linea_separadora

Una de las escenas más famosas de la historia del cine tiene lugar en el cementerio de Sad Hill. Con la inolvidable música de Ennio Morricone sonando de fondo, Elli Wallach, Clint Eastwood y Lee Van Cleef se enfrentan en un mítico duelo a tres bandas en el círculo central del camposanto. Los primeros planos, la tensión, las manos junto a las pistolas enfundadas, las miradas cruzadas, la música,… El desenlace de «El bueno, el feo y el malo» lo convierten en uno de los grandes clásicos del western, en una época en la que el género estaba ya bajando la persiana.

Hay un capítulo de la historia del western cinematográfico dedicado exclusivamente al director Sergio Leone. Nacido en Roma en 1929, hijo de un director de cine y de una actriz, compañero de pupitre de Ennio Morricone, Leone revolucionó el western con un puñado de títulos legendarios con un estilo propio que marcó tendencia, con el polvo, el espíritu crepuscular y la violencia descarnada como sellos de identidad. Su irrupción en el género, tras un paso olvidable por el peplum, fue espectacular. «Por un puñado de dólares» (1964) fue un inesperado éxito de crítica y de público con el que aposentó las bases de su estilo, el llamado ‘spaghetti western‘, que puliría hasta la excelencia en los dos episodios siguientes de la llamada Trilogía de Dólar: «La muerte tenía un precio» (1965) y «El bueno, el feo y el malo» (1966). Curiosamente «El bueno, el feo y el malo» sería una precuela de las otras dos pues al final del film el personaje interpretado por Clint Eastwood se compra el mítico poncho y que lucirá después en las dos siguientes películas.

Dirigida por Sergio Leone, con un guion del propio Leone junto a Agenori Incrocci, Furio Scarpelli y Luciano Vincenzoni, y protagonizada por Clint Eastwood, Eli Wallach, Lee Van Cleef, Luigi Pistilli, Rada Rassimov y Aldo Giuffrè, entre otros, «El bueno, el feo y el malo» («Il buono, il brutto, il cattivo«) nos contaba como, durante la Guerra Civil americana, tres hombres van en busca de 200.000 dólares en monedas de oro del ejército confederado que se encuentra escondido en un cofre en algun lugar del oeste. Son un cazarrecompensas, un asesino a sueldo y un ladrón. El Bueno y el Feo conocen una pista para localizar el tesoro, cada uno de ellos tiene una parte del puzzle, pero ninguno lo sabe todo y por eso se necesitan mutuamente para encontrar el tesoro.

Y, por supuesto, es necesario mencionar la mítica banda sonora de Ennio Morricone. No sería la misma película sin su música. El tema principal, que imita el aullido de un coyote, es una sencilla melodía de dos notas que se toca con un instrumento diferente para cada personaje: flauta para el Bueno, voces para el Feo y ocarina para el Malo.

En octubre de 2015, un reducido grupo de fans de la película fueron convocados a la localización de la escena final de la película, el cementerio de Sad Hill, que en realidad estaba en Burgos. En Santo Domingo de Silos, en la peña del Carazo, junto al río Arlanza. Casi cincuenta años después del rodaje del mítico film de Sergio Leone, pretendían desenterrar y devolver el esplendor al mítico cementerio cinematográfico, y Guillermo de Oliveira documentó su esfuerzo en el documental «Desenterrando Sad Hill«. Una curiosidad muy recomendable.

linea_separadora

Where to watch El Bueno, el Feo y el Malo