El género de la novela negra, pese a los Hammett, Highsmith, Chandler o Vázquez Montalbán, tenía la injusta etiqueta de género menor. Ni siquiera las listas de bestsellers eran su tabla de salvación, donde siempre debían ceder el paso ante la novela histórica o la romántica. Pero alguna cosa cambió, y títulos como “La isla de los cazadores de pájaros” empiezan a merecer la atención de la crítica y del lector.

image1La vida del policía Finlay Macleod se desmorona. Acaba de perder a su hijo y las cosas no van demasiado bien en su matrimonio. Pese a ello, Macleod decide abandonar Glasgow un tiempo para volar a Lewis, una isla perdida en el norte de Escocia, donde pasó su infancia. Allí deberá investigar un sangriento crimen, pero también se encontrará con algo mucho más profundo y desgarrador.
Nada de lo que le hizo huir de la isla ha cambiado: la tristeza, la falta de oportunidades, el alcoholismo, los suicidios… En Lewis, Macleod dejó atrás la temprana pérdida de sus padres, sus primeros amigos y su primer amor, recuerdos que ahora se le cruzan en su camino de regreso para confundirlo, para llevarlo a antiguos episodios sepultados, hasta obligarlo a acercarse al corazón de un enigma que solo podrá descubrir si se arma de paciencia y valor.
Los posibles sospechosos del crimen son todos viejos amigos que deberá interrogar, amigos que han seguido viviendo y asumiendo el destino de una vida sin más horizonte que esas costas afiladas. Artair, su gran compañero de la infancia; Marsaili, su primer amor; el sacerdote… Todos parecen haberlo esperado con amarga paciencia.

En la literatura, como en la música, hay categorías. Los academicistas más clásicos fruncen el ceño cuando les hablan del Jazz o del Blues, como si sus Liszt, Dvořák o Haydn no pudieran ocupar las mismas páginas en los libros de historia de la música que “The First Lady of Song” Ella Fitzgerald o John Lee Hooker. Por no hablar de The Beatles, Mecano o David Bisbal. Hay música y música. Hay Música y ruido. Y con la literatura sucede algo muy parecido, pero allí donde hablábamos de Bach o Beethoven hablaríamos de Zola y Chéjov, dejando para categorías inferiores, meros divertimientos de la plebe, al género negro o la ciencia-ficción. Blasfemos quienes, llevados por su ignorancia, pretenden elevar a algunos autores de esta literatura, o música, a escalones más elevados que no les corresponden.
Para empeorar la situación, a estas afirmaciones pedantes e injustas las reafirmaba el mercado. A los doctos maestros, apoltronados en sus mullidos sillones y ajenos a la realidad del mundo contemporáneo y cambiante, las listas de ventas de las librerías les confirmaban que el género de la literatura fantástica, de la novela negra o de ciencia-ficción no tenían mucha salida. Eran géneros que vendían poco y mal. El propio Peter May, autor al que reseñamos en este artículo, defendía los escritores del género frente a estas injustas etiquetas que lastraban a la novela negra, el género thriller: “Mi consejo para los lectores es que mantengan la mente abierta tanto como les sea posible sobre los géneros de los libros que leen. Buenos escritores y buenos contadores de cuentos existen en cualquier género.”
La llegada de los nórdicos lo cambió todo. Hasta entonces el género estaba enquistado en unos tópicos de los que parecía imposible salir. El escritor, un ex-policía con un cigarrillo consumido colgando del labio inferior, habitual de ambientes sórdidos y oscuros, putero y alcohólico. El protagonista, tan anti-héroe como el escritor, un investigador privado de vida gris y en decadencia, con una ex-mujer que le reclama dinero o que ha rehecho su vida con un hombre de fachada intachable y una gran fortuna, con deudas que nunca consigue liquidar, habitual de los bajos fondos de Nueva York y con una femme fatale de arrebatadora belleza como cliente que amenaza con llevarlo a la perdición. Tópicos de la novela policíaca. Algunos autores, como los norteamericanos Elmore Leonard o James Ellroy, ya habían sabido salir de este círculo cerrado con sus obras de mediados de los ochenta y noventa. El cine les ayudó, pues algunas de sus obras se adaptaron a la gran pantalla con notable éxito (“L.A. Confidential” de Ellroy o “Jackie Brown” de Leonard) pero el gran público no había reconocido su trabajo tanto como cuando el sueco Stieg Larsson irrumpió con la trilogía Millenium (“Los hombres que no amaban a las mujeres”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”). Ese fue el boom. La mecha ya estaba encendida, pero necesitaba un buen barril de pólvora para estallar y el fenómeno Larsson fue la pieza que faltaba.

