, “Game Keeper”) y el croata de Marvel Comics Esad Ribic (“Secret Wars”, “Loki”, “Sub-Mariner: The Depths”) la calidad está mucho más que garantizada.
El ambicioso plan de la editorial francesa Les Humanoïdes Associés consiste en publicar un volumen de “Metabarón” cada seis meses para acabar completando la serie, en Francia, en junio de 2018. Y Yermo Ediciones no piensa quedarse atrás: se han propuesto publicar la segunda entrega seis meses después la primera, procurando no distanciarse de la edición francesa más que para el periodo necesario de edición. ¡Chapeau!

Este primer número de “Metabarón” nos descubrirá que, aunque el Metabarón ha conseguido derrotar al decadente y corrupto Imperio en una épica batalla en las profundidades del espacio, una nueva potencia ha surgido en las entrañas de la galaxia para recoger el testigo.
La historia, que empieza con la desaparición del robot sirviente Tonto, nos presentará al más terrible e imprevisible de los enemigos a los que se ha enfrentado jamás el Sin Nombre, un guerrero sádico y demente al servicio del TecnoPapa que no se detendrá ante nada para poner fin a la casta de los temibles Metabarones, los guerreros más poderosos del universo que jamás han sido derrotados por ningún soldado ni ejército,… salvo por ellos mismos. Al parecer, la clave de la derrota del último Metabarón podría residir en su propia sangre.
Pero “Metabarón 1: Wilhelm-100, el Tecnoalmirante” deja un sabor agridulce en la boca, puesto que es una obra que simplemente presenta a los personajes de la función, sus héroes y villanos, un ‘dramatis personae‘ de cincuenta y seis páginas que pone en escena el eterno destino trágico de los Metabarones o el enfrentamiento ritual de padres e hijos, siempre con la evidente sombra del “Dune” de Frank Herbert sobrevolando la obra, así como las habituales escenas macabras y sangrientas que salpican de escarlata las páginas de los Metabarones, repletas de mutilaciones, parricidios, clonaciones y genocidios, pero que dejan al lector con una frustrante y larga espera de seis meses para poder empezar a disfrutar de la acción que nos prometen Jerry Frisen y Valentin Sécher.

Pero pese a que este primer número nos deje con la miel en los labios ya es evidente que la nueva saga dedicada al guerrero más temible del universo nos ofrecerá justamente lo que los seguidores de Jodorowsky y los Metabarones estábamos esperando: un nuevo viaje a los mundos de “El Incal“, retomar los acontecimientos finales de la saga de “La casta de los Metabarones“, asistir al enfrentamiento entre el Metabarón y los herederos del Imperio,… En conclusión, volver a viajar por la épica y la violencia, la aventura y la leyenda, un caldo creativo que bebe de los dramas griegos clásicos que siempre nos ofrece el Metabarón de Jodorowsky.
Sí, “Metabarón 1: Wilhelm-100, el Tecnoalmirante” es una historia destinada sobretodo a los seguidores del personaje y de ese universo singular al que ha dado forma en los últimos diez años el guionista Alejandro Jodorowsky. Es un volumen independiente de la saga de “La Casta de los Metabarones“, de “Los Tecnopadres” o de “El Incal” pero su lectura necesita algunas inmersiones previas en los códigos particulares del chileno, muy herméticos para los foráneos. Aquellos lectores dispuestos a seguir su juego de alegóricos disfrutarán. El resto podrán entretenerse con una space ópera en toda regla, una historia de ciencia-ficción repleta de acción, enemigos terribles y combates emocionantes, con un dibujo sobresaliente. Pero, lo mejor aún está por llegar.

Metabarón 1: Wilhelm-100, el Tecnoalmirante
Guión: Alejandro Jodorowsky, Jerry Frisen,
Dibujo: Valentin Sécher (www.valentinsecher.com)
Título original: Meta-baron 1: Wilhem-100, le Techno-amiral
Fecha Publicación: Junio de 2016
Formato: 22,3×31,2cm. Cartoné. Color
ISBN: 978-84-16428-57-1
Páginas: 56
Precio: 16,00 euros