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El western es un género esencial en la historia del cine pero, curiosamente, la historia de la humanidad solamente reseva un rincón pequeño, corto en el tiempo y diminuto en el espacio, a la conquista de los territorios inexplorados o indómitos al oeste del subcontinente norteamericano por parte de los colonos europeos independizados. Conquista, expansión, colonización o invasión, según quién cuente la historia de la exploración y el desarrollo del territorio occidental de los Estados Unidos (popularmente conocido como el Old West, el Wild West, el Far West o incluso The Frontier) durante el siglo XIX, y según el papel que se quiera reservar en el relato a los nativos indígenas de aquellas tierras.

«El jinete pálido» («Pale Rider«), una película dirigida y protagonizada por Clint Eastwood a partir de un guión de Michael Butler y Dennis Shryack, se enmarcaría dentro del subgénero conocido como el western crepuscular, que suele hablar con nostalgia y toques de romanticismo sobre el fin de esa época, muy lejos del western épico y aventurero de los clásicos como John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann, Raoul Walsh, Fred Zinnemann o Nicholas Ray, y alejado también del spaghetti-western de Sergio Leone o del chili-western mejicano, y puso el centro de atención en un Eastwood que retornó al wéstern tras casi veinte años alejado, concretamente desde que rodase «El fuera de la ley«, y fue el anticipo de la siguiente obra maestra de Eastwood dentro del género: «Sin perdón«.

La película, inspirada en «Raíces profundas» de George Stevens y el Shane de Alan Ladd, contaba como un grupo de buscadores de oro y sus familias son hostigados por una poderosa compañía minera que quiere echarles de sus tierras puesto que los colonos se niegan a vendérselas. Es entonces cuando aparece en sus vidas un misterioso hombre sin nombre, conocido como «El Predicador», quién llega hasta ellos en el momento de dificultad para ayudarles como si fuese un espíritu vengador encarnado en hombre. Las palabras de la Biblia que le reciben, de un pasaje del Apocalipsis, son todo un anticipo del rol de Eastwood y su misterioso origen: «Y divisé un caballo pálido, y el nombre de su jinete era muerte, y el infierno le seguía«.

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