En la historia de Gran Bretaña no abundan los héroes. Sus personajes históricos más destacados y sus figuras legendarias son, en su mayoría, ambiguos y llenos de sombras. Francis Drake fue un corsario y traficante de esclavos; el futbolista del Manchester United George Best, un borracho; Ricardo Corazón de León fue derrotado en el campo de batalla por Saladino; y William Wallace… era escocés. Ni siquiera el mismísimo rey Arturo puede esgrimirse como un símbolo sin mácula, aunque su leyenda se considera uno de los mitos fundacionales de la nación.
Merlín, un viejo druida visionario… pero no infalible. Uther Pendragón, un muchacho joven y fuerte que debe aprender a convertirse en un rey de verdad. Igraine, una mujer consumida por sus convicciones religiosas. Gorlois, un hombre sádico y perverso, esclavo de Dios y verdugo de su propia esposa. Y Morgana, una niña adorable capaz de ver cosas que nadie más puede ver, ni siquiera Merlín… una niña que sufre por el hecho de saber que llegará a ser el epítome del mal.
La leyenda del rey Arturo y sus caballeros hunde sus raíces en tiempos remotos, hasta el siglo I d. C., en la época de la dominación romana de Britania y los enfrentamientos de los invasores con pictos, escotos y sajones. Por ello, tras siglos de tradición, tanto la historia como sus personajes han experimentado numerosas y significativas transformaciones con el paso del tiempo. Los relatos sobre el rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, la mítica ciudad de Camelot, la traición de la reina Ginebra y del caballero Lancelot, la búsqueda del Santo Grial, la perfidia de Morgana Le Fay y la guerra contra Mordred, los poderes de Merlín, la artimaña de Uther Pendragon para poseer a Igraine y concebir a Arturo, la espada Excalibur y la Dama del Lago… constituyen algunas de las historias más célebres de la literatura universal. De ellas han surgido innumerables versiones del mito: algunas intentan acercarse a una hipotética base histórica, mientras que otras se aventuran sin reparos en territorios fantásticos con el mito artúrico por estandarte. De hecho, los historiadores sostienen que, aunque la historia del rey Arturo es solo una leyenda, probablemente se inspire en un héroe real: un hombre que vivió poco después de que las legiones romanas abandonaran las islas británicas, cuando los pueblos bárbaros comenzaban a descender hacia el sur.
El guionista Jean-Luc Istin y el dibujante Alain Brion, ambos franceses, toman las leyendas artúricas y las deconstruyen, ladrillo a ladrillo, para recomponerlas desde sus cimientos, como si levantaran un nuevo edificio. No se trata aquí de coronas relucientes, palacios cubiertos de tapices multicolores ni gestos nobles e inmortales de caballeros de brillante armadura, sino de individuos movidos por pasiones, deseos y ambiciones… y las inevitables consecuencias de todo ello. Los cinco tomos de «Crónicas de Excálibur» («Excalibur Chroniques«), que Yermo Ediciones ha reunido en un espectacular volumen integral, funcionan como un estudio más realista que la mayoría de los cómics de temática artúrica, al poner el foco en la generación anterior al rey Arturo Pendragon: un tapiz de intrigas dinásticas, violencia ritual y pequeñas decisiones que, lentamente, modelan el futuro y los mitos por venir.
La edición integral publicada en castellano por Yermo Ediciones recopila esos cinco episodios, titulados «Pendragón«, «Cernunnos«, «Luchar«, «Patricio» y «Morgana«, en un solo volumen, lo que permite leer la trama como un arco narrativo continuo y compacto. Es lo lógico, pues el argumento de la serie no entiende de interrupciones. El relato concentra su atención en personajes que suelen ser secundarios en otras versiones del mito artúrico, o que simplemente no forman parte de él: Uther Pendragon es aquí un joven arrogante que necesita guía y aprender a moderar sus pasiones; Igraine aparece como una mujer herida y atrapada, con convicciones que no encajan en la imagen tradicional del simple objeto de deseo de Uther; Morgana es una niña —hija de Igraine y nieta de Merlín— con una mirada temprana e incómoda sobre el mundo; y Merlín, un viejo druida poderoso y visionario, aunque falible. También el sádico caudillo Luchar, su demente hijo Natre, el gigante Gangorn, el sacerdote Patricio, el señor Uriens que se convertirá en tutor de Arturo, la sacerdotisa Viviana y las damas de Avalon,… Esa reubicación del foco transforma el ciclo artúrico en una versión artúrica de «Juego de Tronos» donde las lealtades cambian y los grandes gestos míticos como la entrega de Excalibur, la concepción de Arturo, el Grial o el desencuentro de Morgana con Merlín parecen las consecuencias inevitables de luchas muy humanas y demasiado terrenales.
