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Hay un capítulo de la historia del western cinematográfico dedicado exclusivamente al director Sergio Leone. Nacido en Roma en 1929, hijo de un director de cine y de una actriz, compañero de pupitre de Ennio Morricone, Leone revolucionó el western con un puñado de títulos legendarios con un estilo propio que marcó tendencia, con el polvo, el espíritu crepuscular y la violencia descarnada como sellos de identidad. Su irrupción en el género, tras un paso olvidable por el peplum, fue espectacular. «Por un puñado de dólares» (1964) fue un inesperado éxito de crítica y de público con el que aposentó las bases de su estilo, el llamado ‘spaghetti western‘, que puliría hasta la excelencia en los dos episodios siguientes de la llamada Trilogía de Dólar: «La muerte tenía un precio» (1965) y «El Bueno, el Feo y el Malo» (1966).

Protagonizada por Clint Eastwood, Lee Van Cleef, Gian Maria Volonte, Mara Krup, Luigi Pistilli, Klaus Kinski, Josef Egger, Panos Papadopoulos, Benito Stefsnelli, Robert Camardiel, Aldo Sambrell y Luis Rodríguez, entre otros, «La muerte tenía un precio» («Per qualche dollaro in più«) nos presentaba a El Manco y el coronel Douglas Mortimer, cazarrecompensas y eternos rivales, que unen sus esfuerzos para perseguir al despiadado asesino El Indio, que ha escapado de la prisión gracias a su banda de forajidos. Su intención es repartirse los beneficios de la recompensa. Uno es cínico e interesado, y rápido con el revólver, mientras que el otro lleva una vida repleta de decepciones y es muy calculador. Por su parte El Indio planea robar el banco de El Paso, que tiene una caja fuerte con «casi un millón de dólares«. El plan de los dos cazarrecompensas es que El Manco se infiltre en la banda mediante la liberación de un amigo de El indio, encarcelado en la prisión de Álamo Gordo.

«La muerte tenía un precio» es la segunda entrega de la Trilogía de Dólar y, junto a «El Imperio Contraataca«, la prueba de que hay segundas partes buenas. Coproducida entre Italia, España y Alemania, fue rodada entre Madrid, Almería y Roma. El diseñador de producción Carlo Simi construyó el pueblo de El Paso en el desierto de Almería, que todavía sigue en pie y es uno de los destinos turísticos de esa zona de Andalucía, mientras que el pueblo de Agua Caliente es en realidad Albaricoques, perteneciente al municipio de Níjar. Los interiores se rodaron en los estudios Cinecittà de Roma.

Y, por supuesto, es necesario mencionar la mítica banda sonora de Ennio Morricone, con el silbido agudo y solista más reconocible de la historia del cine. El hombre tras el silbido, para quien no lo sepa, era Alessandro Alessandroni.

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Where to watch La muerte tenía un precio