Cuando hablamos de los cómics de Neil Gaiman es casi inevitable mencionar a Dave McKean, y viceversa. No fueron una pareja artística, y ambos han compartido su talento con muchísimos otros autores diferentes, pero en la bibliografía de ambos destacan los cuatro trabajos que desarrollaron en común. «Orquidea Negra» por supuesto, «The Sandman» para las cuales McKean creó sus asombrosas portadas, «La trágica comedia o la cómica tragedia de Mr. Punch» y este «Casos Violentos» que ECC Ediciones ha reeditado recientemente.

Publicada originalmente en 1987, «Casos Violentos» representó la primera colaboración entre Neil Gaiman y Dave McKean. Galardonada con el premio Eagle a la mejor novela gráfica, esta obra explora las implicaciones de la violencia, la capacidad de fascinación inherente a la infancia y la naturaleza caprichosa de la memoria.

Los habituales de ViaNews ya sabéis que el británico Neil Gaiman es un autor por el que tengo, como poco, devoción. Quizás utilizar la palabra pasión sería excesivo, pero creo que puedo afirmar sin pestañear que ninguna de sus obras me ha decepcionado. Todas ellas nos suelen ofrecer un billete de ida y vuelta a un mundo de fantasía muy particular, inclasificable e inimitable, que seduce tanto como sorprende, un universo propio cargado de miedos infantiles, extraño y desosegante pero, a la vez, cotidiano y nostálgico, cargado de un oscuro sentido del humor y, sobre todo, de una imaginación desbordante y fuera de lo común. Y es que Gaiman es uno de los grandes maestros de la ficción especulativa moderna, de quién siempre nos hemos mostrado incapaces de abarcar la totalidad de su figura, e impotentes ante la imposibilidad de desgranar con justicia su amplio curriculum, su brillante carrera, los numerosos premios que lucen en la repisa sobre la chimenea de su casa victoriana en Wisconsin, las adaptaciones cinematográficas de varios de sus relatos, su capacidad creativa, sus brillantes textos para cómics, obras teatrales, ensayos, novelas de ciencia-ficción y fantasía, o su inmenso y galardonado trabajo en «The Sandman» que hoy se considera, unánimemente, un clásico que ha superado los límites del género, referencia y abanderada de las series de autor.

Corría el año 1986, Neil Gaiman tenía veintisiete años y aún estaba estudiando periodismo, aunque no tardaría en dejarlo para centrar los esfuerzos en su carrera literaria. Acababa de conocer al dibujante Dave McKean, que había regresado recientemente de un viaje a los EE.UU. para presentar sus trabajos a diferentes editoriales, y estaban colaborando en un ensayo ilustrado acerca del cómic contemporáneo. Neil Gaiman lo contaba así: I was twenty six when I first met Dave McKean. I was a working journalist who wanted to write comics. He was twenty three, in his last year at art college, and he wanted to draw comics.
El artículo no llegó a fructificar, pero de ese encuentro nació una de las parejas creativas más potentes de la historia del cómic. Por un lado Gaiman, de quien ya hemos glosado su figura, y por el otro McKean, un artista polifacético que se ha atrevido con medios tan diferentes como la música y la fotografía, aunque sea en los cómics donde más haya destacado. Esto se debe, sobre todo, a la novela gráfica «Batman. Asilo Arkham: Un lugar sensato en una tierra sensata» con la que Grant Morrison y McKean crearon una turbia interpretación del mundo del Caballero Oscuro que ha pasado a la historia y a «Orquídea Negra«, una de las creaciones más notables y transformadoras del cómic, que deconstruyó el género de los superhéroes. Merecen un capítulo aparte sus portadas para «The Sandman«, mezclando fotografías, pintura, dibujo, piezas de madera y objetos en formato ‘collage’, y su particular estilo, nada convencional, difuminado y voluntariamente deforme, que antes hemos definido como enfermizo pero que es, por encima de todo, impactante.

