«Los Defensores #7: Cenizas, cenizas» llega de la mano de Panini Cómics y SD Distribuciones dentro de su línea Marvel Limited Edition para continuar la etapa de J.M. DeMatteis de este «no-grupo» absolutamente demencial.  Seremos testigos de un desfile de personajes interminable en una serie de aventuras que derivarán en la creación de Los Nuevos Defensores, con la llegada de varios personajes viejos conocidos de La Casa de las Ideas.

Los Defensores #7: Cenizas, cenizasEl fin de Los Defensores tal y como los habías conocido hasta ahora… y la llegada de Los Nuevos Defensores, formados por El Hombre de Hielo, El Ángel, La Bestia y Dragón Lunar. Además, en este tomo, nuestro no-grupo favorito lucha contra la Mente Suprema cósmica, el Escuadrón Supremo, el Elfo con Pistola, Los Vengadores e incluso ellos mismos. Por J. M. DeMatteis y Don Perlin con Sal Buscema, Steven Grant y Al Milgrom

«Los Defensores #7: Cenizas, cenizas» es de esas lecturas que no sabes si te van a romper el corazón o si vas a acabar riéndote a carcajadas de lo absurdamente solemne que puede llegar a ser un cómic superheroico cuando los personajes están más torturados que un disco de Joy Division. Esta séptima entrega de la colección Marvel Limited Edition publicada por Panini y SD, que recopila «Defenders #110-125» más el «Avengers Annual #11«, supone no solo el cierre de la era clásica del grupo, sino también una suerte de culebrón místico con demonios, traumas y trajes imposibles.

Con guiones de J.M. DeMatteis —sí, el mismo de «La última cacería de Kraven«, que ya venía con ganas de introspección— y dibujos del solvente (aunque no siempre brillante) Don Perlin, esta etapa es un auténtico carrusel emocional. Olvidémonos un poco del concepto de “no-equipo” y abracemos la telenovela esotérica: aquí hay rupturas, romances, crisis existenciales, muertes aparentes, bodas relámpago y cambios de liderazgo como si fuesen sillas musicales en el infierno.

En «Los Defensores #6: La mano de los seis dedos«, el volumen anterior, Doctor Extraño, Hulk, Halcón Nocturno, Gata Infernal y el Hijo de Satán vivieron sus más alocadas aventuras que nos dejaron un buen cliffhanger en el cierre. Antes de continuar con estos eventos, «Los Defensores #7: Cenizas, cenizas» nos va a abrir la puerta con un par de historias individuales, muy del gusto del guionista estadounidense. También participan, brevemente, Mark Gruenwald y Steven Grant, poniendo su granito de arena a algunos argumentos.

De entrada, lo que salta a la vista es que «Los Defensores #7: Cenizas, cenizas» se toma muy en serio a sus personajes. Tanto que por momentos olvida que también hay que contar historias interesantes. Porque sí, hay amenazas externas: Mente Suprema, la mente cósmica con aires de dictador; el Escuadrón Supremo en modo espejo oscuro; o un extraño cruce con los Vengadores que huele más a trámite editorial que a verdadero conflicto narrativo. Pero lo que realmente da cuerpo al tomo es el drama interior de tipos como Exterminador de Demonios, que arrastra la culpa como quien lleva una mochila con ladrillos mojados, o la evolución de Daimon Hellstrom, cada vez más incómodo con su herencia satánica y más inclinado a liarse emocionalmente con Patsy Walker, alias Gata Infernal, una superheroína que viene del mundo de los cómics románticos y que aquí tiene un papelón.

Patsy, de hecho, es probablemente el personaje que más crece en todo el volumen. Su viaje desde la inseguridad hasta tomar las riendas de su vida (¡e incluso casarse con el Hijo de Satán, que no es poco!) está bien construido, aunque el ritmo sea a veces atropellado. La boda, por cierto, llega de sopetón. Casi parece que alguien en Marvel dijo: «¿Y si acabamos esto con un casamiento? Que siempre da juego«. Y aunque resulta entrañable, también se siente un poco forzada. Más aún si consideramos que Daimon tiene el carisma de una piedra mística maldita. Entre eso y su tendencia a la autoflagelación, uno se pregunta qué le ve Patsy, honestamente.

