La payasa desquiciada está de vuelta en «All In Harley Quinn #2» de la mano de Panini Cómics, y esta vez no viene sola: trae consigo una avalancha de caos, monólogos internos con exceso de cafeína y, por supuesto, un tejemaneje filosófico que da lecciones de vida. ¡Hay que evitar la gentrificación de su barrio de siempre!
Clayface ha organizado una cena familiar. Para su desgracia, el último caso de la Agencia Destructiva de Harley Quinn la lleva a su puerta, dispuesta a dejar a toda la fangosa familia más quemada que el asado de carnaza del séder de su tía Ethel… Puede que alguien muera, o quizás todo esto acabe en la cita perfecta entre Harley y su nuevo maridito… ¿¿¿el Profesor Pyg??? ¡Ah, y luego toca quedada con su colega Amygdala!
«All In: Harley Quinn #2» continúa la nueva etapa de la payasa más impredecible de Gotham con el mismo cóctel de locura, color y sarcasmo que nos dejó Marguerite Sauvage, Mindy Lee y Elliott Kalan en el primer número. Si el debut fue una presentación desenfadada del nuevo rumbo de Harley —con su «Agencia de Destrucción» y una trama que mezclaba autoayuda, crimen y chistes sobre comida basura—, este segundo capítulo pisa el acelerador y decide que el sentido común se quede en el asiento de atrás.
La historia sigue explorando esa versión de Harley que intenta tenerlo «todo bajo control», mientras su propia cabeza, sus exnovias y media Gotham conspiran para recordarle que no, que no se puede ser reina del caos y terapeuta emocional al mismo tiempo. Tras su enfrentamiento con Althea Klang, la villana corporativa obsesionada con gentrificar barrios (y, de paso, con seducir a Harley), nuestra protagonista se mete en una nueva aventura que involucra restaurantes rivales, robos absurdos y una familia de Clayfaces que podrían protagonizar perfectamente un reality en el infame Tele5. Para estudiosos del Universo DC identificar a los Clayfaces es todo un juego. El DC Connect de Lidia Castillo nos da algunas soluciones.
El tono sigue siendo el mismo torbellino delicioso que Kalan y Lee establecieron: una mezcla entre sátira social, comedia romántica con delirios psicóticos y un poco de drama de identidad. Harley se enfrenta a sí misma —literal y figuradamente—, y el cómic juega con esa dualidad entre la autodestrucción y la autoayuda de manual barato. En medio del caos, hay momentos genuinos de vulnerabilidad: esa voz interior que le dice «no hagas esto, Harley» golpea más fuerte de lo que parece. Detrás del maquillaje y las bromas, hay un personaje que intenta desesperadamente no volver a caer en los mismos patrones de siempre. Spoiler: no lo consigue del todo, pero se agradece el esfuerzo.
El tomito con lomo, de aparición trimestral, contiene los números americanos 47 a 49, publicados en tierras yankis entre marzo y mayo de 2025. También trae las portadas variantes y un extenso artículo que recorre la trayectoria del personaje titulado «Terapias peligrosas» escrito por Miriam Almohalla. Y aún hay páginas de sobra para incluir una mini entrevista con Torun Gronbekk, actual escritora de «Catwoman«.
Tras la ensalada de tipos de barro, llega un villano sacado del lore de Batman, el Profesor Pyg, muerto y resucitado en otras ocasiones. El tipo no tiene otra idea que amargar el idílico reencuentro entre Hiedra Venenosa y nuestra Harley. No sabe donde se mete. El tercer cómic trae un malo tan inesperado como Amygdala, creado en «Shadow of the Bat #3» por Alan Grant y Norm Breygfole. El nombrecito es por algo: la extracción de su amígdala le trastocó sus capacidades mentales y ahora es un bruto que solo se mueve por la bronca. En este episodio conoceremos más del pasado de Althea King y sus motivaciones para convertir el barrio de Harley en algo chipiguay.
En lo visual, Mindy Lee sigue siendo una fiesta. Su trazo caricaturesco, exagerado y dinámico le da al cómic una energía que encaja perfectamente con el desorden emocional de Harley. La secuencia con la familia Clayface —toda una orgía de barro y metamorfosis— es puro caos visual, pero en el mejor sentido: Lee logra que cada plano rebose personalidad. Sauvage, por su parte, vuelve a brillar en las portadas con esa elegancia colorista que hace que Harley parezca una mezcla entre pin-up de los años cincuenta y reina del apocalipsis.
Pero lo que realmente distingue a All In de otras etapas de Harley Quinn es su sentido del humor autoconsciente. Kalan sabe que el público ya ha visto todas las versiones posibles de Harley —la novia del Joker, la antiheroína feminista, la vengadora urbana— y se ríe de todas ellas a la vez. Aquí, Harley discute con su narradora interna que no es otra cosa que su cerebro, coquetea con su archienemiga y hasta analiza sus propias inseguridades como si estuviera en un podcast de autoayuda. El resultado es un cómic que se burla del género de superhéroes mientras se toma lo justo en serio para que nos importe.
Sí, hay momentos en los que el humor se pasa cuatro pueblos, dentro de lo permitible por la autocensura de la editorial, pero eso también es parte del encanto: Harley no tiene filtro, ni moral establecida, ni vergüenza. Y por mucho que la trama sobre gentrificación, amor tóxico y pollos sabios parezca una locura, todo encaja porque es Harley. Ella es el desastre y la salvación, la payasa y la terapeuta, la que se cae y se ríe al mismo tiempo.
«All In: Harley Quinn #2» confirma que esta nueva etapa es un viaje psicodélico con corazón. Un cómic que mezcla filosofía de bar, comedia absurda y una Harley más consciente que nunca de su propio desequilibrio. No es perfecto —y seguro que tampoco pretende serlo—, pero es un espectáculo colorido, raro y encantador, como ver a una tormenta eléctrica bailar claqué. Y, sinceramente, ¿quién no querría ver eso? ¡A tope con Harley!
All In Harley Quinn #2
Autores: Mindy Lee y Elliott Kalan
Fecha de publicación: Septiembre de 2025
Edición original: Harley Quinn #47-49
ISSN: 977308138500700002
Formato: 17x26cm. Comic-Book con lomo. Color
Páginas: 80
Precio: 8,95 €











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