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A veces parece difícil hacer entender a los jóvenes del siglo XXI que las películas de miedo de mediados del siglo pasado, cuándo el cine aún era en blanco y negro, eran muy diferentes del actual. Y aunque había voluntad de provocar en el espectador sensaciones de pavor, terror, miedo, o incomodidad, las herramientas que utilizaban los cineastas de entonces eran muy distintas y pueden llegar a parecer ridículas en comparación a una película de terror reciente. Sin ir más lejos dicen que la primera película de la historia, «L’arrivée d’un train à la ciotat» de los hermanos Lumière en 1896, provocó verdaderos ataques de pánico en los espectadores, que creían que el tren se iba a salir literalmente de la pantalla para atropellarlos. También está documentado que «Nosferatu«, de F.W. Murnau provocó desmayos e hizo temblar de miedo a los espectadores de la época. Pero si el miedo es la reacción emocional que se produce ante un peligro inminente, real o supuesto, y sabemos que lo que nos muestra la pantalla de cine es falso… ¿de qué tenemos miedo, entonces?

«La séptima víctima» es una película del año 1943, producida por Val Lewton, dirigida por un primerizo Mark Robson, montador de films tan relevantes como «Ciudadano Kane» o «La mujer pantera«, e interpretada por Evelyn Brent, Hugh Beaumont, Isabel Jewell, Jean Brooks, Kim Hunter y Tom Conway, que nos contaba como Mary Gibson abandona el colegio de Highcliff donde reside y viaja hasta la populosa ciudad de Nueva York para buscar a Jaqueline, su hermana mayor desaparecida. Sola y sin ayuda, Mary no sabe por dónde empezar su búsqueda pero con la ayuda de su ex-cuñado, Gregory Ward, y de un prestigioso psiquiatra, el Dr. Judd, Mary descubrirá horrorizada que Jaqueline está en manos de una secta satánica. Los miembros que abandonan la secta de adoradores del Diablo deben morir, como ya se ha hecho en seis ocasiones: por lo tanto, si Jacqueline se marcha será la séptima víctima.

Cuentan que la película al principio iba ser thriller que iba a girar en torno a una huérfana amenazada por un asesino en serie, pero el productor Val Lewton, responsable de películas de terror como «La mujer pantera» (1942), «Yo anduve con un zombie» (1943), «El barco fantasma» (1943), «El ladrón de cadáveres» (1945), o «La isla de los muertos» (1945), la llevó por un rumbo muy diferente y el guión de DeWitt Bodeen y Charles O’Neal la convirtió en una película de medio con sectas satánicas… muchísimos años antes del magnífico trabajo de Roman Polanski en «La semilla del diablo«, que es la referencia habitual que nos viene a la cabeza cuando pensamos en este subgénero. Pero, claro, «La séptima víctima«, que era una modesta película de serie B de tan sólo setenta minutos, no se estrenó nunca en España, y por eso es un título poco conocido del cine de terror en nuestro país.

A destacar la escena de la ducha que, sin duda, debió inspirar al mismísimo Alfred Hitchcock para la célebre secuencia del asesinato de Janet Leigh en «Psicosis«.

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