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Roman Polanski es un creador que ha vivido casi toda su carrera envuelto en la polémica porqué a finales de los años setenta huyó de los EE.UU. tras ser acusado de abusar sexualmente de una menor, y nunca se ha enfrentado a los cargos. Desde entonces cada nueva película de Polanski ha provocado que se vuelva a poner sobre la mesa el asunto. En mi opinión hay que separar al artista de su obra, al creador del imbécil, del arrogante, del machista, del violador o del racista. Aunque sea difícil, creo que hay que intentarlo. Deberíamos ser capaces de disfrutar de un libro, de una película, de una escultura o de una canción aunque su creador no esté a la altura de lo que significa ser un ser humano en el siglo XXI. ¿Consumir una obra de arte es sinónimo de apoyar al artista que la realiza? Ni mucho menos. Puedo disfrutar de una película de Roman Polanski y no estar de acuerdo con lo que han dicho o hecho.

En 1968 Polanski fue capaz de adaptar a la gran pantalla de forma más que satisfactoria la inquietante novela homónima de Ira Levin, la historia de una posesión diabólica en la que la madre de un hijo de Satanás es una simple herramienta en manos de quienes buscan su objetivo, un mero ‘vientre de alquiler‘. No muy lejos de lo que proponía «El cuento de la criada» de Margaret Atwood. Protagonizada por Mia Farrow, John Cassavetes, Maurice Evans, Ralph Bellamy, Ruth Gordon y Sidney Blackmer, entre otros, la película nos presentaba a los Woodhouse, un matrimonio que se traslada a vivir al edificio Bramford, frente a Central Park, aunque un amigo les ha advertido que está maldito. Una vez instalados entablan amistad con unos aparentemente adorables vecinos que los reciben con los brazos abiertos y los colman de atenciones. Ante la perspectiva de un buen futuro, los Woodhouse se plantean tener un hijo. Poco después, y tras una extraña pesadilla en la que un monstruo yace con ella, se queda embarazada. Es el principio de una pesadilla para Rosemary.

«La semilla del diablo«, el desafortunado título con el que se tradujo en España el original en inglés «Rosemary’s Baby«, sigue siendo una película inquietante y desosegadora aunque hayan pasado más de cincuenta años desde su estreno. Y la maldición que envuelve a la película sigue provocando escalofríos por la cantidad de sucesos trágicos que la rodean. Sin ir más lejos, el edificio en el que se rodó la película, el edificio Dakota (aunque en la película se llamaba Bramford), fue escenario de sucesos escabrosos y terroríficos. John Lennon fue asesinado frente a su puerta en diciembre de 1980. Y apenas un año después del estreno de la película Sharon Tate, actriz y esposa de Roman Polanski, que estaba embarazada, fue asesinada por la banda de Charles Mason de forma cruel y sangrienta.

Entre las muchas curiosidades que envuelven el rodaje de «La semilla del diablo» se cuenta que la escena en que Mia Farrow cruza una calle de New York con los coches frenando para no atropellarla fue totalmente real: no se cortó la calle para rodarla y los conductores que frenaban ante el paso de Mia Farrow desconocían que se estaba rodando una película. El director la convenció con la excusa de que «nadie atropellaría a una embarazada«.

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Where to watch La semilla del diablo