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En mi opinión hay que separar al artista de su obra, al creador del imbécil, del arrogante, del machista o del racista. En plena era de la cultura de la cancelación me niego a dejar de disfrutar de un libro, de una película, de una escultura o de una canción porqué su creador no esté a la altura de lo que significa ser un ser humano en el siglo XXI. ¿Consumir una obra de arte es sinónimo de apoyar al artista que la realiza? Ni mucho menos. Puedo disfrutar de una película de Roman Polanski o de los libros de J.K. Rowling y no estar de acuerdo con lo que han dicho o hecho.

No me gusta Isabel Coixet, ni su pose de intelectual, sus artículos de cultureta o algunas declaraciones contra movimientos y personas, pero me gusta su cine. Y «Mi vida sin mi«, su cuarto largometraje, es su mejor película. Basada en un cuento de Nanci Kincaid titulado «Pretending the bed is a raft«, esta película del año 2003 protagonizada por Sarah Polley, Amanda Plummer, Leonor Watling, Scott Speedman, Debbie Harry, María de Medeiros, Mark Ruffalo y Alfred Molina retrata la historia de una mujer que descubre que sufre una enfermedad terminal y, por tanto, que su muerte es inminente. Ella es Ann, apenas tiene 23 años, un marido al que ama y que se pasa más tiempo en el paro que trabajando, dos hijas pequeñas, una madre cuya vida le ha dejado un poso de pesimismo insoportable y un padre en la cárcel. Vive en una caravana, trabaja limpiando un gimnasio… y le acaban de anunciar que le queda poco tiempo de vida. Pero aunque para muchos esto sería un motivo de oscuridad y depresión Ann se va a esforzar para que la vida de los que la rodean sea feliz pese a la desgracia y esté ordenada cuando ella desaparezca.

A diferencia de la película, en el relato de Nanci Kincaid la chica protagonista no escondía a sus allegados lo que le pasaba. En «Mi vida sin mi» esa Ann que intepreta de forma maravillosa Sarah Polley prefiere callarse su muerte inminente para ahorrar el sufrimiento a los demás, y también para poder vivir los últimos días de su vida a su manera, con sus propias reglas, sin miradas de lástima ni lágrimas, e incluso poder permitirse el lujo de vivir una última historia de amor.

A veces hay que ver la muerte asomar por la esquina para valorar la vida de verdad. A veces hay que descubrir que la muerte te acecha y que está descontando los días en el calendario para venir a buscarte para sentarse a escribir una lista de ‘cosas que hacer antes de morir‘ y obligarse a cumplirla. Hay películas sobre la muerte, pero quizás «Mi vida sin mi» es una de las más bonitas. No es un drama, aunque necesitarás tener los pañuelos bien cerca. No es una comedia, aunque te arrancará una sonrisa y te dejará el cuerpo calentito, con ese calorcillo que le queda a uno en un día frío tras tomarse un buen caldo. Lástima que la directora sea Isabel Coixet.

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