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Hubo un tiempo, allá por los años ochenta, en que acudir al cine era sinónimo de magia. Las películas que proyectaban en analógico nos hacían soñar, incluso días después de verlas. Esas películas marcaron a toda una generación de niños y jóvenes, que crecieron con juegos de guerra, luchando con espadas láser en galaxias muy muy lejanas, evitando que un gremlin coma después de medianoche, acompañando a arqueólogos en busca de arcas perdidas y templos malditos, regresando al futuro, cazando replicantes, buscando a Sarah Connor,…

Gremlins” fue, sin la menor duda, una de las películas insignia del cine de los años ochenta. Con Joe Dante como director, Chris Columbus como guionista, Jerry Goldsmith encargado de la banda sonora y Steven Spielberg como productor, fue una de las películas más divertidas e ingeniosas de la década protagonizada por unas adorables criaturas que, si incumplías tres sencillas reglas, se transforman en monstruos incontrolables. Sí, tener una mascota es una gran responsabilidad, y has de cuidarla y quererla sin despistarte.

Pese a que la película no era para nada una película infantil, por las escenas violentas y terroríficas que provocaron más de una pesadilla, fue un éxito tan grande que era imposible renunciar a la secuela, que no llegó a las salas de cine hasta el año 1990. Dirigida de nuevo por Joe Dante, protagonizada por Christopher Lee, John Glover, Keye Luke, Phoebe Cates, Robert Prosky y Zach Galligan, “Gremlins 2: La nueva generación” es una película reivindicable, más maliciosa y retorcida que su predecesora, pero que funcionó peor en las salas de cine, recaudando a duras penas una cuarta parte de lo que sumó su antecesora.

El protagonista de la función vuelve a ser Gizmo, un Mogwai (en cantonés: espiritu maligno), una peculiar mascota que se si en la primera película se convertía en la pesadilla navideña de toda una ciudad al incumplir sus propietarios las tres reglas básicas (“Manténgalo lejos de las luces brillantes. Nunca lo moje. Y lo más importante, por mucho que llore, por mucho que suplique, nunca, nunca debe comer después de medianoche“) en la segunda entrega regresará con Billy y su novia Kate Beringer, que ahora viven en Nueva York, tras la muerte del dueño de Gizmo, Mr. Wing. Tras la muerte del anciano un magnate desalmado (una versión descafeinada del odiado Donald Trump) y su malvado científico secuestrarán al Mogwai con malas intenciones, y el resultado será inevitable: se mojará, se multiplicará y sus hermanos mutarán en forma de monstruos, un montón de auténticos gamberros hijosdeputa sueltos para desatar el caos.

Las dos entregas de “Gremlins” son, seguramente, las películas más conocidas de Joe Dante, un artesano del cine fantástico. Responsable de otras joyas de los años ochenta además de “Gremlins”, como “Exploradores“, “El chip prodigioso“, “No matarás… al vecino“, o “Pequeños guerreros“, el cineasta de New Jersey cuenta con una carrera repleta de films de auténtico culto que se podría decir que eran películas de miedo pensadas para un público que ya no son niños pero tampoco aún adolescentes. Esa tierra de nadie complicada. La premisa de Dante para hacer cine era bien sencilla: “Si tienes una habitación a oscuras y no te digo o enseño qué hay ahí, tu imaginación va a llenarla siempre de algo mucho más terrorífico de lo que yo pueda encerrar en ella.

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Where to watch Gremlins 2