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A veces solemos olvidar que la filmografía de Sam Peckinpah, responsable de obras maestras del séptimo arte como «Grupo salvaje«, «Quiero la cabeza de Alfredo García«, «La huida» o «Perros de paja» fue sorprendentemente corta: apenas catorce películas en veinte años. Pero el director, fallecido en diciembre de 1984, tuvo tiempo suficiente para dejar huella con sus thrillers y sus westerns, con sus films desencantados, melancólicos, crudos, violentos, poéticos y crepusculares protagonizados por perdedores e indeseables, personas sin alma y sin humanidad. Nos dio tanto en tan poco tiempo que sorprende.

En el caso de «Perros de paja«, una película que adapta a la gran pantalla de la novela «The Siege of Trencher’s Farm» de Gordon M. Williams, la función narra el proceso de transformación, de degradación y corrupción, de un pacífico, amedrentado e inofensivo Dustin Hoffman en un vengativo y sangriento asesino después de verse sometido a una situación límite y cuando decida tomarse la justicia por su mano. Como en la mayoría de películas de Sam Peckinpah, la violencia es la respuesta. O dicho de otra manera, que hasta el pacifista más convencido puede ejercer la violencia cuando es sometido a condiciones extremas.

Protagonizada por el mencionado Dustin Hoffman, David Warner, Peter Arne, Peter Vaughan, Susan George y T. P. McKenna, «Perros de paja» («Straw Dogs«) nos cuenta como un joven matrimonio norteamericano llega a un aislado pueblo del norte de Inglaterra. David Sumner es un astrofísico que ha huido para no combatir en Vietnam y que quiere trabajar tranquilo y Amy, su bella esposa, es natural del lugar. La joven esposa va a desatar las pasiones de los rudos campesinos hasta que estalle la violencia.

«Perros de paja» es una película dura y violenta, que produce turbación y una profunda incomodidad en el espectador. De hecho la historia es una olla a presión a punto de estallar… hasta que estalla. Lo que también se puede decir de ella es que es misógina, aunque juzgando el film según los criterios del siglo XXI, pues el trato a los personajes femeninos es cruel y Peckinpah las retrata como nocivas, caprichosas y traidoras.

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