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Puestos a escoger una película de los Hermanos Marx, muchos se decantarán por «Una noche en la ópera«, considerada el mejor film de su etapa con la Metro-Goldwyn-Mayer. Fue la sexta película de los hermanos Marx y la primera que rodaron para la MGM, bajo la tutela del legendario productor Irving Thalberg, después de su ruptura con Paramount Pictures, y es una de las grandes comedias de la historia del cine, aunque a menudo solo recordemos dos escenas en concreto: la del camarote y la del contrato.

Dirigida por Sam Wood y protagonizada por Groucho Marx, Harpo Marx y Chico Marx (el cuarto hermano, Zeppo, quedó fuera del reparto en esta ocasión), junto a Kitty Carlisle, Margaret Dumont, Sig Rumann y Allan Jones, «Una noche en la ópera» («A night at the opera«) nos cuenta cómo Otis B. Driftwood, un extravagante y oportunista hombre de negocios, y Tomasso y Fiorello, los estrafalarios representantes de dos cantantes de ópera del Teatro de la Ópera de Milán, les ayudan a alcanzar el éxito en la Gran Manzana, mientras engatusan a la adinerada y crédula señora Claypool y se enfrentan a sus estirados y esnobs antagonistas. Dicho así, la sinopsis de una película de los Hermanos Marx no parece ni divertida, ni delirante, ni alocada, ni surrealista; pero lo cierto es que, si añadimos que veréis a Groucho, Chico y Harpo asaltando la Ópera de Nueva York, alterando la función, secuestrando al tenor equivocado y escapando de la policía entre bastidores, ya podéis haceros una idea de lo que os espera.

Como hemos apuntado al principio, hay dos escenas absolutamente antológicas. Una de ellas es la del camarote, un espacio de reducidas dimensiones, apenas cinco metros cuadrados, en el que llegan a apiñarse hasta quince personas, incluyendo a Groucho, Chico y Harpo, el fontanero, el ayudante del fontanero, cuatro camareros con bandejas cargadas de comida, la joven que acude a hacer la manicura, dos mujeres del servicio de habitaciones que entran a hacer las camas, y algún que otro invitado inesperado. La escena termina con Margaret Dumont abriendo la puerta del camarote y desbordando literalmente su contenido, en uno de los gags visuales más recordados de la historia del cine. Desde entonces, cuando muchas personas se apiñan en un espacio reducido, se suele decir: «Esto parece el camarote de los hermanos Marx«.

La otra escena inolvidable es la del contrato menguante. «La parte contratante de la primera parte será conocida en este contrato como la parte contratante de la primera parte«. Groucho y Chico leen, discuten, arrancan y destruyen un contrato que, a medida que avanza su lectura, se convierte en un completo sinsentido, hasta quedar reducido a la nada. El gag resume a la perfección el espíritu anárquico y corrosivo del cine de los Hermanos Marx, basado en la subversión del lenguaje y la lógica.

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