La obra empieza con el mago Merlín recibiendo la legendaria espada Excálibur de manos de la Dama del Lago. Una espada capaz de dar la victoria al guerrero que la esgrima y que Merlín decide entregar a Uther Pendragón, el líder de los britanos, con la condición de que la use para conseguir la unión de todos los pueblos de Bretaña. Excálibur es una espada para construir, y no para destruir, le dice. Es el primer paso de una serie de acontecimientos que cambiarán para siempre la historia de la isla, pero tomando un camino lleno de curvas, agujeros y piedras, pues las fuerzas que se oponen a los druidas de Avalón son muchas, poderosas y peligrosas, como el predicador cristiano Patricio, Gorlois de Cornualles, el Dios Ciervo Cernunnos o el rey Luchar, que regarán el reino con sangre pero que también lo llevarán a su destino. Y a un final inesperado que contradice todas las leyendas que se han contado.
La historia nos cuenta que Gran Bretaña ha vivido inmersa en guerras, guerras civiles, invasiones, colonizaciones, batallas, revueltas y conflictos bélicos de todo tipo que han enfrentado sus habitantes a romanos, celtas, anglos, jutos, sajones, escoceses, normandos, vikingos, franceses, españoles y alemanes, entre muchos otros. En un lugar en conflicto permanente es lógico que surjan héroes, heroínas y símbolos nacionales que, idealizados por sus conciudadanos, se conviertan en referentes históricos o en leyendas, pero como en las islas británicas el conflicto a menudo ha sido interno, los héroes de un bando eran los villanos del otro, y viceversa. En este contexto es inevitable que El guion de Jean-Luc Istin alterne pasajes de política, donde se forjan alianzas, se ejecutan traiciones y se buscan venganzas, con escenas más íntimas que explican por qué ciertos personajes tomarán, años después, caminos trágicos o legendarios. Esta mezcla produce una sensación constante de fatalidad: los hechos pequeños (una mentira, un ajuste de cuentas, un trato con lo sobrenatural) reverberan y acaban forjando destinos. En ese sentido, «Crónicas de Excálibur» atrapa al lector porqué pone su atención en todo aquello que antecede a la leyenda que conocemos.
Por su parte, el dibujo de Alain Brion da forma a las ideas de Jean-Luc Istin a partir de una paleta de colores y unas texturas que oscilan entre lo pictórico y lo áspero, con un aspecto que a veces parece hecho con acuarelas de colores oscuros y otras con pincel y tinta. El dibujo, y el color, son humildes y sirven al tono sobrio del relato: no hay épica pomposa, ni el brillo de la armadura bruñida, sino atmósferas húmedas y castillos de piedra fría envueltos por la niebla británica. No hay glorificación del heroísmo como en las películas de «El Rey Arturo«, «Excálibur» o «Camelot«, sino escenas que se asientan en el barro, el frío y el cansancio, y cimientan la idea de que el relato se levanta entre la reconstrucción histórica y la fábula.
En resumen, los cinco capítulos del integral de «Crónicas de Excálibur» que nos ha ofrecido Yermo Ediciones no solo reescriben la leyenda artúrica que todos conocemos sino que la recomponen, dando una forma distinta al mito, mostrándonos cómo la historia (y la leyenda) nace de heridas sin curar, de traiciones sin vengar, de pactos imposibles de cumplir, de alianzas frágiles y de decisiones pequeñas que crecen, como una bola de nieve deslizándose ladera abajo, hasta volverse imparables.
Crónicas de Excálibur (Integral)
Guion: Jean-Luc Istin
Dibujo: Alain Brion
Edición original: Excalibur Chroniques #1 a 5
Formato: 21,6×30,0cm. Cartoné. Color
Páginas: 284
Precio: 45,00 euros











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