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El mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía“, decía Charles Baudelaire. Y en “Sospechosos habituales” (“The Usual Suspects”) el diablo era Keyser Söze.
Pero, ¿quién es Keyser Söze? Quizás la respuesta a esta pregunta la tenga Roger ‘Verbal’ Kint, un estafador de poca monta lisiado al que el agente Dave Kujan está interrogando para aclarar los hechos ocurridos en el puerto San Pedro de Los Ángeles, dónde se han encontrado más de veinte cadáveres. Kint cuenta que todo comenzó seis semanas antes en Nueva York, cuando cinco delincuentes, cinco “sospechosos habituales”, fueron detenidos para una rueda de reconocimiento relacionada con el robo de un camión de armas…
En 1994 “Sospechosos habituales“, escrita por Christopher McQuarrie, dirigida por Bryan Singer y protagonizada por Kevin Spacey, Chazz Palminteri, Gabriel Byrne, Stephen Baldwin, Benicio Del Toroy Kevin Pollak, entre otros, se convirtió en una de las propuestas más interesantes, frescas y renovadoras del thriller de los años noventa, junto a “El Silencio de los Corderos”, “Arlington Road”, “Seven”, “Carlito’s Way” o “Funny Games”, entre otras, que hicieron las delicias de los cinéfilos ansiosos por ser sorprendidos y marcaron un camino diferente para un género que buscaba nuevas ideas.
Hace veinticinco años, cuando ni Bryan Singer ni Kevin Spacey eran todavía dos apestados, acusados de abuso sexual y señalados como ovejas negras por Hollywood, y el magistral engaño que nos contaba “Sospechosos habituales” se llevó varios prestigiosos galardones y abrió las puertas del estrellato al actor y al director, que hasta ese momento eran dos anónimos y desconocidos. De hecho, tanto Kevin Spacey como McQuarrie, guionista, se llevaron un Óscar en sus respectivas categorías.
¿Quién es Keyser Söze? Una sombra, un fantasma, un mito entre los delincuentes, el diablo al que todos temen, el criminal perfecto que todo lo sabe y todo lo controla. “Yo creo en Dios, pero temo a Keyser Söze“.

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