linea_separadora

El actor Lon Chaney es uno de los mayores iconos del cine de terror de los años veinte, destacándose especialmente por dos películas clave de su filmografía: «El jorobado de Notre Dame» (1923) y «El fantasma de la Ópera» (1925). Chaney, conocido como «El hombre de las mil caras», fue un maestro del maquillaje con una habilidad increíble para transformarse en personajes a menudo grotescos y monstruosos. Fue él quien ofreció a Irving Thalberg, en ese momento ejecutivo de Universal Studios, los derechos para adaptar la novela «Nuestra Señora de París» de Victor Hugo, que dirigiría Wallace Worsley y en la que el actor daría vida al mítico personaje de Quasimodo, el campanero de Notre Dame.

El éxito rotundo de la película de Universal no pasó desapercibido. Louis B. Mayer, presidente de la competencia, Metro-Goldwyn-Mayer, puso sobre la mesa una cifra astronómica para atraer a Thalberg a su estudio, donde desarrollaría una carrera de gran éxito. Sin embargo, el destino de Universal Studios ya estaba marcado, y el universo de los monstruos cinematográficos continuaría siendo uno de los pilares de su identidad en los años venideros.

Tanto la novela de Victor Hugo como la película de Wallace Worsley narran una historia de amor inevitablemente condenada al fracaso, una versión de Bella y Bestia que termina en tragedia. Protagonizada por Lon Chaney, Ernest Torrence, Kate Lester, Norman Kerry, Patsy Ruth Miller y Tully Marshall, «El jorobado de Notre Dame» («The Hunchback of Notre Dame«) de 1923 es, sin lugar a dudas, una de las mejores versiones cinematográficas de la célebre novela de Victor Hugo, que ha sido adaptada en múltiples ocasiones. La historia, ampliamente conocida, tiene lugar en la París del siglo XV, una ciudad llena de sombrías callejuelas donde habitan los desheredados y los espíritus atormentados. En este lugar, la gitana Esmeralda, que predice el porvenir y atrae fatalmente a los hombres con su belleza, es acusada injustamente del asesinato de su amado y condenada al patíbulo pero Quasimodo, el deforme y solitario campanero de la catedral de Notre Dame, un hombre de horrible fealdad pero gran corazón, la salva de su funesto destino, resguardándola en la catedral.

Es un hecho que la publicación de la novela de Victor Hugo en 1832 despertó la atención de la opinión pública sobre el estado de conservación de Notre Dame, que se movilizó y obligó a las autoridades a actuar, iniciando en 1844 el proyecto de restauración liderado por Eugène Viollet-le-Duc. La película, por su parte, no resistió bien el paso del tiempo: las copias originales de la película se realizaron sobre nitrato de celulosa y se estropearon con el tiempo. Las únicas copias que quedan de la película son las copias domésticas de 16 mm, y no ha sobrevivido ninguna de 35 mm. Esto hace que cualquier intento de restauración total de la obra original sea prácticamente imposible, lo que la convierte en una de las grandes pérdidas del cine mudo clásico.

linea_separadora