Segunda entrega de la trilogía de Jim Starlin y el inigualable Alan Davis dedicada al Titán Loco Thanos, «Thanos: El conflicto del infinito» es una de las mejores historias de y con Thanos de la última década. Y eso es decir mucho, pues Starlin había exprimido la gallina de los huevos de oro hasta la saciedad, y la llegada del UCM no había hecho más que empeorar el asunto. Pero, claro, mezclar a Starlin, Davis y Thanos era una apuesta ganadora.

La decisión de entregar a Thanos la Gema de la Realidad amenaza a Adam Warlock. Porque ahora el Titán Loco está a punto de convertirse en el Señor de la Realidad y muy pocos son los que se interponen entre él y su objetivo.

Creo que descubrí a Alan Davis a finales de los años ochenta, cuando adquirí el primer número de ese mítico e inigualado «Excalibur» editado en castellano por Forum, quizás la mejor etapa del mejor cómic nunca producido por La Casa de las Ideas. Aunque su participación fue discontinua, con algunas interrupciones (dejó la serie en el número 24, para volver en el número 42, esta vez también como guionista), el talento de Davis alcanzaba la excelencia en los diecisiete primeros números de la serie protagonizada por el grupo de superhéroes con sede en Gran Bretaña liderado por el Capitán Britania, y con los ex-Hombres-X Rondador Nocturno, Kitty Pride y Rachel Summers entre sus integrantes, personajes que habían quedado descolgados del grupo principal de hombres-X tras los acontecimientos de la Masacre Mutante, además del hada mística Meggan. La saga de las Dimensiones Alternativas, los enfrentamientos con la Banda Loca, Rompepuertas, Arcade, los Lobos de Guerra o Saturnina mezclaban humor, acción a raudales, guiones ingeniosos del maestro Claremont y alocados viajes interdimensionales.
Sí, Alan Davis es uno de mis autores, guionistas y dibujantes, favorito de todos los tiempos. Uno de los mejores autores del mercado anglosajón, un dibujante dotadísimo cuyo talento, inmenso, no tiene límites y el universo de los superhéroes no le hace justicia a su estilo, limpio y fluido, dinámico y ágil. Su trabajo en títulos como el ya mencionado «Excalibur«, «Batman: Mi principio… y mi probable fin» o «JLA: El Clavo» rayaban la perfección.

«Thanos: El conflicto del infinito» («Thanos: Infinity Conflict«) es el segundo capítulo de la nueva trilogía dedicada al Titán Loco que empezó con «Thanos: Los hermanos del Infinito«. Y si toda historia está compuesta por tres actos, introducción, nudo y desenlace, «Thanos: El conflicto del infinito» funciona perfectamente como nudo, un nudo de manual, con el contexto y los personajes ya presentados en la entrega anterior, cuando la lid se desarrolla y la aventura se desata, y se precede al desenlace que nos ofrecerá «Thanos: The Infinity Ending«, donde el los interrogantes se resolverán, el telón bajará y Jim Starlin se despedirá, o así parece, del Titán Loco, hijo de Mentor, Adorador de la Muerte, uno de los inmortales Eternos de Titán, Genocida Universal, quien fue (brevemente) el señor del poder cósmico de las seis Gemas del Infinito, el omnipotente, omnisciente y omnipresente poseedor del Guantelete del Infinito, con dominio sobre tiempo, espacio, poder, realidad, mente y alma.
Así, tras lo acontecido en «Los hermanos del Infinito«, en el que Thanos y a su hermano Eros se habían unido, de mala gana en una alianza destinada al fracaso, para enfrentarse a Kang el Conquistador, en un extraño y peligroso viaje a través del tiempo y el espacio repleto de saltos temporales, cambios temporales, artimañas, alianzas imposibles, traiciones y planes ocultos, aquí Thanos sigue las indicaciones de una encarnación futura que ha alcanzado el poder absoluto, más poder del que su yo presente podría haber imaginado jamás, un poder que le ha permitido arrebatarle el suyo a su amada, la Dama Muerte, y controlar al Thanos actual, hacerle danzar a su antojo como un títere, en una misión que no entiende y para alcanzar unos objetivos que no le ha desvelado. ¿El objetivo? Mejor ser que controlar.

«Thanos: El conflicto del infinito» funciona. Hacía mucho tiempo que Starlin no conseguía engarzar una obra tan redonda como ésta, y me alegra descubrir que su fuente no se había secado todavía, pero hay que reconocer que cuenta con una ventaja llamada Alan Davis. Todo es mejor con el dibujo de Alan Davis. Su trazo inigualable aporta más brillo a una compleja historia en la que impone la porte orgullosa y altiva de Thanos, y de su encarnación del futuro, el descaro de Pip el troll, la delicadeza de Eros, la majestuosidad de Adam Warlock, los cameos de los Guardianes de la Galaxia,… Davis dibuja como nadie, de trazo limpio y elegante como pocos, y eso se nota en cualquier escena de «Thanos: El conflicto del infinito«.
Pocos escriben sobre Thanos como Jim Starlin, pero es el dibujo de Alan Davis, además del entintado del siempre fiel Mark Farmer y el color de Jim Campbell, los que consiguen que esta nueva trilogía se acerque a la excelencia. Es un genio, un dibujante único, el mejor entre los que dibujan cómics de superhéroes.

Thanos: El conflicto del infinito.
Autores: Alan Davis y Jim Starlin
Colección: OGN Original Graphic Novels
Edición original: «Thanos: Infinity Conflict»
Fecha de publicación: Mayo del 2019
ISBN: 9788491678816
Formato: 18,3×27,7cm. Tomo en tapa dura. Color
Páginas: 112
Precio: 17,00 euros