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Los “Critters” fueron la respuesta del cine de terror al adorable peluche llamado Gizmo de “Gremlins“, una versión adulta protagonizada por unos Mogwai que han roto las tres reglas: ha sido expuestos a la luz brillante, se han mojado y han comido después de la medianoche. Lamentablemente la cosa no llegó a ser todo lo que podría haber sido, pues ni fue una película de terror, ni de ciencia-ficción, ni una comedia, y se quedó en poco más que una copia gamberra y mala de la película de Joe Dante. Pese a ello, no es mala idea recuperarla del olvido y dedicarle un visionado.
Debut en la dirección de un Stephen Herek, protagonizada por Billy Green Bush, Dee Wallace-Stone, Don Opper, M. Emmet Walsh, Nadine van der Velde y Scott Grimes, “Critters” nos contaba como ocho peligrosas y hambrientas criaturas que habían escapado de una prisión del espacio exterior donde estaban encarceladas, al estilo Stitch, llegaban al nuestro planeta dispuestas a comerse todo lo que se les pusiera por delante. También humanos, pues cuando el hambre aprieta… En su camino se cruzaba un muchacho asustadizo que trabajaba en una granja de Kansas y dos cazarrecompensas intergalácticos.
Esta modesta película de bajo presupuesto gozó de cierto predicamento entre los aficionados a la serie B de terror de los años ochenta, cosa que dio lugar a tres secuelas en solo cinco años y tres más recientes (“Critters: Bounty Hunter” en 2014, “Critters: Attack!” y “Critters: A New Binge” en 2019). La tercera película de los “Critters” en concreto, que trasladaba la acción a Los Ángeles, significó el primer papel en la gran pantalla para Leonardo DiCaprio.

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