El pasado día 12 de mayo fallecía el artista suizo H.R. Giger, un creador de arte orgánico y biomecánico que, a su pesar, alcanzó la celebridad por sus colaboraciones en el mundo del cine y, en concreto, por la creación junto a Carlo Rambaldi, de la terrorífica criatura xenomórfica y algunos de los escenarios de la película “Alien, el octavo pasajero” de Ridley Scott. El éxito generó una lucrativa franquicia de novelas, cómics, videojuegos y juguetes, así como tres secuelas, dos crossovers con los Predators y una precuela titulada “Prometheus”.

image1Un grupo de mineros planetarios renegados plantan su bandera en un mundo nuevo y distante, rico en recursos, suelo…y misterio. En este aparentemente deshabitado planeta yace el mayor descubrimiento arqueológico de la historia. Un antiguo complejo abandonado de proporciones imposibles, esculpido directamente en lo profundo de la roca. Un desconcertante laberinto de pasajes, rampas, puentes y galerías que parece extenderse sin límite. Pero a medida que la exploración de la descomunal ciudad muerta se adentra cada vez más hacia el interior, los miembros del equipo comienzan a perder su asidero con la realidad lentamente. La locura da paso al miedo cuando los exploradores empiezan a desaparecer. Hay algo más que vive en la necrópolis, un horror sin rostro tan mortal y despiadado como el mismo vacío del espacio, un horror letal que lleva siglos esperando a despertarse… y destruir.

El reciente fallecimiento del artista suizo Hans Ruedi Giger pasó muy desapercibido en los medios de comunicación más generalistas, más empeñados en intentar convencernos de la gran importancia que tienen las elecciones al parlamento europeo, pero la mayoría de aficionados al séptimo arte se hicieron eco con rapidez de la triste pérdida por medio de las efervescentes redes sociales: la desaparición de un creador tan singular como enigmático, un hombre atormentado por el suicidio de su amada Li Tobler en 1975 que marcó para siempre su obra, creador del xenomorfo alienígena de “Alien, el octavo pasajero” de Ridley Scott. 
Pero eso es ser injusto. La obra artística de Giger abarca muchísimo más que el terrorífico alienígena de “Alien”, sus creaciones biomecanoides surrealistas y de pesadilla, con evidente simbología sexual, han influenciado a muchos autores y sus colaboraciones con el mundo del cine han sido más numerosas, aunque de menor relevancia. Como el pintor noruego Edvard Munch, que es célebre mundialmente por su cuadro “El grito” pero del que la mayoría de la población es incapaz reconocer cualquiera de sus otros miles de cuadros, grabados, dibujos y acuarelas.
Sea como sea, la posteridad y la fama tienen este lado oscuro y desagradecido, que eleva a un hombre al Olimpo por una creación artística concreta, por un trabajo determinado, por la afortunada coincidencia de factores que no vuelven a convergir jamás, de manera que el éxito ensombrece, incluso oculta con un velo ópaco, el resto de su vida y obra. Y el alienígena xenomorfo parasitode de “Alien” fue el resultado de un diseño afortunado de H.R. Giger, que aprovechó las manos diestras del artista italiano Carlo Rambaldi, la idea de Dan O’Bannon plasmada en un gran guión y el talento de un director ‘on fire’ como el norteamericano Ridley Scott.

Así, el monstruo de Giger superó los límites de la película, y tuvo un impacto duradero en los géneros de ciencia-ficción y del terror tanto dentro de la industria cinematográfica como en el mundo del cómic o los videojuegos, que usaron con profusión los elementos narrativos y visuales de la película, sus personajes y sus escenarios. El mundo del cómic, en concreto, fue de los primeros que se apropió del xenomorfo y los recuentos más extensos hablan de varias decenas de obras desde el mismo año 1979, empezando con “Alien: The Illustrated Story” de Goodwin y Simonson y multiplicando exponencialmente su producción con la irrupción de Dark Horse Comics a finales de los años ochenta. De hecho, la página web oficial de Dark Horse habla de hasta doscientos cincuenta cómics de “Alien”, incluyendo volúmenes integrales, en tapa blanda, recopilaciones y reediciones.

