Agridulce la sensación que me ha producido esta tercera entrega de “La Saga de los Demonios“… Me sigue interesando muchísimo lo que Peter V. Brett nos tiene que contar pero no acabo de casar con la intención de hacer de Jardir algo más que un usurpador. A mi me interesa leer sobre Arlen y su lucha contra los demonios.

"El Palacio de los Espejos" (Peter V. Brett, Ediciones Minotauro)El Palacio de los Espejos
La Saga de los Demonios 3
Autor/es: Brett, Peter V.
Editorial: Minotauro
Colección: Fantasía
ISBN: 978-84-450-7828-0
Cubierta: Rústica con solapas
Precio: 19,00 €
El hombre tatuado y sus compañeros tendrán que enfrentarse a una nueva raza de demonio, más inteligente y mortífero de lo que jamás habían conocido. 
Durante cientos de años los demonios han sido dueños de la noche. Sin embargo, ahora los hombres han recuperado los antiguos grafos de combate para enfrentarse a los abismales.
Pero los demonios también juegan sus cartas y vigilan de cerca a Jardir de Krasia y Arlen del norte; uno autoproclamado Liberador; el otro elegido, contra su voluntad, por su propia gente.
Tras la conquista de Fuerte Rizón por parte de los krasianos, Arlen y sus compañeros deberán unir a las fuerzas del norte para enfrentarse a un enemigo común: el ejército de Jardir. Mientras, los príncipes abismales preparan el terreno para la gran batalla y la extinción de la raza humana.

No puedo evitar la sensación de que el autor está hinchando artificialmente la historia. Cierto es que lo que para nosotros han sido dos libros, La Lanza del Desierto y este El Palacio de los Espejos, para Brett es tan sólo un libro, lo que explica la gran divagación sobre Jardir y cómo se insiste en convertirlo en algo más que el traidor y usurpador que es. De hecho, estos sentimientos que me provoca Jardir demuestran lo bien escritos que están estos libros, porque sino no pensaría que Leesha es un poco… ligera de cascos al acostarme con alguien a quien se supone que desprecia por asesinar a miles de inocentes, consentir la violación de cientos de mujeres, etc, pero parece que cuando se cruza el “amor”, o el sexo, algunos personajes femeninos pierden el norte. No me convence que Brett líe a ambos personajes, pero tampoco me gusta que Jardir se apodere tanto de la trama en estos dos volúmenes sobre todo por resultarme tan antipático pero, repito, eso es mérito del autor.

Por otra parte tenemos a los demonios que empiezan a demostrar más inteligencia y poder, aún, del que ya tenían, complicando así la tarea de Arlen de liberar a la humanidad, algo a lo que tampoco parece que vayan a ayudar demasiado los duques, y es que la política…

Otro aspecto del libro está en cómo Arlen revisita su pasado mientras Jardir prosigue con su conquista, y seduce a Leesha, está por ver si esto servirá de algo, personalmente lo veo como una manera más de inflar la historia y de marear la perdiz. No es de extrañar que de una trilogía se haya pasado a una pentalogía, Brett se está enrollando demasiado y se está dejando seducir por su propia historia. No tiene por qué ser malo, pero si se lleva al extremo puede acabar sucediendo lo mismo que en La Rueda del Tiempo, y no queremos eso. Queremos acción y un creíble desarrollo de los personajes.

Dejando aparte estas pegas que he mencionado me ha atrapado El Palacio de los Espejos, al igual que me atrapó La lanza del desierto, he disfrutado con su lectura y la impaciencia me ha comido vivo mientras lo leía. Eso es bueno, muy bueno, pero me preocupa mucho que la historia se alargue innecesariamente, y por bien escritos que estén estos dos libros (uno en su edición original) alargan la historia en direcciones que, personalmente, no me interesan.

Antes he mencionado La Rueda del Tiempo, pero también habría que decir que tiene algunos de los mejores ingredientes de ésta y el sabor que deja en el lector es francamente positivo.

Y ahora… pues ahora nos queda la espera para ver publicado el siguiente volumen, The Daylight War, y que se deje de escribir spin-ofs. ¡Quiero más aventuras de Arlen! (y espero que en Minotauro dejen de partir los libros en dos).