Otro punto fuerte —y también polémico, dependiendo de tu tolerancia al melodrama— es la carga emocional del conjunto. Aquí nadie está bien. Todos tienen traumas, todos lloran, todos se cuestionan el sentido de la vida, del heroísmo, del amor y del precio del café en Nueva York. Hay una intensidad constante que puede resultar agotadora. Pero si te dejas llevar, funciona. Porque DeMatteis sabe cómo hacer que hasta el más ridículo de los conflictos tenga peso humano. La pérdida, el miedo, la redención… están ahí, latiendo en cada viñeta, aunque a veces el guionista se pase de frenada y confunda profundidad con dramatismo excesivo.

Por poner un ejemplo de lo que son estos Defensores de los años setenta: traen de vuelta a un personaje al que llaman el Elfo con pistola para cerrar una trama inconclusa del pasado, de cuando Steve Gerber se encarga de la escritura. En algunos episodios tuvo a bien aparecer un extraño elfo armado sembrando el pánico por sus aviesas intenciones. Sin sentido alguno, todos pensamos que se trataba de algún delirio de Gerber ocasionado por pasarse con la hierba. Ahora todo va a cobrar un sentido para cerrar ese argumento. ¡Y Sal Buscema va a ilustrar uno de los episodios! ¿Quién dijo que «Los Defensores» era una serie previsible?

Por otro lado, atención al cierre del volumen: la formación clásica de los Defensores se deshace como castillo de naipes en tormenta cósmica. Hulk, Namor y Estela Plateada se despiden, y entra en escena lo que se conocerá como Los Nuevos Defensores: una mezcla peculiar de miembros de la Patrulla-X (Hombre de Hielo, Ángel y Bestia), Dragón Lunar en modo diva cósmica, y el pobre Gárgola, que sigue pareciendo una mezcla entre Nosferatu y el Abuelo de La familia Monster. El relevo abre nuevas posibilidades, pero también deja claro que estamos ante un final de ciclo. Y eso se nota.

En cuanto al dibujo, Don Perlin cumple. No deslumbra, pero tampoco estorba. Su estilo, algo rígido pero expresivo, se adapta bien a las atmósferas esotéricas de la serie. Donde no llega el trazo, llega la intención. Aunque es justo decir que hay momentos en los que la narrativa visual se resiente, especialmente en las escenas de acción, que no siempre están bien resueltas. Por suerte, lo que importa aquí es más lo que dicen los personajes que lo que hacen, así que Perlin tiene algo de margen para respirar. El dibujante es un fijo en el once, que se suele decir. En cambio, el entintado cambia más de manos que DC de editores: Alan Kupperberg, Kim De Mulder, Jack Abel, Al Milgrom y los que me dejo.

Panini Cómics, en combinación con SD Distribuciones, nos sirve esta Limited Edition numerada en cartoné y con cinta de tela de «Los Defensores» en exclusiva para librerías. Se trata del séptimo volumen, que no es poca cosa y a este paso vamos a tener la colección completa en esta edición. Para conservar la unidad, las portadas siguen siendo ilustraciones agrandadas que se completan por ambos lados del tomo. Incluye el texto introductorio de rigor y apenas algún extra puntual.

En resumen, este tomo es una rareza fascinante. No es perfecto —algunos arcos se alargan, otros se resuelven de forma precipitada—, pero tiene alma. Y eso no se puede decir de todos los cómics de superhéroes. «Los Defensores #7: Cenizas, cenizas» no es para quien busque acción desenfrenada y villanos carismáticos. Es para quien quiera ver a superhéroes lidiando con sus demonios internos (y también literales), en un cóctel de misticismo, drama y emotividad genuina. ¿El resultado? Un volumen imperfecto, pero honesto. Y, para quienes llevan tiempo siguiendo a estos inadaptados, profundamente satisfactorio.

Los Defensores #7: Cenizas, cenizas
Autores: J. M. DeMatteis, Don Perlin, Sal Buscema, Steven Grant y Al Milgrom
Fecha de publicación: Mayo de 2025
ISBN: ‎978-8410497214
Formato: 17×26 cm. Cartoné. Color
Páginas: 464
Precio: 49,95 euros