“Aliens: Más que humanos” (“Aliens: More than humans”) es una obra escrita por John Arcudi (“La Máscara”, “B.P.R.D.”, “Doom Patrol”, “Aliens: Xenogénesis”, “Aliens: Genocidio”, “Aliens: Stronghold”, “Aliens: Alquimia”), dibujada por Zach Howard (“Shaun of the Dead”, “Outer Orbit”), entintada por Mark Irwin (“X-Men: La Era de Apocalipsis”, “Batman”), coloreada por Wes Dzioba y con la ilustración de portada de Raymond Swanland, una miniserie de cuatro números que publicó Dark Horse Comics en el año 2009, compilada en TPB en el 2010 y que Aleta Ediciones ha publicado en marzo del 2014 en castellano y en un único volumen, que intenta devolver las historias del universo “Alien” a las raíces originales de la saga, profundizando en los aspectos más destacados de la primera película de la franquicia: terror psicológico y personajes que se acercan peligrosamente a la demencia, espacios cerrados que esconden amenazas desconocidas y claustrofobia ante la pesada oscuridad que atenaza a las presas. Sencillamente los miedos más primarios del ser humano, los que padecían los hombres de las cavernas ante el mundo hostil que les esperaba acechando tras las bocas de sus grutas que tan bien supo explotar la película de Ridley Scott.
En este cómic bajaremos desde la oscuridad del espacio a la superficie rojiza del planeta Chione, a un asentamiento minero no autorizado en un mundo desconocido sin explorar. Rico en recursos minerales, los colonos que se han instalado en el planeta han descubierto un inmenso inmenso complejo subterráneo esculpido en roca y cristal que ha despertado su codicia y han desequilibrado su cordura. Para complicar las cosas, en las entrañas del misterioso laberinto reside un horror que ha despertado con la llegada de los humanos, una subespecie de los xenomorfos que antaño diezmaron la tripulación de la Nostromo, que acabaron con todos los habitantes de la colonia en el planetoide LV-426, los prisioneros de la colonia penal siderúrgica del planeta Fury 161 o los tripulantes de la nave militar USM Auriga, en las cuatro películas de la saga (“Alien, el octavo pasajero”, “Aliens, el regreso”, “Alien 3” y “Alien: Resurrección”). Para sobrevivir y mantener su asidero con la realidad, los mineros deberán confiar su destino a una forma de vida artificial, un androide llamado David Sereda, que no es plenamente funcional.
En esta ocasión, merece la pena señalarlo, aunque la historia de Arcudi es fiel a los conceptos básicos de la franquicia y el cánon establecido que antes ya hemos mencionado (oscuridad, claustrofobia, terror psicológico,…) los xenomorfos antagonistas de los humanos son más débiles que sus parientes, y aunque su sangre sigue siendo un poderoso y mortal ácido, la mandíbula y la boca interna de la criatura son una terrorífica arma de ataque, o sus garras y su cola afilada son la sentencia de muerte para cualquier rival, las armas de fuego de los colonos mineros solamente necesitan de un disparo certero para terminar con ellos.

Es evidente que este cómic de Aleta Ediciones será una lectura amena para quienes esten dispuestos, deseosos incluso, de ampliar los horizontes de la saga cinematográfica iniciada por Ridley Scott y desarrollada por James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet. Por el contrario, será simplemente una historia al margen para los habituales a los cómics de “Aliens” de Dark Horse Comics, pues no tiene continuidad con ninguna de sus obras precedentes. Y para quienes no conozcan el universo de “Alien” tampoco es una mala elección, puesto que no es necesario ningún conocimiento previo de la franquicia para disfrutar de este de cómic de John Arcudi y Zack Howard. Pero, en conclusión, es un déjà vu: no aporta nada nuevo y lo que nos ofrece no es más que una simple variante de lo que ya nos habían contado con anterioridad en cuatro películas, dos crossovers, una precuela, varios videojuegos y decenas de cómics. ¿Fórmula agotada?

Aliens: Más que humanos.
Guión: John Arcudi
Dibujo: Zack Howard
Título original: Aliens: More than humans
ISBN: 978-84-16074-07-5
Formato: Cartoné. Color
Páginas: 104
Precio: 14,95 euros