El primer trabajo en común de Gaiman y McKean fueron los «Casos Violentos«, una obra publicada originalmente en 1987 por Titan Books en colaboración con la revista «Escape«, en blanco y negro, que contó en su primera edición con un prólogo muy elogioso escrito por una eminencia como el guionista Alan Moore, maestro de los guionistas británicos de cómic. Una obra que nacía del talento desbordante de dos veinteañeros dispuestos a comerse el mundo, así como su ingenuidad y su voluntad rompedora. Pese a ser una opera prima, el trabajo de un par de autores noveles, «Casos Violentos» es una obra notable que nos habla de los recuerdos de la infancia, de la memoria y del paso del tiempo, y de las cosas que un niño puede ver y oir pero no puede entender. La historia es tan sencilla que sorprende poder sintetizarla en tan pocas lineas: un hombre recuerda un episodio de su infancia cuando su padre le dislocó accidentalmente un brazo y le llevó al médico, un osteópata de origen polaco que le confesó al chiquillo que fue médico personal del gángster Al Capone.
Pero, claro, estamos hablando de Neil Gaiman e incluso en sus primeros trabajos su sello es evidente. Así, la trama va avanzando entre los confusos recuerdos de la infancia del niño, las sesiones en el consultorio del médico, las fiestas de cumpleaños, las discusiones familiares, el padre autoritario y la madre cariñosa, el miedo irracional a los magos, sus ensoñaciones acerca de los gángsters, y las historias concretas que le cuenta el osteópata acerca del mítico ‘Scarface’, que se van modificando y transformando a medida que el narrador, al que McKean dibuja con el rostro de Gaiman, va evocando sus recuerdos, a menudo desdibujados, con rostros que se emborronan, y escenas parciales e incompletas. Historias dentro de historias, y recuerdos dentro de recuerdos. Todo ello aderezado por momentos oscuros y violentos, que superponen el miedo infantil con el miedo adulto, tan diferentes pero confusos y ambiguos ambos. La mayoría de estos elementos forman parte del imaginario habitual de Neil Gaiman y de sus obras posteriores, y tienen el reconocible sabor de su particular e inimitable estilo, que a veces parece divagar y perderse por las ramas, alejándose del hilo argumental principal, para regresar de nuevo al punto de origen como un sonoro puñetazo.
El estilo de McKean para «Casos Violentos«, aunque fuese su primera obra, ya es plenamente reconocible. Algunos artistas han tardado muchos años en empezar a experimentar, pero McKean empezó ya arriesgando: en «Casos Violentos» el autor intenta reproducir los sentimientos nostálgicos usando viejos mapas, envases, restos, pósters,… Objetos específicos, texturas, fragmentos o cosas reales, que evocan fuertes recuerdos, y que McKean estaba convencido que podían utilizarse para contar historias. El color, de tonos azules, marrones y grises, tuvo que esperar a ediciones posteriores para desvelarse en toda su plenitud.

«Casos Violentos» es una obra genial, y eso se debe sobretodo a que sus autores eran dos jóvenes sin ninguna experiencia en el medio que tenían muchas cosas que contar sin seguir los mismos caminos que habían hoyado sus predecesores. Eran ambiciosos, y estaban dispuestos a romper con lo establecido, en el dibujo y en las historias, ignorar los cánones, despreciar los convencionalismos, y arriesgar. La jugada podía haber salido mal, por supuesto, pero solo quienes no tienen nada que perder se pueden jugar el pellejo. Y el tiempo pone a todo el mundo en su lugar. En el caso de Neil Gaiman y Dave McKean, en la cima.

Casos Violentos
Guión: Neil Gaiman
Dibujo: Dave McKean
Título original: «Violent Cases»
Fecha de publicación: Noviembre de 2016
ISBN: 978-84-16901-59-3
Formato: Cartoné. Color
Páginas: 64
Precio: 12,95 euros