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La primera película de vampiros de la historia del cine fue «Nosferatu, eine Symphonie des Grauens«, de Friedrich Wilhelm Murnau, un film del año 1922 que adaptaba libremente la novela seminal del género «Drácula«, de Bram Stoker. Esto le causó verdaderos problemas, pues Florence Balcombe, viuda y administradora del legado de Bram Stoker, les demandó por plagio, ganó el juicio y obtuvo una orden judicial para destruir los negativos y todas las copias de la película. Por fortuna las copias distribuidas y almacenadas por todo el mundo impidieron su total desaparición y «Nosferatu» ha sobrevivido hasta hoy.
En 1979 el peculiar director alemán Werner Herzog, un tipo peculiar del que se ha escrito mucho, autor de obras tan singulares como interesantes y siempre alejadas de los cánones predominantes, hizo su propia versión del vampiro Nosferatu con «Nosferatu: Phantom der Nacht«. Protagonizada por Klaus Kinski, Bruno Ganz, la bellísima Isabelle Adjani, Jacques Dufilho, Roland Topor y Walter Ladengast, esta adaptación de la película de Friedrich Wilhelm Murnau nos contaba cómo el vampiro ansía el amor de Lucy, una mujer que aguarda el regreso de su amado esposo, Jonathan Harker, que ha viajado desde Wismar a Transilvania para visitar su castillo para venderle una mansión en su ciudad pero el vampiro le tiene prisionero. Como Lucy no se deja engañar por el siniestro vampiro éste emprende una intensa campaña de seducción para que la mujer caiga rendida en sus brazos.
No se puede hablar de Werner Herzog sin hablar de Klaus Kinski. Este dúo de director y actor dio a luz cinco películas, incluída esta «Nosferatu, vampiro de la noche«, y numerosas anécdotas sobre su relación de amor/odio que quedó plasmada en el documental «Mi enemigo íntimo«. Su relación ha pasado a la historia como una de las más complicadas que se ha vivido en un rodaje. Esta película no fue una excepción, aunque los episodios más conocidos fueron los que vivieron en los rodajes en la selva, «Aguirre, la cólera de Dios«, «Fitzcarraldo» y, por encima de todas ellas, «Cobra Verde«, que terminó con el actor abandonando el rodaje tras una violenta pelea con Herzog.
La «Nosferatu» de 1922, pero también la versión de Werner Herzog de 1979, siguen siendo películas icónicas en el género de terror, dos de los mejores ejemplos de películas sobre vampiros, y continúan seduciendo al espectador por sus imágenes tenebrosas, sus protagonistas espeluznantes (Max Schreck y Klaus Kinski) y su tono terrorífico, prescindiendo de herramientas más recientes y primarias como los sustos con redoble de tambor. Ambas son fascinantes y, a su manera y cada una en su época, nos ofrecen una propuesta estética que ha trascendido el paso del tiempo.
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Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal