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A lo largo de los últimos años Christopher Nolan se ha labrado el estatus de ser el director más innovador de Hollywood, y películas como la trilogía de Batman, «Origen«, «Interestellar«, «El truco final» o «TENET» son una clara demostración de su talento y su originalidad, y de que estamos delante de uno de los soñadores más creativos de Hollywood. Tiene una fórmula personal e intransferible que se está convirtiendo en una marca de estilo. Su cine es monumental, grandilocuente y busca el impacto anímico en el espectador. En la mayoría de sus trabajos el director ofrece un espectáculo visual brillante que propone un mucho y que, a su vez, exige un mínimo de atención y predisposición al espectador. Esto era algo que ya se nos pedía en «Memento«, que sigue siendo una de sus mejores películas.

La amnesia, total o parcial, ha sido un recurso argumental muy utilizado por los escritores y los guionistas de cine y televisión. El olvido, las lagunas en la memoria, esos hechos ocurridos pero borrados de la mente del protagonista que deben vivirse (y narrarse) de nuevo para que el lector los descubra son una rica fuente de argumentos, historias y aventuras. Sobre esa premisa se apoya «Memento«, la segunda película de Christopher Nolan como director, escrita con su hermano Jonathan Nolan a partir del relato breve «Memento mori» escrito por el propio Jonathan y que fue publicado después de que se estrenara la película, que nos contó como Leonard Selby, aunque tiene el aspecto de un hombre de negocios de éxito, ha consagrado su existencia a una venganza. Busca con ahínco y sin pausa al hombre que violó y asesinó a su mujer, pero su tarea es muy complicada, ya que sufre una incurable y extraña forma de amnesia: puede recordar detalles de su vida anterior a la pérdida de su esposa pero no lo que ha hecho hace apenas quince minutos. Para superar sus limitaciones recorre a fotografías y las notas que tiene tatuadas en su cuerpo.

Protagonizada por Carrie-Anne Moss, Guy Pearce, Joe Pantoliano, Mark Boone Junior, Stephen Tobolowsky, Jorja Fox y Rade Serbedzija, entre otros, rodada en menos de un mes y con un ajustado desembolso inicial de nueve millones de dólares (ajustado en comparación con la mayoría de presupuestos que se manejan en Hollywood, por supuesto), la audaz trama de «Memento» no es lo único sorprendente de la película: su montaje y su estructura, tan original como atípica, está construida a base de flashbacks, analepsis y prolepsis, que nos hacen retroceder en el tiempo. Como decíamos al principio, tal y como sucedía en «Origen» o «Interestellar«, los hermanos Nolan obligan al espectador a trabajar. Eso significa que el espectador vive con angustia la misma sensación de desorientación del protagonista amnésico, y debe ir encajando las piezas del puzzle con enorme dificultad a medida que avanza el metraje. Invertir el orden cronológico de la película y fragmentarlo en pedazos tiene todo su sentido cuando uno llega al desenlace, uno de los más sorprendentes de la historia del cine.

La película, merecidamente, se llevó dos nominaciones a los Oscars: mejor guión original y mejor montaje. No se llevó ninguno, pero puso a Christopher Nolan en el centro de atención, significó el punto de inflexión en la carrera del cineasta y le abrió las puertas de Hollywood.

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