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¡Que buen momento para recuperar «El Gran Dictador«! En pleno auge de la ultraderecha, esos ejercicios de nostalgia del fascismo que están practicando algunos países, la aparición de políticos populistas de nivel intelectual bajo que pronuncian discursos vacíos que apelan a la bandera, a la nacionalidad, a la violencia, al odio a los otros, es muy aconsejable invitar a aquellos que promueven y defienden estas posiciones a dedicar un poco más de dos horas a la película de Charles Chaplin. Una parodia de los totalitarismos y un aviso a navegantes de sus riesgos, pero también un mensaje de paz y entendimiento contra el odio y la intransigencia.
Dirigida por Charles Chaplin, y protagonizada por el mismo Chaplin junto a Billy Gilbert, Henry Daniell, Jack Oakie, Paulette Goddard y Reginald Gardiner, «El Gran Dictador» («The Great Dictator«) es una película del año 1940, que coincide en el tiempo con la invasión de la Alemania a los países vecinos de Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Francia. En la película nos contaban como, finalizada la guerra y tras pasar un tiempo amnésico en un hospital, un barbero judío vuelve a la ficticia nación de Tomania y encuentra con un país sometido a la dictadura de Hynkel, un hombrecillo mediocre con ansias de gobernar el mundo.
Charles Chaplin y Adolf Hitler nacieron casi a la vez: el uno lo hizo el 16 de abril de 1889; el otro, solo cuatro días después. Es evidente que el Adenoid Hynkel de «El Gran Dictador» es una parodia de Adolf Hitler, uno de los personajes más siniestros y denostados de la historia, pero Charles Chaplin dibujó una caricatura del monstruo mucho antes de que el mundo entero se diese cuenta de lo que iba a ser capaz de hacer este líder fascista. De hecho, cuando Chaplin comenzó a rodar su film, Alemania acababa de anexionarse Austria e invadir Polonia, y Francia e Inglaterra ya le habían declarado la guerra. También hay la correspondiente burla a Benito Mussolini, con el personaje de Napaloni. Cuándo se encuentran los dos personajes la única preocupación que tienen es parecer el uno más importante que el otro.
La secuencia más recordada de «El Gran Dictador» es aquella en la que el dictador Hynkel protagoniza baila con una réplica gigante del globo terráqueo al ritmo de ‘Lohengrin‘, de Richard Wagner. Una metáfora de las ansias de poder del personaje que, seamos sinceros, bien podrían replicar hoy líderes populistas de tan baja catadura moral como Donald Trump, Giorgia Meloni, Viktor Orbán o Santiago Abascal, a los que votan millones de imbéciles.
Por razones obvias «El Gran Dictador» tardó casi cuarenta años en poder ser estrenado en España, y nos tememos que no queda demasiado tiempo para que vuelva a ser una película prohibida porqué muchos políticos de la actualidad se verán reflejados.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja