Hay cómics que no parecen hechos por pasión, sino por obligación. «Sam Wilson: Capitán América» es uno de esos. Desde la portada del primer número, con el Hulk Rojo posando como si fuera parte del póster de la última peli del Capitán América, se nota que este proyecto nació en una reunión de marketing más que en una mesa de guionistas con algo que decir. Y eso se siente en cada página: un cómic fabricado para «sinergizar» con el MCU, pero sin alma, sin riesgo y, lo peor, sin una voz que realmente entienda quién es Sam Wilson.
Historia completa en un único número. ¡Sam Wilson vuela de nuevo! Una oscura conspiración que, en el cumpleaños de Isaiah Bradley, el Capitán América de La Verdad, llevará a Sam hasta una organización con oscuros intereses y un poderoso jefe de seguridad: ¡Hulk Rojo!
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En realidad «Sam Wilson: Capitán América» nació para cubrir el hueco que dejaba la serie del Capitán América tras finalizar la etapa de J. Michael Straczynski. En estos meses de ausencia hasta que llegue la nueva temporada (con nuevo número uno) de Chip Zdarsky, los aficionados al personaje han podido verlo en varias series o en esta que comentamos hoy, que sigue la numeración legacy de la serie principal. Es por eso, y solo por eso, que Panini Cómics la ha publicado en nuestro país. No hay que ser adivino…
«Sam Wilson: Capitán América» es una miniserie de cinco números escrita por Greg Pak (quién ha hecho trabajos mejores) y Evan Narcisse con arte de Elder Messias y Valentine De Landro. Podemos ser generosos y decir que la cosa arranca con fuerza visual —vampiros, Harlem, acción aérea—, pero pronto se desinfla en una trama que nunca decide qué quiere ser. Tenemos una corporación malvada (Eaglestar), ciudades flotantes, agricultores oprimidos, muchos monstruos alados y hasta control mental, todo mezclado en una licuadora narrativa donde ningún ingrediente termina de cuajar. ¡Hasta hay tiburones que parecen sacados de una película de «Sharknado«! Lo que podría haber sido una historia sobre justicia social y el peso de ser un Capitán América negro se queda en un pastiche de conceptos a medio cocinar.
La primera mitad del cómic promete cierta profundidad. Sam intenta equilibrar su rol de héroe con su compromiso con las comunidades olvidadas, y hay momentos donde uno siente que la historia podría tocar temas reales: racismo estructural, desigualdad, manipulación corporativa. Pero cada vez que el guion se acerca a una idea interesante, la sepulta bajo acción genérica o diálogo forzado. Los personajes no hablan como personas; hablan como comunicados de prensa. Todo está demasiado explicado, nada se siente vivido. Y cuando un cómic intenta «dar un mensaje» y acaba sonando como un PowerPoint sobre diversidad, algo ha salido muy mal.
El segundo tramo de la miniserie es directamente caótico. Las amenazas cambian de forma sin lógica, las consecuencias se evaporan entre viñetas, y los momentos de tensión se resuelven con rapidez. Hulk Rojo, que no es Ross sino Robert Maverick, presentado como la gran amenaza, se convierte en aliado sin que sepamos muy bien por qué. Cuando vemos a este personaje, jefe de seguridad condecorado, comprobar si la prima de Sam lleva armas encima, se nos cae la mandíbula al suelo. En fin. Sam pierde sus alas y su escudo en una pelea… solo para recuperarlos mágicamente en la siguiente escena. Los villanos, que en teoría usan tecnología para esclavizar mentes, terminan siendo tan planos que ni los vamos a recordar si pasamos la página. No hay peso, no hay drama, no hay conflicto que te importe.
Y ese es el problema central: «Sam Wilson: Capitán América» es un cómic flojeras de verdad. Todo pasa, nada importa. Las apuestas son vagas, los giros carecen de impacto y, cuando se intenta dar un tono épico o simbólico, el resultado es un sermón sin emoción. Marvel Comics parece tan asustada de decir algo incómodo que termina no diciendo nada. Sam Wilson, que debería ser una figura poderosa —un símbolo de justicia y cambio—, queda reducido a un héroe funcional, un personaje “correcto” que nunca se ensucia las manos ni cuestiona de verdad el sistema que dice combatir. Lo mejor es la aparición de Isaiah Bradley, al que le hacen un homenaje, con Rogers como único blanco.
Visualmente, el cómic tampoco levanta vuelo. Messias y De Landro entregan un trabajo irregular: hay paneles dinámicos, pero también páginas que parecen hechas con prisa. Las expresiones faciales son planas, la acción carece de ritmo y los escenarios, especialmente en los capítulos finales, se sienten vacíos, como si los artistas también se hubieran quedado sin entusiasmo. Los colores de Fer Sifuentes-Sujo ponen algo de energía en el conjunto, pero no alcanza para esconder la falta de dirección.
Al final, «Sam Wilson: Capitán América» deja la sensación de ser una oportunidad desperdiciada. Tenía todos los elementos para ser relevante: un protagonista con historia, un contexto social potente y un equipo creativo con experiencia. Pero la ejecución es tan tibia, tan cuidada para no molestar a nadie, que termina siendo irrelevante. Ni la acción emociona, ni el discurso convence. Es el tipo de cómic que se lee, se olvida y se guarda en el estante (entre un volumen y otro del Capi) sin pena ni gloria.
Panini Cómics, sabedor de todo esto, lo ha publicado de un tacazo en el formato «Marvel Especial«, tipo Premiere: tomo de tapa blanda, con las variantes como extra y el texto de rigor del colaborador Bruno Orive.
Sam Wilson: Capitán América
Autores: Evan Narcisse, Eder Messias, Chris Campana, Valentine de Landro, Greg Pak
Fecha de publicación: Septiembre de 2025
Edición original: Sam Wilson Captain America #1-5
ISSN: 977293851900800017
Formato: 17x26cm. Rústica. Color
Páginas: 120
Precio: 12,00 euros











Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal