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Cuándo «Stargate» se estrenó allá por 1994 creo que nadie esperaba que la película se convertiría, no solamente en un éxito de taquilla recaudando casi doscientos millones de dólares en todo el mundo, sino en un clásico del cine de ciencia-ficción y que se expandiría a través de una franquicia que dio lugar a varias series de televisión, algunas más afortunadas que otras, como «Stargate: SG-1«, «Stargate: Atlantis«, «Stargate: Universe«, «Stargate: Origins» y la serie de dibujos «Stargate Infinity«. Curiosamente nunca hubo una secuela de la película original.

Dirigida por Roland Emmerich, y protagonizada por Kurt Russell, James Spader, Jaye Davidson, Viveca Lindfors y Djimon Hounsou, entre otros, «Stargate» nos contó el viaje de un grupo de militares y científicos encabezados por Jack O’Neil, un estricto coronel de operaciones especiales y padre atormentado por la reciente muerte accidental de su hijo, y Daniel Jackson, un eminente egiptólogo y lingüista, a través de un extraño artefacto en forma de anillo al que llaman «Puerta de las Estrellas» y que les transporta a un planeta similar a la Tierra, en el otro confín del universo. Allí les espera un mundo desértico parecido al antiguo Egipto dominado con mano de hierro por el autodenominado dios Ra.

La carrera cinematográfica del director alemán Roland Emmerich está marcada por varios títulos parecidos, cosa que lo convirtió en el prototipo de director sin personalidad al servicio de los grandes estudios porque sus películas son potenciales blockbusters que tienen el gancho de la espectacularidad de las imágenes. Eso es algo que ofrecía en «Stargate«, «Independence Day«, «Godzilla«, «El patriota«, «El día de mañana«, «Midway«, «2012» o la más reciente «Moonfall«. Ninguna de estas películas está cerca si quiera de ser una gran película, pues no lo pretende, pero Emmerich es todo un encantador de serpientes y ofrece lo que promete al espectador: evasión sin trascendencia y espectáculo pirotécnico.

«Stargate: Puerta a las estrellas» ha envejecido bastante bien. Los efectos visuales y el diseño de producción siguen funcionando casi treinta años después de su estreno, y la historia de la Puerta de las Estrellas sigue manteniendo su encanto original. Algo simple y bisoño, pero honesta.

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