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La leyenda de la espada Excálibur es uno de los mitos más populares de la civilización occidental, y sus raíces se remontan a la dominación romana en Britannia. Se suele señalar como responsable de la difusión del mito al clérigo galés Geoffrey de Monmouth, quién en el año 1138, en su «Historia Regum Britanniae» que tomaba prestados muchos datos de la «Historia Brittonum» del siglo IX y los «Annales Cambriae» del siglo X, dió forma a la mitología artúrica. Es aquí donde por primera vez se habló de la espada empuñada por el primer rey de los britanos, pero no se menciona que ésta se liberase de una piedra o que Nimue, la Dama del Lago, tuviese algo que ver con ello. Una de las teorías más aceptadas es que el nombre de Excálibur proviene del latín ex calce liberatus, algo así como la que fue «liberada de la piedra«.

La película «Excálibur» de John Boorman es, quizás, una de las que mejor trasladó la leyenda del Rey Arturo a la gran pantalla. En ella se nos contaba como en los bosques que rodean el castillo de Tintagel, Uther Pendragon, tras una larga y cruenta guerra, le ruega al mago Merlín que le con sus hechizos le consiga la seducción de la mujer del Duque de Cornwall. Merlín accede a sus deseos, pero con la condición de que el fruto de su lujuria sea para él. Esa misma noche, Arturo es concebido y el destino le reserva la corona de Inglaterra.
Años después el joven Arturo está al cuidado del señor de Avilion, a quién fue entregado por el misterioso mago Merlín. Cuando se corre la voz de una espada hendida en la piedra, que otorga a quien la libere el poder sobre toda Britania, los mejores caballeros del reino acuden a probar suerte. Una serie de fortuitas coincidencias acaban con el joven Arturo empuñando el pomo de la espada y, para asombro de todos, liberándola sin esfuerzo. Excálibur ha sido liberada de su prisión de piedra, y ya nada será igual en Inglaterra.

La leyenda del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda se representa en esta cautivadora versión cinematográfica del mito del director John Boorman, que tomó como referencia para su película el romance del siglo XV «Le Morte d’Arthur«, de Sir Thomas Malory. John Boorman desarrolló este proyecto tras su fallido intento de llevar «El Señor de los Anillos» de J.R.R. Tolkien a la gran pantalla (que finalmente acabaría en forma de película animada dirigida por Ralph Bakshi) y que su propuesta estuvo muy influenciada por los diseños y la escenografía que había imaginado para la película que no llegó a hacer.
Protagonizada por Nicol Williamson, Nigel Terry, Cherie Lunghi, Nicholas Clay, Helen Mirren, Paul Geoffrey, Gabriel Byrne, Robert Addie, Liam Neeson, Patrick Stewart, Clive Swift, Niall O’Brien, Corin Redgrave, Keith Buckley, Charley Boorman y Ciarán Hinds, entre otros. Todos los elementos y el trasfondo de la leyenda se encuentran presentes en la pantalla, así como la aventura y la acción representados en las impresionantes secuencias de batallas: el joven caballero Arturo coronado rey tras extraer de la piedra la espada Excalibur, el nacimiento de la Mesa Redonda cuyos nobles ideales encarna el leal Lancelot, la traición de Lancelot y Ginebra cuando consuman por fin su pasión prohibida, la heroica búsqueda del Grial, la batalla final entre Arturo y su hijo Mordred, y la balanza del poder entre la magia de Merlin y la maldad de Morgana.
No hay que olvidar mencionar la magnífica banda sonora de la película, obra del compositor Trevor Jones, con adaptaciones de composiciones de Richard Wagner como Parsifal, Tristán e Isolda o el Anillo del Nibelungo, y la impresionante y épica «O Fortuna» de Carmina Burana que pone los pelos de punta.

Dicen que al oeste de Lizard Point, el punto más meridional de Gran Bretaña, se extiende una gran barra de arena y justo antes de alcanzarla se halla la Loe Pool. En el oscuro fondo de esta desconocida laguna se halla, según la leyenda, la mágica espada de Excálibur. La espada surgió de las profundidades de esta laguna de la mano de la Dama del Lago y fue entregada a Arturo, y a las mismas aguas fue arrojada de nuevo tras su muerte. Si estáis aburridos y os apetece ser reyes de Gran Bretaña ya sabéis a dónde tenéis que ir.

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