No es para quitar ni un ápice de brillo a su prestigio, pero el escocés Peter May (Glasgow, 1951) llegó a la novela negra con el viento a favor. Los nórdicos habían abierto el género negro a un público mayoritario, los libros se vendían muy bien en todo el mundo y el público estaba ansioso por consumir más novelas de este tipo y expectante ante las novedades que iban apareciendo. Peter May llegó en el momento justo, al lugar adecuado,… y con un gran talento para escribir buenos libros. Los dos primeros aspectos, giros afortunados de la rueda de la fortuna, no hubieran servido sin el tercero.
Este escocés residente en Francia fue periodista desde muy joven, y reputado y prolífico guionista, productor y realizador de la televisión de Escocia, la Scottish TV, y también la británica BBC. Desde 1979 vive dedicado exclusivamente a la escritura de sus novelas para las que siempre lleva a cabo un minucioso trabajo de investigación. Viajó a Shangai y Pekín para concebir su exitosa serie de seis novelas ambientadas en China “The China Thrillers” y a tierras del norte de Escocia para esta novela, inicio de una trilogía protagonizada por el policía Finlay Macleod titulada “The Lewis Trilogy” y la primera que se traduce al castellano. Y en su curriculum luce prestigiosos premios literarios como el Fraser, el Prix Intramuros o el Grand Prix de Literature a la mejor novela criminal del año 2006.
Recientemente visitó la ciudad de Barcelona, para presentar esta novela durante el certamen literario BCNegra 2011, y no dudó en vestir el tradicional ‘kilt’ escocés para recibir a los medios acreditados que querían entrevistarle. Peter May es escocés, luce con orgullo su nacionalidad y su pasaporte, y es en estas frías tierras donde ambienta su última novela tras haber llevado a sus personajes literarios hasta la lejana China o en Francia. Pero el escritor es originario de la populosa ciudad industrial de Glasgow, y la trama de “La isla de los cazadores de pájaros” sucede en la isla de Lewis, en el archipiélago de las Hébridas. Es un lugar que conoce muy bien de filmar allí la serie dramática en irlandés “Machairen”, en los años noventa, durante seis años con estancias continuadas de seis largos meses. Naturaleza descarnada, fuertes vientos, cielos grises y paisajes vírgenes, dolores conocidos y dramas escondidos. “La isla de los cazadores de pájaros” es la primera entrega de una trilogía, de la cual May ya ha acabado de escribir el segundo libro y empezará el tercero en breve. Después ya ha anunciado que le esperan “The Enzo Files”, serie a la que le faltan solamente dos libros para finalizar.

“La isla de los cazadores de pájaros” (“The Black House”) tiene algo de novela negra de vieja escuela, con un policía cuya vida se desmorona, un crimen con numerosos sospechosos, viejos amigos que esconden secretos,… y también aspectos no habituales del género como una isla fría y gris, alejada del ambiente urbano. Una novela sobre una tensa investigación policial con sus falsas apariencias y sus voces de doble filo. Una narración que duele y que fascina.
Todo comienza cuando la policía escocesa encuentra coincidencias y similitudes entre dos asesinatos, uno sucedido en Edimburgo y otro en la isla de Lewis. El detective Finlay Macleod (es curioso comprobar que dos de los protagonistas de las novelas de May comparten apellido: el detective italiano-escocés Enzo Macleod, de la saga “The Enzo Files”, y este Finlay Macleod) vive ambos crímenes desde cerca: está investigando el primero de ellos y la víctima del segundo es un amigo de su infancia. Y el regreso a la isla es inevitable. El territorio en el que el detective pasó su infancia y vivió su primer amor. Fin deberá enfrentarse con un mundo que creyó haber dejado atrás, volviendo a esa comunidad endogámica que es la isla de Lewis, donde la crudeza del clima y el paisaje insular están en perfecta consonancia con la aspereza de sus habitantes.
El libro es la disección de la vida de un hombre, desde su primer día de colegio, hasta las revelaciones que cambiarán su vida y que estaban esperando a que él volviese a la isla como un hombre cercano a los cuarenta. Es una reflexión sobre la condición humana en la vida de alguien individual, pero de un modo que espero que encuentre ecos en cada lector. “Todos nosotros podemos reconocernos en Fin” dice Peter May sobre el protagonista.

Peter May no es el primer escritor en ambientar sus historias de crímenes por resolver en una pequeña comunidad aislada, de clima opresivo y claustrofóbico. Las pequeñas comunidades cerradas, apacibles en la superficie pero podridas en su fondo, son caldo de cultivo para el género. Desde “Diez Negritos” de Agatha Christie hasta la película de Peter Weir “Único Testigo”, pasando por las recientes novelas de las suecas Assa Larsson o Camilla Läckberg. La isla de Lewis de May es real. Situada literalmente en los confines de la civilización no tiene nada que ver con el resto de Escocia, salvo el clima húmedo y gris. El archipiélago de las Outer Hebrides apenas cuenta con 20.000 habitantes, con unas rigurosas y medievales sectas religiosas protestantes que tienen una gran fuerza, que aún controlan la vida de los isleños, el brutal clima del Atlántico Norte que azota constantemente la isla, una vida dominical inexistente, numerosos secretos, y tradiciones ancestrales que sobreviven a la modernidad. Como la caza de pájaros que da nombre al título, una tradición anual en la que durante dos semanas los hombres escondidos entre las rocas cazan las gugas, unos escurridizos pájaros. Aislados. Una peregrinación anual que hacen doce jóvenes habitantes de la isla una roca perdida en medio del océano para completar un antiguo rito de tránsito. Un cruel y peligroso ritual de iniciación que el protagonista de “La isla de los cazadores de pájaros” hizo dieciocho años atrás, cuando sucedieron los hechos que dieron forma a su vida llena de secretos y mentiras. Como el asesino.

La isla de los cazadores de pájaros.
Título original: The Black House
Autor: Peter May (
www.petermay.co.uk y http://petermaylive.blogspot.com)
Sello: Grijalbo
Editorial: Random House Mondadori
Páginas: 400
Precio: 17 euros

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