Panini Cómics vuelve a poner en circulación el tomo recopilatorio «Marvels: Código de Honor«, una nueva entrega de ese fenómeno que supuso «Marvels» de Alex Ross y Kurt Busiek, aunque ahora centrada en un policía afroamericano, su vida personal y su «relación» con los prodigios que le rodean, en una aventura que abarca los años setenta y ochenta. Y de propina, «Conspiración«, una despiadada revisión del origen de los superhéroes desde un prisma conspiranoico. ¡Para mear y no echar gota!
¡Servir y proteger en el Universo Marvel! En la tradición de Marvels, Código de Honor sigue el punto de vista de un hombre de la calle, en este caso de un policía de Nueva York, a lo largo de los acontecimientos que moldearon el Universo Marvel durante los años setenta y ochenta: la llegada de Luke Cage, El Castigador o Capa y Puñal, los dinosaurios de La Tierra Salvaje pasean por Manhattan, la saga de Fénix Oscura, el invierno asgardiano o las Guerras Secretas. Además, ¿y si detrás del nacimiento de los prodigios estuviera una compleja conspiración?
En el vasto panteón de cómics que examinan el universo de Marvel Comics desde una lente humana, «Código de Honor» y «Conspiración» forman un tándem curioso, reflexivo y con sabor a años noventa. Panini Cómics reúne ambas miniseries en un solo volumen dentro de su colección Marvels, y aunque ninguna alcanza la estatura artística o emocional de la mítica «Marvels» de Alex Ross y Kurt Busiek o incluso de su segunda parte, sí aportan ángulos singulares a la manera en que los ciudadanos —y, en particular, las instituciones— perciben a los superhéroes. Aquí no se trata tanto de homenajear como de cuestionar, sospechar y maldecir. La mirada es más callejera, más desconfiada, más gris.
Buena parte del tomo está ocupada por «Código de Honor» (1997), una miniserie en cuatro entregas escrita por Chuck Dixon, que pone en el centro a Jeff Piper, un policía de Nueva York de origen afroamericano que ve cómo su vida —personal y profesional— se entrelaza con la aparición recurrente de superhumanos en las calles. Al igual que «Marvels«, esta serie recorre algunos de los momentos del Universo Marvel, que si bien no son memorables, son curiosos, como la crisis de rehenes en la que se implican El Castigador y Spiderman, el enésimo enfrentamiento entre La Cosa y Hulk, la desaparición de los supertipos en las «Secret Wars» y muchos otros menos relevantes (ver al Motorista Fantasma tiene que dar canguele). Todos ellos desde la perspectiva de alguien que tiene que poner orden en el caos diario, y que ve cómo su autoridad se diluye entre capas, rayos y explosiones.
Piper es un personaje bien construido: idealista, comprometido con su barrio y su uniforme, pero cada vez más desilusionado. Su relato se configura como una especie de diario personal en primera persona, que Chuck Dixon utiliza para mostrar la evolución interna de un hombre que cree en la ley, pero se enfrenta a un sistema cada vez más impotente ante la irrupción de seres todopoderosos. Hay ecos de «The Wire«, de «Training Day«, de películas de policías quemados por la calle. La cuestión racial también se plantea con inteligencia, especialmente cuando Jeff Piper ve cómo los medios invisibilizan a los ciudadanos de a pie o glorifican a héroes blancos mientras demonizan a mutantes o a personajes como Luke Cage. La verdad es que me ha parecido una miniserie entretenida. Si te acercas sin grandes expectativas, se disfruta mucho.
Visualmente, «Código de Honor» intenta emular la estética fotorrealista de Alex Ross, pero con resultados irregulares. Los artistas —Tristan Shane, Brad Parker, Vincent Evans, Bob Wakelin, Daerick Gross y Paul Lee— utilizan modelos reales y técnicas de pintura para dotar de realismo a los personajes y escenarios, pero rara vez alcanzan la potencia icónica de Ross. En algunos momentos, los rostros parecen estar a punto de derretirse o quedar atrapados en una extraña rigidez, como si se tratara de una mala captura de vídeo. Sin embargo, en las escenas cotidianas o íntimas, el estilo sí logra transmitir cercanía, casi como si estuviéramos hojeando un álbum de fotos urbanas donde Spider-Man se coló por accidente.
El resto del tomo la ocupa «Conspiracy» (1998), escrita por Dan Abnett con dibujo del excelente Igor Kordey. Y aquí la cosa se pone más extraña. La historia sigue a un periodista, Clifford Bloom, obsesionado con desentrañar una supuesta conspiración que conecta todos los orígenes superheroicos: rayos gamma, picaduras de araña, accidentes con rayos cósmicos… ¿y si nada de eso fuera casual? ¿Y si el gobierno, SHIELD, el Club Fuego Infernal y hasta los propios 4 Fantásticos fueran parte de una tapadera? Sus pesquisas le llevaron a desaparecer. Aquí es donde entra el periodista del Bugle Mark Ewing, que se pone a investigar la desaparición de Cliff y es contactado por un individuo oculto que le da pistas para encontrarlo.
«Conspiracón» funciona como una especie de «Expediente-X» en clave Marvel, y aunque a veces se le va la mano con la paranoia —Bloom parece un cruce entre Mulder y el narrador de «Ruinas«—, lo cierto es que propone ideas sugerentes. El enfoque es más especulativo, menos emocional que en «Código de Honor«, pero ofrece una lectura entretenida para quienes disfrutan viendo cómo el universo Marvel se dobla sobre sí mismo en busca de lógicas ocultas. Hay momentos en que el lector se pregunta si todo esto podría conectar con tramas posteriores como las de Jonathan Hickman en S.H.I.E.L.D. o incluso con el tono revisionista de «The Ultimates«. La historia está muy bien llevada y a veces es hasta fascinante, con un dibujo de Igor Kordey siempre magnífico.
Ambas historias tienen en común el intento de desmitificar el universo de Marvel Comics, de bajarlo a la acera, de someterlo al juicio de los que viven debajo de las batallas. Pero mientras «Marvels» era una carta de amor a la maravilla, «Código de Honor» y «Conspiración» son más bien cartas de desencanto y sospecha. No pretenden deslumbrar, sino hacer pensar: ¿qué pasa cuando los superhéroes ya no son símbolos, sino molestias, amenazas o marionetas?
El tomo en cartoné de Panini Cómics, que contiene textos de Julián Clemente como único material adicional, además, se beneficia del formato integral, que permite leer ambas miniseries como partes complementarias de un mismo discurso: la erosión de la fe en los mitos. No es una lectura imprescindible, pero sí interesante. Sobre todo para quienes disfrutan del lado más cínico, urbano y conspiranoico del multiverso Marvel. No cambiará tu percepción de los supertipos, pero puede que te haga mirar con nuevos ojos al agente de tráfico que desvía coches tras una batalla o al periodista que decide no publicar una historia imposible.
Marvels: Código de Honor
Dibujo: Tristan Shane, Brad Parker, Vincent Evans, Bob Wakelin, Daerick Gross, Paul Lee, John Marasigan, Igor Kordey
Guion: Chuck Dixon y Dan Abnett
Fecha de publicación: Febrero de 2021
Edición original: Code of Honor 1-4 y Conspiracy 1 y 2
ISBN: 9788413347745
Formato: 17x26cm. Cartoné. Color
Páginas: 272











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