Mezclar el western con los sobrenatural no es algo demasiado original, pero cuando el resultado final es como el obtenido por Éric Hérenguel en «Luna de plata sobre Providence«… entonces no queda otra que quitarse el sombrero, cowboy.

Luna-de-plataLuna de plata sobre Providence
Edición original: Lune d’argent sur Providence FRA
Guión: Éric Hérenguel
Dibujo: Éric Hérenguel
Color: Éric Hérenguel
Formato: Libro rústica, 136 págs. a color.
30€

1880, Providence, New Hampshire. Un pueblo en la costa Este de los Estados Unidos, tan hermoso que apetece tumbarse a la sombra de los sicomoros… ¡si no fuese porque sus habitantes tienen la tendencia a morir de forma violenta!

Hace tiempo que los vecinos de Providence buscan la protección de sus armas. ¿De quién se protegen? ¿Por qué son ellos sus víctimas? Solo un hombre parece tener la clave para devolver la paz a este pueblo. Ahora el sheriff James Stuart tiene una sola misión: descubrir al hombre o la bestia que está provocando todas las muertes.

El género del western tiene un atractivo innegable, puede que ya no se sitúe entre los Grandes Gustos del Público Mayoritario, pero su inmersión en la cultura popular es absoluta, las referencias a película conocidas hacen que no sea necesaria la cita. Desgraciadamente el gran público le dio la espalda a un género que evidenciaba ciertas dosis de agotamiento tras la sobreexplotación vivida, aún así genios como Robert Zemeckis en Regreso al Futuro III (es una de mis trilogías favoritas, no quiero oir ninguna risita, ¿vale Noren?) nos mostraron que el western era flexible a la mezcla de géneros, a una cierta bastardización que nos ofrecía un western mejor, renovado. Así, de vez en cuando, hemos visto como “fusiones” del western con otros géneros nos ofrecían unos resultados óptimos. Y eso por no hablar de todas esas historias como JustifiedSupernatural que deben tanto, o más, al western que al género de terror.

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El mundo del cómic también tiene ejemplos de esta “bastadización” del western, tanto en el mercado americano, como por ejemplo en Desperadoes, con un John Cassaday que comenzó a despuntar a lo bestia, como en la BD, aquí tomaremos como ejemplo W.E.S.T. de Dorison y Rossi. Son sólo dos ejemplos, pero que demuestran que con calidad y tesón el western puede ofrecer títulos realmente interesantes.

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Yermo Ediciones publicó, en un integral, otro claro ejemplo de que el western “bastardo” es una opción más que válida y que, además, nos ofrece momentos memorables. Estoy hablando de Luna de plata sobre Providence, un trabajo de Éric Hérenguel, en el que el western se bastardiza con el género supernatural con toques de América Profunda y en el que bien podemos estar en un mundo similar al de Jim Cutlass o en el pasado del mundo de los hermanos Winchester (Supernatural). La magia está en que Hérenguel ha dedicado un grandísimo esfuerzo en Luna de plata sobre Providence y en ofrecernos un dibujo espectacular y detallista, donde los personajes cobran vida y donde el incierto destino de los habitantes de Providence depende de la actuación de una mujer, que no es lo que parece, y de un sheriff, que es exactamente lo que parece: un decente hombre de ley.

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Así, James y Cathy, se unirán en busca del culpable de los terribles asesinatos que sacuden Providence, descubriendo más sobre ellos mismos, sobre el pueblo y sobre los asesinatos, mientras avanza la trama y Providence se descubre como una ciudad temerosa y dispuesta a abrazar cualquier solución, por sangrienta que sea, a un enigma en el que el diablo parece ter mucho que ver en una historia en la que, cómo no, todo comienza de la forma más natural y tranquila posible hasta complicarse irremediablemente.

En su momento Luna de plata sobre Providence se me pasó por alto, no me detuve a echarle un vistazo siquiera, quizás pensando que no sería otra cosa que un sosías de Blueberry (cómo si eso pudiese ser poca cosa si se acerca los niveles de Charlier y Giraud, lo sé, lo sé, ese día debía de tener fiebre o algo) pero hace poco tuve la oportunidad de leerlo y el trabajo de Hérenguel me deslumbró. No sólo por el detalle con el que ha construido la trama, sino por el detalle con el que afrontó el dibujo, un verdadero artista que no deja el más mínimo aspecto del dibujo al azar y que da el do de pecho en Luna de plata sobre Providence. Es una maravilla contemplar sus planchas y sentirse trasladado a la América de 1880, una inmersión maravillosa, ya sea con acuarelas o digitalmente, el trabajo es espectacular y el color aún lo potencia más. Detenerse en cada viñeta es algo obligado y es que Hérenguel se las apaña para utilizar la paleta de colores para transmitir serenidad, nerviosismo, terror…

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Tampoco sería justo no hablar de la grandísima edición de Yermo, para empezar por tomar la decisión de publicar Luna de plata sobre Providence, pero además porque el publicarlo de forma íntegra, sino por incluir el postfacio en el que Hérenguel nos habla, con absoluto amor, de su padre y de su amor por el western, de cómo fue su padre quien inspiró unos trabajos tan detallados o, también, de cuáles fueron sus influencias.

En definitiva, Luna de plata sobre Providence es una auténtica delicia, un trabajo de Artista en del que saco una conclusión: hay que echar un ojo a todo trabajo de Éric Hérenguel, y, también, un impulso por volver a ver algún capítulo de Supernatural… y alguna peli del Oeste.