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Una de los mayores éxitos de la historia del cine argentino ya ha cumplido veinte años, y sigue tan perfectamente engranada como el día que se hizo. La ópera prima de Fabián Bielinsky, «Nueve Reinas«, se estrenó en el año 2000 y se convirtió en una de las más taquilleras de la historia del cine argentino con una historia de traiciones y engaños, un juego de espejos con varios giros de guión inesperados aunque encajados con la precisión de un relojero donde el espectador siempre va un paso por detrás. La película, una idea original que Fabián Bielinsky trabajó durante varios años y que tuvo que ganar un concurso para que Patagonik Film aceptase producirla, llegó a contar con un remake norteamericano, «Criminal» de Gregory Jacobs, olvidable y muy lejos de la original.

«Nueve Reinas» nos cuenta la historia de un timo ideado por Marcos y Juan, un par de estafadores de poca monta de Buenos Aires que pretenden colocar una importante, aunque falsa, colección de sellos de la República de Weimar llamada ‘Las Nueve Reinas’ a un empresario español que está de paso. La ocasión podría servir a Juan para poder sacar a su padre de la cárcel, y ambos se jugarán su destino, su ser o no ser, en poco menos de 24 horas.

Protagonizada por Ricardo Darín, Leticia Brédice, Gastón Pauls o Tomás Fonzi, entre otros, «Nueve Reinas» sería lo que los norteamericanos llaman una ‘caper movie‘, una intriga de engaños que no tienen nada que envidiar a joyas del género como «El golpe» de George Roy Hill o «Ocean’s Eleven» de Steven Soderbergh, en la que los nueve sellos valiosísimos de la estafa son, simplemente, un macguffin para poder tejir una trama brillante y frenética donde los dos protagonistas son, en realidad, el estafador estafador y el estafador estafado, y también mostrar la incipiente crisis social y económica argentina de finales del siglo XX (el Corralito) que estaba empezando a asomar la nariz. De hecho, la profética escena final del banco en quiebra y la gente agolpada en la puerta se repitió después, de forma real y en todo el país, tras el hundimiento del año 2001.

«Nueve Reinas» sigue siendo tan brillante como el primer día, y el espectador que descubra por primera vez esta obra maravillosa de Fabián Bielinsky volverá a ser el primer engañado, puesto nada de lo que está viendo es lo que parece. Es una tela de araña, y el espectador es la mosca. Y eso es lo mejor de todo cuando el final de la película resuelve todos los interrogantes: el placer de haber sido engañado.

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