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Muchos nos dejamos literalmente las yemas de los dedos en piel viva durante nuestra juventud jugando horas y horas a «Street Fighter II«, la segunda entrega de una de las franquicias de videojuegos de lucha de mayor éxito de la historia, creada por la compañía japonesa Capcom en 1987. El lanzamiento de «Street Fighter II«, en 1991, revolucionó el género y sentó las bases de los juegos de lucha modernos, popularizando elementos que hoy parecen inseparables del género, como los comandos para ejecutar ataques especiales (el Hadouken o el Shoryuken), una alineación de personajes icónica (Ryu, Ken, Chun-Li, Guile, Cammy, Zangief, E. Honda, Blanka o M. Bison), el sistema de control de seis botones y el concepto del combo.

En 1994 llegó a los cines «Street Fighter: La última batalla«, una adaptación en imagen real del popular videojuego que abrazaba sin complejos la estética del cine de acción de los años noventa. Y eso es tan atractivo como desastroso. Dirigida por Steven E. de Souza y protagonizada por Jean-Claude Van Damme, Raúl Juliá (en la que sería su última interpretación antes de fallecer), la estrella del pop Kylie Minogue, Damian Chapa, Byron Mann, Grand L. Bush, Simon Callow, Andrew Bryniarski, Ming-Na Wen y Wes Studi, entre otros, la película narra cómo el coronel William F. Guile, líder de las fuerzas de las Naciones Aliadas, recibe la misión de rescatar a unos rehenes secuestrados en el sudeste asiático por el general M. Bison, un dictador psicótico que exige un rescate multimillonario. Para detenerlo, Guile se alía con diversos luchadores callejeros, estafadores y expertos en artes marciales, infiltrándose finalmente en la base enemiga.

El papel protagonista recae en Jean-Claude Van Damme, cuando estaba en la cima de la ola. El actor compartió generación con otros héroes de acción Chuck Norris, Steven Seagal, Dolph Lundgren o Michael Dudikoff, enlazó éxitos como «Doble impacto», «Soldado Universal«, «Blanco humano» o «Timecop«, para caer después entre escándalos, adicciones y fracasos comerciales, entre los que esta «Street Fighter: La última batalla» ocupa un lugar más que destacado.

Porque «Street Fighter: La última batalla» es, sin demasiadas discusiones posibles, una película mediocre. Su guion parece escrito con la misma profundidad que el manual de instrucciones de una recreativa, los personajes apenas conservan rasgos reconocibles de los del videojuego y el desarrollo de la historia encadena situaciones absurdas repletas de explosiones y luchas sin sentido. El reparto, repleto de rostros conocidos, nunca consigue funcionar. Entre otras razones por unos diálogos que alternan entre lo cómico (involuntario) y lo ridículo. Lo único que se salva de la función es, con diferencia, la interpretación de Raúl Juliá, pese al grave estado de salud en el que se encontraba durante el rodaje.

Quince años después de esta primera versión cinematográfica, «Street Fighter» volvió al cine, dirigida por Andrzej Bartkowiak, con un relato centrado en el personaje de Chun-li. El resultado no fue mucho mejor. Ahora parece que llegará una nueva película, en octubre de 2026, dirigida por Kitao Sakurai, ambientada en 1993 y que sigue a Ryu y Ken Masters, quienes son reclutados por Chun-Li para el Torneo Mundial de Guerreros, destapando una conspiración mortal. Ojalá esta nueva adaptación consiga, por fin, hacer justicia a una de las sagas más importantes de la historia de los videojuegos después de dos intentos fallidos.

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