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Es inevitable asociar a Sam Peckinpah, responsable de obras maestras del séptimo arte como “Grupo salvaje“, “Quiero la cabeza de Alfredo García” o “Duelo en la alta sierra“, con su particular estilo sucio y polvoriento, con el violento México fronterizo sin ley y sin esperanza, con un universo de perdedores e indeseables, personas sin alma y sin humanidad. Inevitable porqué su obra fue sorprendentemente corta (apenas catorce películas en veinte años) y muchas de ellas son westerns que suceden en lugares donde el bien y el mal se confunden porque la civilización aún está asentándose. Pero el director, fallecido en diciembre de 1984, tuvo tiempo suficiente para revolucionar el western con sus films desencantados, melancólicos, crudos, violentos, poéticos y crepusculares.

Grupo Salvaje” (“The wild bunch“), protagonizada por Ben Johnson, Edmond O’Brien, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Warren Oates, William Holden, Bo Hopkins y Emilio Fernández, entre otros, nos contó la historia de una banda de forajidos de Pike que, disfrazados con unos uniformes de militares, acuden a San Rafael, una pequeña ciudad en la frontera de Texas, dispuestos a asaltar el banco local. Pero Deke Thronton, un antiguo cómplice del grupo de bandidos que ahora trabaja al servicio de la compañía del ferrocarril, les tiende una emboscada. Cuando Pike y los suyos se dan cuenta, ya es demasiado tarde.

Esta película está considerada la obra maestra de Sam Peckinpah y supone ella sola la desmitificación del western. Su canto del cisne. Es la gran historia del llamado ‘western crepuscular’, aquel que cuestiona el mito clásico y romántico del Lejano Oeste, donde la figura del héroe no tiene lugar. El que pone el foco en las sombras de la conquista del oeste, que reflexiona con cinismo, crudeza y severidad sobre un tiempo de conflicto, desorden y violencia. En “Grupo Salvaje” Peckinpah sintetiza todo aquello que alimentan sus películas, desde la amistad traicionada hasta los forajidos desarraigados, pasando por la fidelidad del grupo y un mundo cruel.

El director nos cuenta el último baile de estos veteranos bandidos que se ven acorralados por unos cazadores de recompensas y el ejército mexicano con su estilo particular, esas escenas relantizadas y en cámara lenta cuándo es necesario, el montaje fragmentado, planos frenéticos (la película cuenta con más de 2.700 cortes,que significa una media de duración de plano de apenas 3 segundos), el uso del formato panorámico y la violencia desatada.

Sin “Grupo Salvaje” y Sam Peckinpah no habría Quentin Tarantino, ni Brian de Palma, ni Martin Scorsese.

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