Tras la interesante «Rogue Trooper: El valle de las heridas«, Garth Ennis y Patrick Goddard regresan al universo clásico de 2000 AD para ofrecer una historia bélica de ciencia ficción tan oscura como entretenida, «Rogue Trooper: Muerte de un soldado«, una de esas lecturas que funcionan tanto como homenaje a la etapa original del personaje como relato autónomo cargado de paranoia militar, acción y mala leche.
Aunque sea en forma de biochips de combate, regresar de la muerte tiene un precio muy alto. Y ese es un secreto que los pasillos del cuartel del Mando Militar prefieren esconder. Tan solo las Muñecas, las equivalentes femeninas de los soldados de la Infantería Genética, están dispuestas a ayudar a Rogue Trooper a desenterrar la verdad. Lamentablemente, eso no será lo único que encuentren enterrado en la zona de Quartz…
Tras sorprender a todos los lectores con «Rogue Trooper: El valle de las heridas«, Garth Ennis (Predicador, Punisher) y Patrick Goddard (Judge Dredd) vuelven a colaborar en una nueva aventura de uno de los mayores iconos del cómic británico, ambientada en la etapa clásica de Rogue Trooper. Una historia jamás contada con suicidios, muertes y lavados de cerebros en la que Ennis combina su pasión por el género bélico y por los personajes del sello 2000AD.
Lo primero que llama la atención de «Rogue Trooper: Muerte de un soldado» es lo bien que entiende el escritor irlandés el material original sin quedarse atrapado en la nostalgia. Garth Ennis lleva años demostrando que disfruta escribiendo historias de guerra, pero aquí no se limita a encadenar tiroteos y explosiones. El guionista quiere atar un cabo suelto de un relato clásico de Gerry Finley-Day, que si no me falla la memoria vimos en el tomo segundo de la serie original publicado por Dolmen Editorial. Allí vimos como regeneraron a Gunnar en un cuerpo nuevo y le dieron un objetivo nada bueno para el prota de la serie.
En esta especie de continuación publicada en «2000AD Progs 2401-2412» (2024) lo que realmente le interesa a Garth Ennis es la psicología del soldado, la deshumanización provocada por el conflicto y esa sensación de que el ejército siempre tiene secretos escondidos bajo capas de propaganda. Todo eso encaja perfectamente con Rogue Trooper, un personaje nacido precisamente de la tragedia y la traición. La historia gira alrededor de los biochips de los soldados muertos, una de las ideas más potentes y extrañas de la franquicia, y explora hasta qué punto seguir «vivo» dentro de una máquina puede convertirse en algo aterrador.
Garth Ennis aprovecha muy bien el escenario de Tierra Nu, ese planeta devastado por la guerra química y nuclear donde parece imposible distinguir ya entre héroes y víctimas. El tono del cómic es sucio, desesperanzado y bastante cínico, aunque sin caer en el exceso de nihilismo. Siempre hay espacio para la camaradería entre soldados, para los comentarios sarcásticos y para ese humor negrísimo tan característico del guionista de «Predicador» y «The Boys«. Además, el cómic tiene ritmo de sobra. Son apenas 80 y poco páginas de cómic, pero no da sensación de historia comprimida. Cada escena aporta algo: ya sea tensión, información sobre el pasado de los I.G. o simplemente una secuencia de acción contundente.
Uno de los aspectos más interesantes es cómo Ennis amplía el trasfondo de los soldados genéticos y de las llamadas «Muñecas«, las equivalentes femeninas de la Infantería Genética. Ahí introduce elementos de conspiración y experimentación militar que aportan bastante personalidad al relato. La historia juega continuamente con la idea de identidad: qué queda de una persona cuando solo sobrevive su conciencia digitalizada, quién decide qué soldados merecen regresar y hasta dónde puede llegar un ejército obsesionado con ganar una guerra interminable. Son temas clásicos de la ciencia ficción militar, sí, pero están tratados con suficiente habilidad como para que no suenen reciclados.
En el apartado gráfico, Patrick Goddard realiza un trabajo excelente. Su dibujo en blanco y negro con algunos grises transmite perfectamente la brutalidad del universo de Rogue Trooper. Las armas parecen pesadas, los vehículos tienen ese diseño industrial casi absurdo típico del cómic británico de los ochenta y los escenarios desprenden toxicidad y decadencia. Hay viñetas donde prácticamente puedes sentir el barro, el humo y la lluvia ácida cayendo sobre los personajes. El dibujante además entiende muy bien la narrativa de acción: las escenas de combate son dinámicas y fáciles de seguir, algo que a veces se pierde en cómics bélicos demasiado recargados.
La edición de «Rogue Trooper: Muerte de un soldado» de Dolmen Editorial es buena. El tomo se presenta en tapa dura con un papel adecuado para este tipo de dibujo. Incluye una introducción del experto Barsen Sánchez donde contextualiza la obra. Pero lo mejor queda para el final, con las portadas a color de la revista inglesa y la entrevista que Garth Ennis concedió durante su participación en las Jornada del Cómic de Avilés de 2025, donde cuenta cosas muy interesantes sobre sus inicios en el mundo del cómic y su llegada a personajes como Dredd, Trooper y Robo Hunter en época reciente.
Quizá lo mejor de «Muerte de un soldado» sea que entiende que Rogue Trooper nunca ha sido solo un héroe de acción futurista. Bajo toda la munición, los disparos láser y las armaduras imposibles siempre ha habido una historia profundamente triste sobre compañeros muertos, lealtad y supervivencia. Garth Ennis captura muy bien esa esencia y construye un relato que mezcla aventura pulp con reflexiones bastante amargas sobre el uso de los soldados como simple material desechable. Puede que no reinvente al personaje e incluso que sea una lectura algo fría, sin nada del humor característico del escritor, pero tampoco lo necesita. Lo que hacen es recordarnos por qué Rogue Trooper sigue siendo uno de los grandes iconos del cómic británico de ciencia ficción.
Rogue Trooper: Muerte de un soldado
Guion: Garth Ennis
Dibujo: Patrick Goddard
ISBN: 979-13-88074-23-3
Formato: 20X28cm. Tapa dura. Blanco y negro
Páginas: 96
Precio: 19,90 euros












Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja