![]()
El éxito de las películas de Indiana Jones provocaron un fenómeno tan previsible como imparable: la aparición de numerosos productos que imitaban la propuesta de Steven Spielberg, pero con mucha menos imaginación y menos medios. Las podríamos llamar ‘Indianaploitation‘, y entre ellas encontramos «La gran ruta hacia China» (1983), «El tesoro de la diosa blanca» (1983), «Las minas del Rey Salomón» (1985), «El templo del oro» (1986), «Quatermain y la ciudad perdida del oro» (1987), o «Jane en busca de la ciudad perdida» (1987). Incluso podríamos añadir a la lista «La momia» (1999), puesto que la leyenda cuenta que era un guión descartado para una película Indiana Jones.
En la lista de las ‘Indianaploitation‘ aparece «Las minas del Rey Salomón«, de J. Lee Thompson, que fue un descarado intento de la inefable productora Cannon Films de aprovecharse del éxito comercial de Indiana Jones, con una estética y un estilo clavado a la franquicia del arqueólogo interpretado por Harrison Ford. No debería sorprender a nadie, pues la productora de Menahem Golan y Yoram Globus era sinónimo de películas de acción de bajo presupuesto, sin principios ni vergüenza alguna, siempre en la busca de la taquilla. Esa era una de sus marcas distintivas, además de su estilo exagerado, efectos especiales caseros e historias que oscilaban entre lo ridículo y lo absurdo, pero lo cierto es que la cosa les funcionó durante un buen puñado de años.
Adaptación de la novela de Henry Rider Haggard de 1885, protagonizada por Richard Chamberlain, una jovencísima a la par que bellísima Sharon Stone, Herbert Lom, John Rhys-Davies y Ken Gampu, en «Las minas del Rey Salomón» («King Solomon’s Mines«) nos contaban como Jesse Huston, una hermosa joven, contrata los servicios del cazador Allan Quatermain para encontrar a su desaparecido padre, un famoso arqueólogo perdido cuando busca las legendarias minas del Rey Salomón en las profundidades de la África más salvaje.
Es bueno recordar que Compton Bennett y Andrew Marton ya habían dirigido en el año 1950 una versión de «Las minas del rey Salomón» protagonizada por Stewart Granger y Deborah Kerr. Esa es la buena. La de Richard Chamberlain y Sharon Stone es la mala. Sin embargo, la historia de ambas es más o menos la misma: las aventuras de la pareja protagonista hasta llegar a esas míticas minas, superando las dificultades que se les van apareciendo por el camino, como los malvados de la función, tribus de caníbales o de nativos aficionados a los sacrificios humanos.
Por sorprendente que pueda parecer, «Las minas del Rey Salomón» no fue un fracaso y eso animó a los responsables de Cannon Films a perpetrar una secuela: «Allan Quatermain y la ciudad perdida del oro» (1987), dirigida por Gary Nelson, y de nuevo con Richard Chamberlain como protagonista.
![]()











Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja